APARTADO II Charla
n° 16
I. Apostolado
II. Costumbres
III. Salud
I. Apostolado
1. El trato apostólico con los
demás hemos de basarlo en la amistad y en la
confidencia. Este apostolado de amistad y confidencia es facilitado por el
prestigio profesional y el ejemplo.
Seguimos el ejemplo del Señor:
vos autem dixi amicos. La amistad con las personas que nos rodean ha de ser
sincera, leal, profunda. No puede reducirse a simple instrumento. Hacemos con
la amistad lo mismo que con todas las cosas humanas: la elevamos
al orden sobrenatural, sin destruir -al contrario- su naturaleza
y su valor; la enriquecemos con destellos divinos y la convertimos en
conductora del amor a Dios.
Es claro que el prestigio
profesional –lealmente conseguido con un trabajo serio y constante- se requiere tanto para ser santos como para atraer a otros a la
santidad, especialmente a los mejores.
El ejemplo arrastra; en muchos
aspectos es más elocuente que las palabras.
2. El ambiente de nuestros Centros -elemento importantísimo de formado- ha de reflejar fielmente el
espíritu de la Obra: la piedad recia; el afán de ganar almas para Dios;
el amor al trabajo, que lleva al
aprovechamiento intenso del tiempo. Todo esto en un clima amable, familiar,
fraterno, que induce a la comprensión, a la disculpa, a la convivencia alegre,
a la delicadeza en el trato, a la
corrección, sencillez y elegancia. Ha de palparse el tono humano y sobrenatural de la Obra de Dios. Un atractivo de los Centros de San Rafael: la sala de
estudio.
3. De cien almas nos interesan las cien. Somos para
la muchedumbre. "No nos reservamos nada.
Pero Dios ha querido para la Obra un
espíritu exigente, que pueda ser levadura para toda la masa. Es preciso por eso hacer una selección de
almas que puedan servir a Dios con el tono -sobrenatural y humano- que nuestra
vocación demanda: selección llena de visión sobrenatural, de amor a la Santa Iglesia, a la Obra y a todas las almas. Porque
queremos llegar a muchos, hemos de
cuidar primero la calidad; después, habrá
número. Atreverse con los mejores.
4. Parte importante e
indispensable de nuestra labor apostólica es llevar a los amigos, a los compañeros, etc., a los sacerdotes de la Obra. "En el apostolado, al
conducir a las almas por los caminos de la vida cristiana, se llega al
muro sacramental. La función santificadora
del laico tiene necesidad de la función
santificadora del sacerdote, que administra el sacramento de la
Penitencia, celebra la Eucaristía y proclama la Palabra de Dios en nombre de la Iglesia"
(Conversaciones, n. 69). "Nuestro Padre decía a menudo que la
misión de los seglares en la Obra es análoga a la que realizan los pescadores,
cuando empujan los peces hacia la costa para que sea más fácil capturarlos.
Vosotros debéis llevar las almas al
sacerdote, que está en la orilla para
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administrar los
sacramentos" (Del Padre). Matar de trabajo a los sacerdotes.
5- La labor de San Rafael es
el apostolado que hacen los miembros de la Obra con la juventud. Es como el
semillero de la Obra; la "niña de nuestros ojos", que nunca
puede faltar. Los chicos de San Rafael no adquieren ningún vínculo
"jurídico, pero "de hecho, forman parte de esta familia sobrenatural,
que es el Opus Dei: voluntariamente quieren recibir su calor, adquirir al menos
su espíritu básico propio y colaborar en la tarea espiritual
con los socios que integran la Obra" (De nuestro Padre). La labor
de San Rafael tiene una estructura elástica, pero definida, con
unos medios tradicionales -esenciales- permanentes, que siempre se
pondrán por mucho que cambien las circunstancias de lugar y
tiempo: Dios los ha querido, de una vez por todas. Círculos, Catequesis,
Visitas a los pobres de la Virgen, retiros, cursos de retiro,
meditaciones.
"El Señor, por la labor
de San Gabriel, llama con llamada vocacional a multitud de hombres y de
mujeres, para que sirvan a la Iglesia y a las almas en todos los
rincones del mundo" (De nuestro Padre). "Lo mismo que entre los primeros
seguidores de Cristo, en nuestros Supernumerarios está presente
toda la sociedad actual". Gentes que proceden "de todas
las profesiones y oficios,
de todas las condiciones sociales, de las situaciones más diversas, que se dan o pueden darse en ese entretejido de mutuos
servicios que es la sociedad humana: porque todo ese conjunto de interrelaciones vivas ha de ser penetrado
por el fermento de Cristo" (De
nuestro Padre). Todos con plenitud de vocación. "No deberá haber ningún pueblo donde no irradie nuestro espíritu algún Supernumerario" (De nuestro Padre).
Además de los retiros y Cursos
de retiro, uno de los medios que amplían y hacen más eficaz la labor
apostólica de los Supernumerarios son las tertulias -para las
Supernumerarias, también los Roperos-, donde se tratan con criterio cristiano
las más diversas cuestiones de actualidad.
Base de la labor de San
Gabriel es la labor de Cooperadores, de vital importancia. Los Cooperadores
son aquellas personas -católicas o no, sacerdotes o laicos- que, sin una
vocación especial, ayudan con su oración, con su limosna o con su
trabajo a los apostolados de la Obra. Los Cooperadores pueden ser
activos o sencillamente Cooperadores, según ayuden o no con su
trabajo a nuestros apostolados. Cuando no son católicos -o están
alejados de la Iglesia- se les llama Cooperadores no católicos. No
hay límite en el número de Cooperadores que puede tener un
Centro de San Gabriel. "Aumentad su número sin miedo -decía
nuestro Padre-: cuantos más, mejor".
II.
Costumbres
1. Saludar al Ángel Custodio
del Centro al entrar y al salir, (cfr. Camino, n. 563-570).
2. Invocar a los Patronos de
las diversas labores apostólicas al iniciar un trabajo de los que caen bajo
su patrocinio. Ellos "amplifican" nuestras peticiones ante el
Señor.
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III. Salud
El cuerpo es como un
borriquillo que conviene que esté sano, para poder trabajar mucho
y bien en servicio de Dios y de todas las almas. Debe hacerse,
al menos, una revisión médica anual.
Con el fin de trabajar mucho y
bien, debemos descansar lo justo, lo que tenemos indicado: el paseo
semanal y la excursión mensual. Dedicar al sueño ni más de ocho horas, ni
menos de siete y media. Cualquier extraordinario en esta materia
debe consultarse. Nuestro Padre nos enseñó que, para nosotros, el descanso es
un deber.
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