APARTADO II Charla n° 17
I. Proselitismo (I)
II. Círculo breve o de Estudios
III. Costumbres. Mortificación corporal
I. Proselitismo (I)
Hacer proselitismo es poner
los medios –sobrenaturales y humanos- para que muchas otras almas respondan
generosamente al Señor cuando les llame a formar parte del Opus Dei.
El proselitismo es un derecho
natural (divino); el mismo que toda persona tiene de comunicar
noblemente a otros su riqueza interior, invitándoles a participar en la
propia vida del espíritu. Un derecho que fluye de la dignidad de la persona
humana y de su naturaleza social.
3- El proselitismo es también
un deber: "Cumplimos un mandato imperativo de Cristo". El deber que
tiene todo cristiano de ir y enseñar a todas las gentes, es mayor para
nosotros. "Los miembros del Opus Dei pueden y deben provocar la crisis de
vocación entre toda clase de personas que parezcan idóneas, puesto que el
fin peculiar de la Obra es promover la búsqueda de la santidad
entre gentes de toda condición social. Por consiguiente, para
que no haya almas que puedan decir que no aspiran a la santidad porque nadie
las llamó -quia nemo nos conduxit-, los miembros del Opus Dei tienen el derecho
y el deber de plantear el problema vocacional -ascende superius- y de provocar
esta crisis entre toda clase de personas, que den esperanzas de una
posible vocación" (De nuestro Padre).
4. De ahí que uno de nosotros
que no sintiera preocupación por el proselitismo, manifestaría carecer
del espíritu del Opus Dei, cuyo fin es, precisamente, difundir en el mundo
la búsqueda de la santidad.: por eso, cada miembro debe ser
como una brasa encendida, que pega fuego dondequiera que esté, o
por lo menos levanta la temperatura espiritual de los que le rodean, llevándoles
a vivir una intensa vida cristiana. "Es la señal cierta
del celo verdadero" (Camino, n. 793).
5. Es Dios quien llama, no
nosotros. Es Dios quien ha puesto las condiciones necesarias para poder
recibir la vocación al Opus Dei. "No caben: los egoístas, ni los
cobardes, ni los indiscretos, ni los pesimistas, ni los tibios, ni
los tontos, ni los vagos, ni los tímidos, ni los frívolos.- Caben: los
enfermos, predilectos de Dios, y todos los que tengan el corazón
grande, aunque hayan sido mayores sus flaquezas" (De
nuestro Padre). Se requiere: virtud, carácter, talento y posición (la
virtud puede suplir lo demás), adecuados a las distintas situaciones
(Numerarios, Agregados y Supernumerarios), dentro de la única vocación. Es muy
importante valorar objetivamente las virtudes humanas: sinceridad, generosidad,
fortaleza, lealtad, laboriosidad, etc., y, como es lógico, la voluntad de
llegar a ser santos.
6. Señales de la vocación:
idoneidad y generosidad. Entender que vale la pena: qui potest capere capiat
(Mt 19, 12). "Estar inquieto, sentirse cobarde, bellaco, eso
ya es una buena señal. Tener miedo, ¡eso ya es una buena señal! No son
señales negativas: son positivas" (De nuestro Padre).
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7. Necesitamos audacia, usar
de la santa coacción y de la santa desvergüenza, para provocar la crisis de
vocación. El Señor tampoco nos ha pedido permiso para meterse en nuestra vida. Pero el compelle intrare que se ha de vivir en el proselitismo
nunca es un empujón material.
Característica capital de nuestro espíritu es el respeto a la libertad
personal de todos. La santa coacción es la abundancia de luz, de doctrina; es
el empujón espiritual de nuestra oración y
del trabajo bien hecho, que es testimonio de la doctrina; es el cúmulo de
sacrificios que se sabe ofrecer; es la
sonrisa que viene a la boca porque somos hijos de Dios.
8. El discernimiento de la
llamada personal, dentro de la única vocación -como Numerario, Agregado o Supernumerario- se ha de hacer en la oración; pidiendo luces, partiendo
de una voluntad decidida de cumplir
fielmente la Voluntad amabilísima de Dios, que nos llega ordinariamente a través de los Directores.
9. Todos hemos de tener la
preocupación de fomentar vocaciones de Numerarios. De que sean abundantes, depende la extensión de todos los apostolados de la Obra y la
formación de los demás miembros. "Todos mis hijos Supernumerarios
han de secundar eficazmente -cada uno en la
medida que puede- las obras de formación de la juventud. De manera especial
sabrán fomentar la multiplicación de las vocaciones de Numerarios, y con
este fin, -sirviéndose oportunamente de
nuestros chicos y de nuestras chicas de San Rafael- procurarán formar almas
apostólicas aun entre los niños,
metiéndoles poco a poco en alguna labor de apostolado propia de su edad" (De nuestro Padre).
II. Círculo breve o de Estudios
Es un medio de formación colectiva habitual,
cuyo objeto es conservar y mejorar el espíritu de la Obra en cada uno.
El Círculo breve, para los
Numerarios y Agregados, se celebra semanalmente, en día fijo; el Círculo de
Estudios, para los Supernumerarios, tres veces al mes, también en día fijo (la cuarta
semana se asiste al retiro mensual).
3. Es preciso poner todos los
medios -alguna vez puede ser necesario un esfuerzo considerable- para
asistir siempre a este medio tan importante de formación.
4. Importancia del examen; la
emendatio: acusación de faltas, no de pecados. No debe hablarse después de
los defectos que los demás hayan manifestado. También se prohíbe
cualquier comentario
crítico sobre lo tratado en el Círculo.
III. Costumbres. Mortificación corporal
Aspecto positivo: es la oración del cuerpo. Necesidad de la penitencia,
de la reparación por los pecados personales y los de todo el mundo, de avalorar nuestras
peticiones al Señor.
La mortificación corporal tiene
manifestaciones distintas según se trate de Numerarios, Agregados o
Supernumerarios.
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Los Numerarios y Agregados
usan al menos dos horas diarias el cilicio; las disciplinas una vez a la
semana, por el tiempo que dure una oración vocal (por ejemplo, el Padre
nuestro, el Credo, el salmo Miserere, o cualquier otra según la devoción de
cada uno); y un día a la semana duermen en el suelo (o sin almohada).
Si el día habitual coincide con uno de fiesta litúrgica o de
Casa, se traslada a otro. Los Agregados han de concretar con sus Directores las
mortificaciones corporales que deben hacer -y el modo de cumplirlas en su
caso particular-, porque a veces no será prudente que las
cumplan todas, y entonces convendrá que el Director las conmute por
otras.
El plan de vida de los Supernumerarios no incluye esas mortificaciones. En su lugar, y de acuerdo
con el que recibe su Charla, deben practicar también alguna
mortificación corporal fija y discreta:
rezar de rodillas unos misterios del Rosario; no apoyarse algún rato en el respaldo de la silla; mortificación en la comida y en la bebida, etc.
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