APARTADO III Charla nº 35
Incorporación a la Obra
Nuestra
Madre la Obra nos ha llevado desde el principio,
como por un plano inclinado, hacia la plenitud de nuestra dedicación a Dios en el Opus Dei. Este modo de proceder
es una manifestación de prudencia
sobrenatural, de amor a las almas, de profundo
respeto a la libertad de cada uno. Nuestra correspondencia ha de ser generosa, y exquisito nuestro afán por
cumplir las demandas de nuestros
Estatutos, hasta en sus menores detalles.
La
Oblación es ya -aunque temporal- la plena incorporación jurídica a la Obra. Supone el deseo de entregarse de por vida al servicio de la Santa Iglesia en el Opus Dei; la
disposición y la obligación de dejarse formar, de recibir y asimilar la formación prescrita (que no termina nunca).
Incorporarse
a la Obra supone la creación de un vínculo contractual
entre la Prelatura y el interesado, con los respectivos deberes y derechos, mediante una declaración formal
ante dos testigos.
Tanto
en la incorporación temporal, como en la definitiva, la Prelatura del Opus Dei se obliga a proporcionar a sus miembros la debida formación y atención pastoral.
Los
miembros de la Obra se comprometen a cumplir todos los deberes propios de su condición (como Numerario,
Agregado o Supernumerario), dedicándose
fielmente al fin propio de la Prelatura,
y a observar la jurisdicción y legítimas disposiciones del Prelado y demás autoridades competentes.
Lleva
consigo la obligación de vivir todas las virtudes cristianas, de acuerdo con nuestro espíritu. En una
palabra: luchar por ser santos, con
la santidad que exige nuestra vocación: “A mí, para que un hijo mío haga la
Oblación y la Fidelidad, me basta con que luche
decididamente; ninguno de nosotros es perfecto,
porque todos estamos proni ad peccatum" (Del Padre).
"Hijos míos, no os inquieten las miserias pasadas, ni la posibilidad de
miserias futuras, abandonémonos en las manos misericordiosas de Dios; hagámosle presentes esos deseos de santidad y
apostolado (...)" (De nuestro
Padre). "La santificación es obra de toda la vida" (Camino, n. 285).
3.
Los Numerarios y Agregados, si tienen bienes patrimoniales antes de que hagan la Oblación, han de ceder la
administración, uso y usufructo
de esos bienes, a quien prefieran.
4.
Los Numerarios y Agregados, después de la declaración contractual, hacen la ceremonia -sencilla- de la Oblación
en el oratorio de un Centro de
la Obra. Los Supernumerarios hacen la declaración
contractual de la Oblación ordinariamente en su casa,
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o en otro lugar
oportuno si no fuese posible, estando presentes dos testigos, además de quien represente a la Prelatura.
5.
La Oblación incorpora jurídicamente a la Obra hasta el siguiente 19 de marzo (fiesta de San José, salvo los
años en que se la desplaza por motivos litúrgicos), que es cuando se renueva
hasta la misma fecha del año siguiente. Cada uno la renueva privadamente,
en su interior, y lo comunica enseguida al Director. Así hasta que se hace la
Fidelidad (como los Supernumerarios no han
de hacer la Fidelidad necesariamente, conviene adaptar lo que se dice en este
guión y subrayar que la Oblación es la incorporación plena a la Obra).
6. La Oblación se hace
al cabo de un año de haber sido admitidos;
y los Numerarios y Agregados hacen la Fidelidad al cabo de cinco años de haber hecho la Oblación. Es
muy importante que las
incorporaciones se hagan en su día justo; ese día se puede lucrar indulgencia plenaria.
7- Con la Fidelidad se
realiza aquel deseo que se va encendiendo
cada vez más en nuestra alma desde que pedimos la Admisión: la incorporación definitiva -in aeternum-
al Opus Dei. Antes de hacerla, como
preparación necesaria, nos comprometemos, por nuestra honradez de cristianos, a defender la unidad espiritual,
moral y jurídica de la Obra; a evitar y rechazar cualquier murmuración contra los Directores y a ayudarles
con la corrección fraterna; a
esmerarnos aún más en ser fieles a la doctrina de la Iglesia y al espíritu de
la Obra, formándonos una recta conciencia pidiendo consejo cuando sea menester,
y aplicándola con plena libertad y
responsabilidad personales.
8. Antes de la
Fidelidad, los Numerarios y Agregados deben
hacer testamento de sus bienes patrimoniales, presentes y futuros, en los
términos que libremente deseen.
9. También antes de la
Fidelidad, todos los Numerarios y Agregados
deben adquirir un anillo de oro -o de otro material, si hay motivos que
lo aconsejen-, en cuyo interior se graba la fecha.
El sacerdote lo bendice y lo impone durante la sencilla ceremonia de la
Fidelidad que se hace después de la declaración contractual.
El
anillo de Fidelidad se lleva siempre; es
un recuerdo continuo del compromiso de amor que tenemos, y un motivo más de presencia de Dios. Si esta costumbre chocara
notablemente en el ambiente, se
consulta a los Directores sobre la posibilidad de dejarlo de usar. "Yo
-nos ha contado el Padre- perdí el anillo nadando
en el Cantábrico. Como al cabo de pocos meses iba a ser ordenado sacerdote, nuestro Padre me dijo: pues ya no
tendrás otro. Me daba mucha
presencia de Dios, y al tocarlo hacía actos de
fidelidad" (Del Padre). Nuestro Padre decía:
"Me dan mucha devoción...";
y besaba o se ponía durante unos momentos, en algunas tertulias, los anillos de
sus hijos. Si se pierde, no se sustituye
por otro.
Nos acercamos a esos
momentos de la Oblación o de la
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Fidelidad
con la ilusión del que sabe que, en Casa, fidelidad
equivale a felicidad: la mayor felicidad que puede
alcanzarse en este mundo. Y también con
una gran paz y seguridad: porque "nuestra entrega nos
confiere como un título, un derecho, por decirlo así, a las gracias convenientes para ser fieles al camino que
emprendimos un día, porque Dios nos llamó. La fe nos dice que, cualesquiera
que sean las circunstancias por que atravesemos, esas gracias no nos faltarán si no renunciamos voluntariamente a ellas. Pero nosotros debemos cooperar" (De
nuestro Padre).
12.
Por lo demás, todos en Casa renovamos muchas veces nuestra entrega, para servir
con voluntariedad actual. "Renovar no es simplemente
repetir algo que se ha hecho (...): renovar es hacerse otra vez joven, hacerse
nuevo. Os novos, llaman los portugueses a los jóvenes, os novos: ¡qué bonito,
volver a ser nuevos! Tengo ya sesenta y dos
años -además de aquellos ochenta-, pero cuando algo al pie del altar: ad Deum
qui laetificat iuven-tutem meam, me
siento joven, y creo que nunca me haré viejo, porque estaré renovándome continuamente" (De nuestro Padre).
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