APARTADO III Charla nº 21
Humildad colectiva
"Os he enseñado siempre
que es fundamento de nuestra peculiar espiritualidad la humildad
colectiva. No entiendo porqui,
si Juan y Pedro y Andrés, tomados particularmente, tienen el deber de ser
humildes, todos juntos han de considerarse en cambio con
el derecho a ser soberbios como víboras" (De nuestro Padre). "Nuestro lema es el del Bautista: illum oportet crescere,
me autem minui (Ioh 3,30); conviene que
Cristo crezca, y que yo me haga pequeña* Por eso, nuestra ambición más grande -la
verdadera gloria de la Obra- es vivir sin gloria humana, para que
sólo a Dios vaya la gloria, soli Deo honor et gloria (1 Tim
1,17)". (De nuestro Padre).
Hemos de aprender a pasar
ocultos: con humildad personal que facilite la humildad colectiva. “Porque
estamos expuestos a un peligro muy sutil, a una insidia casi imperceptible del
enemigo, que cuanto mas eficaces
nos ve, tanto más redobla sus esfuerzos para engañarnos.
Ese peligro sutil -corriente, por lo demás, en las almas dedicadas
a trabajar por Dios- es, hijos míos, una especie de soberbia oculta, que nace de saberse instrumentos de cosas maravillosas, divinas; una
callada complacencia en uno mismo, al ver los milagros que se
obran por su apostolado (...) Y tantos obstáculos humanos
superados; tantas incomprensiones vencidas; tantos ambientes conquistados: un
trabajo siempre más amplio y diverso, siempre más eficaz... Todo eso, hijos
míos, puede a veces ser ocasión de una injustificada -pero posible-
satisfacción de nosotros mismos. Debemos estar atentos, para que esto no
suceda; debemos tener una conciencia muy fina, y reaccionar enseguida"
(De nuestro Padre).
"El espectáculo de los
prodigios que obra Dios por nuestras manos debe ser una ocasión
para humillarnos, para alabar a Dios y reconocer que todo viene de El, y que nosotros no hemos hecho más que
estorbar o, a lo más, ser pobres instrumentos en las manos del
Señor.
Debemos pensar que hay
muchas otras almas que han trabajado mejor que cada uno de nosotros, y se han
sacrificado más y han rezado con mayor
perseverancia; pero que el Señor se ha querido servir más de vosotros y
de mí que de esas otras personas, para que
se vea que es El el que actúa, para que se note que
los instrumentos no cuentan o
cuentan muy poco" (De nuestro Padre).
4. Debemos recordar siempre, con profundo agradecimiento al Señor, que "Dios ha escogido a los necios
según el mundo, para confundir a los sabios..." (1 Cor
1,27-28).
5. Trabajar
sin espectáculo, con naturalidad: "Debéis trabajar con naturalidad, sin
espectáculo, sin pretender llamar la
atención, pasando inadvertidos, como pasa inadvertido un buen
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padre
que educa cristianamente a sus hijos, un buen amigo que da un consejo lleno de
sentido cristiano a otro amigo suyo, un industrial
o un negociante que cuida de que sus obreros estén atendidos en lo
espiritual y en lo material. Debéis trabajar. con una
humildad personal tan honda, que os lleve necesariamente a vivir la humildad colectiva, a no querer recibir
cada uno la estimación y el aprecio
que merece la Obra de Dios y la vida santa de sus hermanos" (De nuestro Padre).
Una labor callada, pero
constante: lo nuestro es "trabajar como tres mil,
haciendo el rumor de tres" (De nuestro Padre). Y
esa actitud se hace "defensa de una humildad que Dios quiere
que sea también colectiva -de toda la Obra-, no sólo individual;
es también, al mismo tiempo, instrumento de mayor eficacia
en el apostolado del buen ejemplo, que cada uno personalmente desarrolla
en su propio ambiente familiar, profesional, social" (De
nuestro Padre).
La mayor gloria de la Obra
es no tener gloria humana: "la virtud teologal de la
esperanza nos da un aprecio tan grande del premio que nos ha prometido nuestro
Padre Dios, que no estamos dispuestos a correr el riesgo de perderlo por falta
de humildad colectiva; no queremos que a nosotros se nos
apliquen, por haber
buscado el aplauso de los hombres, aquellas otras palabras de
Jesús: amen, dico vobis, receperunt mercedem suam (Mt 6,16); recibieron
ya su galardón. ¡Triste negocio!
Por eso no queremos que se
nos alabe, ni que se nos pregone: queremos trabajar calladamente,
con humildad, con alegría interna -servite
Domino in laetitia (Ps
99,2)-, con entusiasmo apostólico
que no se desborda en ostentación, en manifestaciones aparatosas» Queremos que haya en todas las profesiones, en todas las tareas humanas, grupos escogidos de hombres y
mujeres que, sin banderas al viento
ni etiquetas llamativas, vivan santamente e influyan en sus compañeros de trabajo y en la sociedad, para el bien
de las almas: ése es el afán exclusivo de la Obra" (De nuestro Padre).
De otra parte, Dios quiere
que la Obra y sus apostolados sean perfectamente conocidos en todo
el mundo, para el bien de todas las almas. Hemos de trabajar de polo a polo,
abrir todos los caminos divinos de la tierra.
Como la Obra asume y
empapa nuestra vida toda, dándonos la mayor alegría que cabe en este
mundo, es natural que hablemos de ella con el cariño y el entusiasmo de los
buenos hijos. Sin
sectarismos ni exclusivismos, sin perder de vista las múltiples y magníficas manifestaciones del Espíritu de
Dios en la Iglesia, con pillería santa, daremos a conocer la hondura y
extensión de la tarea sobrenatural -con
profundas repercusiones en el bien
común temporal de la sociedad- que la Obra realiza en los cinco
continentes, a pesar de nuestras miserias personales y limitaciones.
10. El Opus Dei tiene, en
todos los lugares donde trabajan sus
miembros, una personalidad civil bien determinada, con-
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forme a
la legislación de cada país. Por lo tanto, en todas las naciones
donde se desarrolla, nuestra labor se hace de acuerdo con
las leyes vigentes en ese territorio.
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