APARTADO II Charla nº 12
I. Formación espiritual. Dirección
II. Lectura del Santo Evangelio y de
algún libro espiritual
III. Santos Intercesores
I.
Formación espiritual. Dirección
1. La Dirección espiritual es uno de los medios para alcanzar la plenitud de vida cristiana según la
vocación específica. "El
espíritu propio es mal consejero, mal piloto, para dirigir el alma en las borrascas y tempestades, entre
los escollos de la vida interior.
Por eso es Voluntad de Dios
que la dirección de la nave la lleve un Maestro, para que, con su luz y
conocimiento, nos conduzca a puerto seguro" (Camino, n, 59; cfr. 56,
62, 63).
2. Es lo que hizo el Señor: "Reunió en torno suyo un pequeño grupo de hombres rudos y, con paciencia
infinita, los fue formando. Les fue
revelando poco a poco -con pedagogía divina los más altos misterios, al mismo tiempo que con ternura maternal y la
energía de quien tiene autoridad, según hacía falta, iba puliendo sus espíritus
toscos y poco sensibilizados para las realidades celestiales" (De nuestro
Padre).
3. Se trata de que, quien
recibe la misión de dirigir, muestre a cada uno, con la doctrina, el camino
concreto, personal, que ha de andar para ser santo de acuerdo con la
propia vocación y los talentos recibidos; ayudar a recorrerlo con el consejo
oportuno; señalar los peligros; enseñar a sortear los obstáculos;
descubrir los posibles engaños -tan fáciles e insidiosos- del
demonio y del amor propio; moderar posibles euforias y alentar en
los momentos difíciles de la lucha ascética. Así, poco a poco, nos
identificaremos con el espíritu de la Obra: nos iremos haciendo
Opus Dei.
Aun cuando se posea una sólida
formación teológica y humana, se requiere una mirada ajena -fraterna,
paterna-, llena de cariño, para conocer con objetividad el estado de
nuestra alma; nuestros
límites y posibilidades de cada momento; las metas parciales
que hemos de fijarnos para corresponder fielmente a la acción
del Espíritu Santo. Necesitamos también, como buenos milites Christi, las
amables órdenes de nuestros Directores para conquistar con audacia el objetivo:
la identificación con el espíritu de la Obra y la eficacia apostólica. No en vano
dijo un militar famoso que "las guerras las ganan los soldados
cansados", con el aliento de sus jefes.
La dirección espiritual
personal compete, en la Obra, a los Directores y a los sacerdotes de Casa, los
cuales no realizan una labor propia, sino que transmiten el espíritu del
Opus Dei. En rigor puede decirse que es la Obra quien nos dirige.
La dirección espiritual
personal se imparte sólo in actu; en la charla fraterna y en la confesión con
un sacerdote de la Obra.
7- También se nos imparte una
dirección espiritual colectiva en los Círculos breves o en los Círculos de
Estudio.
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8. El ambiente de familia
informa todas las actividades de la Obra. Es lógico que la dirección espiritual
se realice en un clima de sencillez y confianza plenas.
9. Precisamente -la dirección
espiritual es un medio maravilloso para simplificar nuestra vida interior, y
obrar como hijos de Dios, para mantener siempre el sentido de la
filiación divina. La visión sobrenatural nos llevará a la docilidad.
"Niño bobo: el día que ocultes algo de tu alma a tu Director,
has dejado de ser
niño, porque habrás perdido la sencillez" (Camino, n. 862).
II. Lectura del Santo Evangelio y de
algún libro espiritual
1. Es una Norma diaria, de un
cuarto de hora de duración: "No dejes tu lección espiritual. -La lectura
ha hecho muchos santos" (Camino, n. 116). Es "el depósito
de combustible" (Camino 116). Una parte del tiempo se dedica a la lectura
meditada del Nuevo
Testamento, con una versión explícitamente aprobada; el resto, a la lectura del libro espiritual que nos hayan indicado.
2. Para amar cada vez más a Jesucristo e imitarle
mejor, hemos de conocer su Vida. Ir con ese afán a la lectura del Santo Evangelio, tratando de ser un personaje más. Pedir
ayuda al Espíritu Santo -autor principal de la Sagrada Escritura- para
comprender lo que quiere decirnos ese día
con las palabras que nos toca leer.
3. Hacer la lectura del libro
espiritual no sólo con afán de informarse, sino también de vivir la doctrina
aprendida: que sea una lectura atenta, sin prisas; conveniencia de
hacerla a hora fija, y, si es posible, en el oratorio.
III. Santos Intercesores
Continuando una tradición
interrumpida de la Iglesia, en la Obra recurrimos a la intercesión de los
Santos, para alcanzar de Dios las gracias necesarias para cumplir con
eficacia nuestra labor de almas.
Especialmente, encomendamos a
San Pío X, las relaciones de
la Obra con la Santa Sede; a San Juan Bautista María Vianney
-el Santo Cura de Ars-, las relaciones con los Rvmos. Ordinarios de
los lugares; a Santo Tomás Moro, las relaciones con las autoridades
civiles de los distintos países; a San Nicolás de Bari,
cuanto se refiere a los medios económicos necesarios para realizar
las tareas apostólicas. En todos nuestros Centros hay una
imagen de San Nicolás, con la jaculatoria: "Sancte Nicolae, curam
domus age". A Santa Catalina de Siena, le encomendamos el apostolado
de la opinión pública.
3- En la Obra amamos todas las devociones que
recomienda la Iglesia. Personalmente podemos vivir cualquiera que nos ayude en la vida interior. Un criterio de prudencia
sobrenatural es que sean pocas y constantes (cfr. Camino, n. 552; ver
553, 556, 557, 571 y 572).
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