APARTADO II. Charla n° 8
I. Desprendimiento
II. Comunión
III. Costumbres.: Saludo a la Santísima Virgen
I.
Desprendimiento
Las cosas de la tierra que
Dios ha creado son buenas; pero son medio, no fin. Si se toman por lo que no
son, esclavizan e impiden alcanzar el amor de Dios. "Ninguno puede
servir a dos señores, pues o tendrá aversión al uno, y amor al otro, o si se sujeta
al primero, mirará con desdén al segundo. No podéis servir a
Dios ya las riquezas" (Mt 6,24).
El Señor nos da ejemplo con su
vida. Siendo rico, por nosotros se hizo pobre (cfr. 2 Cor 8,9). Pasó por entre
los bienes de este mundo con perfecto señorío y libertad plena.
No tuvo dónde reclinar su cabeza (cfr. Mt 8,20). "Para
llegar a Dios, Cristo es el camino; pero Cristo está en la Cruz, y para
subir a la Cruz hay que tener el corazón libre, desasido de las cosas de la
tierra" (Via Crucis, X Estación).
El desprendimiento de cada uno
ha de ser total, y tendrá algunas manifestaciones distintas según las
circunstancias personales dentro de la única vocación. Siempre con
naturalidad, sin exhibiciones, "sin voz para gritar soy
pobre" (De nuestro Padre). El modo de vivir la pobreza es para
nosotros el adecuado al fin de nuestra vocación secular, laical, de
cristianos corrientes. "Al comportarnos con normalidad -como
nuestros iguales y con sentido sobrenatural, no hacemos más que seguir el
ejemplo de Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. Fijaos
en que toda su vida está llena de naturalidad (...) A lo largo
de su vida pública,'tampoco se advierte nada que desentone, por
raro o por excéntrico" (Amigos de Dios, n. 121). Algunas
manifestaciones: no estar apegado a las cosas que se usan; no tener
nada superfluo;-no quejarse cuando falta lo necesario.
Somos gente de la calle que se
ha de santificar en su trabajo profesional y que, con este trabajo, gana
el sustento propio y sostiene los apostolados de la Obra. Por esto,
cada uno ha de atender a su sostenimiento con responsabilidad
personal. No podríamos admitir una situación que nos hiciera gravosos
a la Obra. En Casa no hay "señoritos"; el señorío del trabajo, sí.
Por ejemplo, los estudiantes se informan de las becas, posibles clases
particulares, trabajos en vacaciones, etc., con el fin de sostenerse
y ayudar a las labores apostólicas. Seguros de paro, enfermedad,
etc. Cuidado de las cosas materiales de uso personal y de
nuestros Centros.
5. "El Opus Dei ha necesitado y pienso que
necesitará siempre -hasta el fin de los tiempos- la colaboración generosa de
muchos, para sostener las obras apostólicas: de una parte, porque esas
actividades jamás son rentables; de otra, porque, aunque aumente el número de mis hijos, si hay amor de Dios,
el apostolado se ensancha y las
demandas se multiplican. Por eso, en más de una ocasión, he hecho reír a mis hijos, pues mientras les impulsaba con fortaleza a que respondiesen fielmente a la
gracia de Dios, les animaba a
encararse descaradamente con el Señor, pidiéndole más gracia y el dinero, contante y sonante, que
nos urgía" (Ami-
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gos de Dios, n. 117)»
También para obtener los medios económicos hemos de poner, ante todo, los
medios sobrenaturales: estos asuntos se los encomendamos especialmente a San
Nicolás: Sáncte Nicolae, curam domus age.
6. Para Numerarios y
Agregados: relictis ómnibus. No nos pertenecemos: somos Opus Del
enteramente, cuanto valemos y podemos. Manifestaciones prácticas:
ingresamos en la caja del Centro todo lo que ganamos con
nuestro trabajo personal; la Cuenta de gastos, que entregamos
puntualmente al final de cada mes, o antes del día 5 del siguiente.
Consulta de los gastos extraordinarios.
7. Para Supernumerarios: el
desprendimiento y espíritu de pobreza son personales y no afectan a la propia
familia, aunque procurarán evitar, según las diversas circunstancias, lo
que en su familia pudiese desdecir del espíritu cristiano.
Encuentran una manifestación práctica en el empeño por sacar
adelante también económicamente las labores apostólicas de esta
familia de vínculo sobrenatural que es la Obra.
8. Todas las tareas-
apostólicas son tanto de los Numerarios como de los Agregados y
Supernumerarios, y todos compartimos la responsabilidad de mantenerlas y
desarrollarlas.
9- La aportación mensual de
los Supernumerarios no es una cantidad fija: depende de las circunstancias de
cada uno. No es algo de "lo que sobra". Siempre debe suponer un
cierto y generoso esfuerzo a lo largo del mes. Dios no se deja ganar en
generosidad. En el caso de que ambos cónyuges sean
Supernumerarios, de ordinario convendrá que se pongan de acuerdo para las
aportaciones extraordinarias, de modo que haya paralelismo.
También se manifestará el espíritu de pobreza al invitar a otros para
que cooperen económicamente en las labores de apostolado: se
les presta un gran favor y se logra una estupenda eficacia apostólica.
10. Sobriedad. Templanza. Todo
con medida. Ser ejemplares. Los demás percibirán así el bonus odor
Christi (cfr. Camino, n. 631).
II.
Comunión
1. "El que come mi carne
y bebe mi sangre está en mí y yo en él. Así como (...) yo vivo
por mi Padre, así también el que me come vivirá por mí" (Ioh
6,56-57) - "Es el sentimiento de la madre por su hijo: te comería
a besos, le dice. Te comería: te transformaría en mi propio ser (...).
Jesucristo hace lo que a nosotros nos es imposible: sobrenaturaliza nuestras
vidas, nuestras acciones, nuestros sacrificios. Quedamos endiosados" (De
nuestro Padre).
Preparación de la Comunión:
remota y próxima. Prolongar después la acción de gracias por haberlo
recibido.
Vivir intensamente los minutos
en que permanecen en nosotros las especies sacramentales: actos de fe,
de esperanza, de amor. Adoración, peticiones. Desagravio, acciones de
gracias.
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III.
Costumbres
Saludo a la imagen de la
Santísima Virgen. Saludarla, al menos con la mirada, al entrar y al salir de la
habitación. Nuestro Padre vivió esta Costumbre hasta en el último
instante de una vida en la tierra. Mirar a María es una Costumbre que nos enamora.
La jaculatoria: Sancta Maria,
Spes nostra, Sedes Sapientiae
(Ancilla Domini), ora pro nobis, concluye las Normas y costumbres
que se hagan en familia -dentro o fuera del oratorio-, las
charlas y clases de formación, etc. No, en cambio, las tertulias.
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