APARTADO III Charla nº 32
Mentalidad laical (II)
Nuestra
vocación "es igual a la que surgía en el alma de aquellos pescadores, campesinos, comerciantes o
soldados que sentados cerca de
Jesucristo en Galilea, le oían decir: Sed perfectos como mi Padre celestial es perfecto (Mt 5,48)" (Conversaciones, n. 62; cfr. Camino, n.799).
Somos fieles corrientes, iguales a los demás
y vivimos en medio del mundo, como los primeros cristianos,
ocupados en las tareas normales de los hombres, en el trabajo profesional, en los afanes sociales, en las incidencias de la vida de familia. Somos del mundo. Y
ser del mundo no es para nosotros una finalidad, un objetivo,
sino un presupuesto.
Estar
en el mundo y ser del mundo no quiere decir ser mundanos, (cfr. Camino, n. 939). "La
vocación cristiana no nos saca de nuestro
sitió, pero exige que abandonemos todo lo que estorba al querer de Dios" (Es Cristo que gasa, n. 33)- "El
cristiano ha de encontrarse siempre dispuesto a santificar la sociedad desde
dentro, estando plenamente en el mundo, pero no siendo del mundo, en lo que
tiene -no por característica real, sino por defecto
voluntario, por el pecado- de negación de Dios, dé oposición a su amable voluntad salvífica" (Ibid., n. 125).
3.
Por esto, no acudimos a lugares -determinadas salas de fiestas, playas, etc.- donde es difícil no ofender a
Dios. Eso no es "el mundo" que
debemos santificar, sino más bien los detritus del mundo que engendra el pecado. No se pierde secularidad
al huir de esos lugares; se gana: no se coopera con el mal, se da ejemplo de lo que es un cristiano.
4.
"El que recibe la vocación al Opus Dei adquiere una nueva visión de las cosas que tiene alrededor: luces
nuevas en sus relaciones sociales, en
su profesión, en sus preocupaciones, en sus tristezas y en
sus alegrías. Pero ni por un momento deja de
vivir en medio de todo eso; y no cabe en modo alguno hablar de adaptación
al mundo, o a la sociedad moderna: nadie se adapta a lo que tiene como propio; en lo que se tiene como propio se está" (Conversaciones, n. 62).
El mundo somos nosotros.
"Espero
que llegue un momento en el que la frase los católicos penetran en los ambientes sociales se deje de decir, y que todos se den cuenta de que es una expresión clerical.
En cualquier
caso, no se aplica para nada al apostolado
del Opus Dei. Los socios de la Obra
no tienen necesidad de penetrar en las estructuras temporales, por el simple
hecho de que son ciudadanos corrientes, iguales
a los demás, y por tanto ya estaban allí (Conversaciones,
n. 66).
"En
cuanto al Opus Dei considerado en conjunto, bien puede afirmarse sin ninguna clase de arrogancia, con agradeci-
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miento
a la bondad de Dios, que no tendrá nunca problemas de adaptación al mundo: nunca se encontrará en la necesidad de ponerse al día. Dios
Nuestro Señor ha puesto al día la Obra de una vez para siempre, dándole esas características peculiares, laicales; y no tendrá jamás necesidad de adaptarse al mundo,
porque sus socios son del mundo; no tendrá que ir detrás del progreso humano,
porque son todos los miembros de la Obra, junto con los demás hombres que viven
en el mundo, quienes hacen ese progreso con
su trabajó ordinario" (Conversaciones, n. 72).
7. La
perfección que busca un miembro del Opus Dei es la "propia del cristiano, sin más: aquella a la
que todo cristiano está llamado y
que supone vivir íntegramente las exigencias de la fe. No nos interesa la perfección evangélica, que
se considera propia de los religiosos y de algunas instituciones
asimiladas a los religiosos; y mucho menos
nos interesa la llamada vida de perfección
evangélica, que se refiere canónicamente al estado religioso (...) Se
puede decir que, al venir al Opus Dei, todos y cada uno de sus socios lo han hecho con la condición explícita de no
cambiar de estado. La característica específica nuestra, es santificar el propio estado en el mundo, y
santificarse cada uno de los socios en el lugar de su encuentro con Cristo:
éste es el compromiso que asume cada
socio, para realizar los fines del Opus Dei" (Conversaciones, n. 62).
8. Consecuencia
del carácter secular y de la mentalidad laical de los miembros del Opus Dei es que cada uno vive de lo que obtiene con su trabajo profesional. Ganamos
el pan con el sudor de la
frente. Nos repugnaría vivir de la
Iglesia o de la Obra. Al contrario,
cada uno realiza un trabajo rentable, con el que se mantiene y ayuda a sostener los apostolados de la Obra. "No vivimos de la Iglesia, ni de llamarnos
católicos" (De nuestro Padre).
9- Siendo fieles a ese
espíritu que Dios ha querido para nosotros, es como daremos a Dios toda la
gloria, que es lo que nos mueve: solamente la gloria de Dios (cfr. Camino, n.
780, 782,783,784,788,789).
10.
Hemos de actuar siempre con ejemplaridad, trabajando con perfección técnica y en conformidad siempre con las
leyes morales. Para esto,
necesitamos tener un criterio claro y recto en nuestra
actuación profesional, y formarnos bien la conciencia, particularmente en las cuestiones que surjan frecuentemente en el ejercicio profesional de cada uno. Si no, no nos santificaríamos, ni habría eficacia apostólica, ya que la
profesión es nuestro anzuelo dé
pescadores. Hemos de ir por delante, siendo "guía, jefe, ¡caudillo!..., que obligues, que empujes, que
arrastres, con tu ejemplo y con tu
palabra y con tu ciencia y con tu imperio"
(Camino, n. 19); desempeñando como el mejor -y si puede ser, mejor qué el mejor- nuestros deberes
profesionales, sociales, etc.
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