APARTADO III Charla nº 24
Dirección
"Cuando Dios Señor Nuestro, el día 2 de
octubre de 1928, suscitó su Obra, dentro del Cuerpo Santo de
la Iglesia, le dio una finalidad
específica; y con ella, un espíritu peculiar y el modo apostólico de trabajar, que le es propio" (De nuestro Padre) . Para cumplir su
misión divina, la Obra necesita un orden, una jerarquía, "si no, nuestro Opus Dei no podría ser un instrumento para servir a las almas, para servir a la
Iglesia, para ser fiel al Magisterio
del Romano Pontífice" (De nuestro Padre). Ha
querido Dios que los Directores gobiernen en su nombre y que todos seamos igualmente necesarios (cfr. 1 Cor 12,21-26).
La dirección que recibimos
en Casa es necesaria para que recorramos con acierto nuestro
camino, para que cumplamos la misión que Dios nos ha encomendado: hacer el Opus
Dei en la tierra, siendo nosotros mismos Opus Dei. "Los que no son
gobernados -dice la Escritura-, caen como las-hojas, pues en la
abundancia del consejo está la salvación" (Pry
11,14). Nadie puede ordinariamente
guiarse a sí mismo en el camino hacia la santidad; sin una ayuda especial de
Dios, le faltaría objetividad y le sobraría apasionamiento (cfr. Camino, nn. 56, 59, 60, 62, 63).
3- La dirección que nos da
la Obra es un conjunto abundante de cuidados y auxilios
espirituales para ayudarnos a ser santos, y eficaces en el
apostolado. "Todos nosotros, por el hecho de pertenecer al Opus
Dei, tenemos el derecho y el deber de recibir la dirección espiritual que la
Obra nos da, y del modo como nos la da -sin que sea lícito buscarla fuera del
ámbito de nuestra Familia sobrenatural-, para poder adquirir y
mejorar así nuestro espíritu peculiar y darlo a otros con
eficacia" (De nuestro Padre).
4. La santidad a la que
hemos sido convocados, ha de informar toda nuestra vida. "Hemos
de ser santos -os lo diré con una frase castiza de mi tierra- sin
que nos falte un pelo: cristianos de veras, auténticos,
canonizables" (Amigos de Dios, n. 5).
La unidad de vida característica del espíritu del Opus Dei, no
admite resquicios, lagunas de nuestra conducta sin santificar. Por
esto, la dirección personal en Casa no sólo se refiere a la vida íntima de
unión con Dios, sino también a la conducta exterior, que ha de ser
siempre una materialización de la vida espiritual (cfr. Conversaciones, n. 114).
5. No se trata de uniformar
nuestro modo de ser, ni nuestro modo de pensar en tantas cosas
opinables, ni nuestra manera de trabajar -nada más ajeno a nuestro
espíritu-; se trata de "hacer que nosotros mismos seamos Opus
Dei, y que sean Opus Dei todos nuestros trabajos y afanes: obra
de Dios, grata y aceptable para el Señor" (De nuestro Padre).
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6. Hay que colaborar decididamente en esta tarea manifestando el estado del alma y las disposiciones
interiores, y poniendo lo mejor de
nuestras energías para adquirir la forma pulida del espíritu de la Obra. Es
necesario contribuir, con nuestras buenas disposiciones, a nuestra propia
formación; aprovechando al máximo los medios de formación personal y colectiva:
luchando para poner por obra los
consejos de la charla fraterna, de la confesión sacramental, del Círculo
breve o de Estudios, de la corrección
fraterna, etc.
La dirección espiritual
personal, que se
da a los miembros de la Obra, tiene como orientación peculiar "la de simplificar su vida; la de evitar que sean interiormente complicados, retorcidos, enmarañados" (De nuestro Padre).
Se nos orienta para que
nuestras disposiciones y nuestras acciones sean conformes a la fe, a
la moral de Jesucristo, al espíritu de la Obra; y para que realicemos un
apostolado de acuerdo con ese espíritu. Los Directores tienen, por
tanto, especial deber de velar por la pureza de nuestra doctrina, y nosotros el
deber de obedecer en materia tan grave, acogiendo con docilidad,
alegría y gratitud cuantas medidas sean menester para que no nos
descaminemos (por ejemplo, en materia de lecturas, de liturgia,
etc.).
Existe en Casa una
dirección colectiva, para todos o una parte de los miembros,
que sé transmite a través del espíritu y Costumbres de la Obra;
de nuestros Estatutos; Instrucciones y Cartas de nuestro Padre y
del Padre; y de los documentos de gobierno, etc. Esta dirección corresponde,
para toda la Obra, al Padre, y en cada Región al Consiliario, ayudados
respectivamente por la Dirección Espiritual.
Dirección personal es
aquella que se imparte a cada miembro en particular,
mediante advertencias, mandatos y consejos concretos. Corresponde ésta al
Consejo local por lo que respecta a la conducta exterior; y a
los Directores y sacerdotes de la Obra, en lo referente a
las disposiciones interiores.
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