APARTADO III Charla nº
3
La Obra (I)
1. Dios suscitó la Obra para
recordar a todos la llamada universal a la santidad. "El objetivo único del Opus
Dei ha sido siempre ése: contribuir a que haya en medio del mundo, de las realidades y afanes seculares, hombres y mujeres
de todas las razas y condiciones
sociales, que procuran amar y servir a Dios y a los demás hombres en y a través de su trabajo ordinario" (Conversaciones, n. 10). Un sólo
fin, con dos aspectos esenciales: la santidad
personal y el apostolado. Santificarse santificando; éste es el fin de
nuestra vocación: "La santificación personal y el empeño por lograr que el mayor número posible de almas conozcan y traten a Cristo" (De nuestro Padre).
2. "La actividad
principal del Opus Dei consiste en dar a sus miembros, y a las
personas que lo deseen, los medios espirituales necesarios para
vivir como buenos cristianos en medio del mundo. Les hace conocer la doctrina
de Cristo, las enseñanzas de la Iglesia; les proporciona un espíritu
que mueve a trabajar bien por amor de Dios y en servicio de todos los hombres"
(Conversaciones, n. 27).
3. "El deseo de
contribuir a la solución de los problemas que afectan a la sociedad y a los cuales tanto
puede aportar el ideal cristiano, lleva
además a que la Obra en cuanto tal, corporativamente, desarrolle algunas actividades e iniciativas" (Ibid.).
Como el Opus Dei tiene
fines exclusivamente espirituales, "sólo puede realizar
corporativamente aquellas actividades que constituyen de un
modo claro e inmediato un servicio cristiano, un apostolado.
Sería absurdo pensar que el Opus Dei en cuanto tal se pueda dedicar
a extraer carbón de las minas o a promover cualquier género
de empresas de tipo económico. Sus obras corporativas son
todas actividades directamente apostólicas: una escuela para la
formación de campesinos, un dispensario médico en una zona o en un
país subdesarrollado, un colegio para la promoción social de la
mujer, etc. Es decir, obras asistenciales, educativas o de
beneficencia, como las que suelen realizar en todo el mundo
instituciones de cualquier credo religioso (...). Se
trata de iniciativas en beneficio de la sociedad, abiertas
a todos, sin discriminación alguna de raza, religión o ideología"
(Ibid.).
Las obras corporativas de apostolado las promueven y
dirigen miembros del Opus Dei, con otras personas, cristianas o no.
Sólo son corporativas
aquellas actividades que los Directores Centrales o Regionales
declaran oficialmente que se trata de labores apostólicas de las que
el Opus Dei, como tal,
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como
corporación, asume la responsabilidad de su orientación doctrinal y espiritual.
De ese modo se conoce que tienen la garantía moral de la Obra y
un carácter apostólico absolutamente preponderante.
Sin embargo, no es la Obra
como tal quien crea estas labores (la actividad de la Obra consiste, como se ha
dicho, en la formación de sus miembros), sino que, dentro de las
leyes del país, las promueven y llevan a cabo algunos miembros de la Obra
-asociándose de ordinario a otros ciudadanos-, y con las entidades
promotoras o gestoras que creen, se ocupan de todos los aspectos
económicos, técnicos y administrativos; esas entidades son
las responsables ante la autoridad civil competente.
Por lo tanto, al referirse
a esas labores no es exacto decir que están "dirigidas por la Obra",
sino que, para ajustarse a la realidad, deben emplearse expresiones
como: "labores cuya actividad formativa -doctrinal y espiritual-
está confiada a la Obra", "labores
en las que la Obra dirige la formación espiritual y
doctrinal". Si se trata de personas ajenas, y para que
les resulte más fácil entender, puede hablarse de "labores apostólicas
confiadas a la Obra”.
Las labores corporativas
son siempre medio, nunca fin. Residencias universitarias, Universidades, una Escuela del Hogar, etc.,
no son fin, "del mismo modo que la pala y la azada no
son fin del campesino, sino medios para labrar la tierra" (De nuestro
Padre). Él fin es exclusivamente sobrenatural: de una parte, la santidad
personal; y de otra, acercar muchas almas a Dios, algunas de las cuales puedan
recibir nuestra misma vocación, para el servicio de la Iglesia y el bien de las
almas, en medio del mundo.
4. El Opus Dei no es una
empresa humana, sino una gran empresa sobrenatural, Obra de Dios.
"No la ha imaginado un hombre", repetía nuestro Fundador. Su origen, su fin, y
sus medios son sobrenaturales.
5. "Querría grabar a fuego en vuestras almas estas tres
consideraciones:
La Obra de Dios viene a
cumplir la Voluntad de Dios. Por tanto, tened una profunda convicción de que el
cielo está empeñado en que se realice.
Cuando Dios Nuestro Señor proyecta alguna obra en favor
de los hombres, piensa primero en las personas que ha de utilizar
como instrumentos y les comunica las gracias convenientes.
Esa convicción sobrenatural de la divinidad de la empresa
acabará por daros un entusiasmo y amor tan intenso por la Obra,
que os sentiréis dichosísimos sacrificándoos para que se realice"
(De nuestro Padre).
6. El amor a la Obra, que crece impetuosamente con el
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transcurso del tiempo, al
compás de nuestra fiel correspondencia a la gracia, tiene
profundas razones teológicas:
Es el amor al camino divino que el Señor nos ha trazado
en la tierra con su Sabiduría infinita y Amor inmenso.
Es la manera de comprobar y de encender nuestro amor
apasionado a la Iglesia, que realiza en nosotros su maternal acción
santificadora mediante la Obra, instrumento de Dios dentro de la Iglesia:
nuestra Madre guapa.
Es consecuencia lógica de
la belleza sobrenatural y humana de nuestra familia, "bella
como la luna -podemos decir con palabras de la Escritura
Santa.-, elegida como el sol, imponente como
escuadrones en orden de batalla" (Cant 6,9).
7. Al amar a la Obra, amamos a Dios, su Autor y amamos a
la Iglesia Santa, .Esposa de Jesucristo. Ese
amor se manifiesta necesariamente en obras: en esfuerzo personal por encarnar
plenamente su espíritu; en un incesante proselitismo.
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(B-10)
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