APARTADO II Charla nº 10
I. Formación humana: su importancia en el espíritu de la
Obra
II. Visitas al Santísimo
Sacramento. Saludar al Señor en el Sagrario
III. Tertulias
I.
Formación humana: su importancia en el espíritu de la Obra
"El Verbo se hizo carne y habitó en medio de
nosotros" (Ioh
1,14). Dios asume sin reservas todo lo humano.
Por lo tanto, el cristiano, seguidor
y discípulo de Cristo, ha de ser "hombre entero y pleno" (Amigos de
Dios, n. 74; cfr. Ibid., n. 75).
Las virtudes sobrenaturales se asientan sobre el
fundamento de las humanas. Por ejemplo, la virtud infusa de la fortaleza requiere, como base, la fortaleza humana.
Es preciso "edificar una vida interior real y auténtica sobre los
cimientos profundos de las virtudes humanas" (Amigos de Dios, n.
83). "Cuando un alma se esfuerza por
cultivar las virtudes humanas, su corazón está ya muy cerca de Cristo (...) Si el cristiano lucha por adquirir
estas virtudes, su alma se dispone a recibir eficazmente la gracia del Espíritu Santo: - y las buenas
cualidades humanas se refuerzan por
las mociones que el Paráclito pone en su alma" (Amigos de Dios, n. 91-92).
Se comprende así que nuestro
Padre nos diga que "es parte muy principal del espíritu del Opus Dei fomentar en la vida, en el carácter de mis hijos, las virtudes
humanas: nuestra Madre la Obra nos
quiere amigos de la libertad y de la responsabilidad personal, sinceros, leales, generosos, abnegados, optimistas, tenaces, decididos, con rectitud de
intención y capacidad de trabajo" (De nuestro Padre).
Algunas virtudes humanas:
a) La sencillez, que es "la
sal de la perfección" (cfr. Camino, n. 305). La formación que nos da la
Obra tiende a simplificar la vida interior, a reducir el "hombre
viejo" que con nosotros nace -complicado y lleno de dobleces-, para ser
cada día más jóvenes, más sencillos, como niños delante de Dios. En consecuencia,
nuestro espíritu nos lleva a la franqueza en el trato (con
nuestros hermanos, con nuestros Directores, con los demás), a la
naturalidad, a la lealtad.
b) La sinceridad, con nosotros
mismos, con Dios, con los Directores, con todos. Hemos de ser personas de
una pieza, "sin doblez ni engaño". Es una virtud humana fundamental
en el espíritu de la Obra.
c) La naturalidad. Ser
coherentes con nuestra condición de personas corrientes, que desean llevar una
vida cristiana hasta las últimas consecuencias, con una entrega total a
Dios (cfr. Camino, n. 641; ver ibid., nn. 379-380).
d) Laboriosidad. "El que
es laborioso aprovecha el tiempo, que no sólo es oro. ¡es gloria de Dios! Hace lo que debe y está en lo que hace, no por rutina, ni por
ocupar las horas, sino como fruto de una reflexión atenta y ponderada.
Por eso es diligente" (Amigos de Dios, n. 81). Acabar las cosas con perfección humana. Trabajar como el que más.
- 25 -
e) Orden. "¿Virtud sin
orden? - ¡Rara virtud!" (Camino, n. 79). "Cuando tengas
orden se multiplicará tu tiempo, y, por tanto, podrás dar más
gloria a Dios, trabajando más en su servicio" (Camino, n. 80).
Orden interior (en los pensamientos, en los afectos: Dios-los
demás-yo); orden exterior (en el horario, en las cosas materiales,
etc.
f) Optimismo. Visión positiva.
Es ver siempre -sin cerrar los ojos a la realidad- el mejor lado de las
cosas. Nunca deja
de cumplirse el omnia in bonum, para los que aman a Dios.
g) Reciedumbre. "Es fuerte
el que persevera en el cumplimiento de lo que entiende que debe hacer,
según su conciencia; el que no mide el valor de una tarea exclusivamente por
los beneficios que recibe, sino por el servicio que presta a los
demás. El fuerte, a veces, sufre, pero resiste; llora quizá,
pero se bebe sus lágrimas. Cuando la contradicción arrecia, no se
dobla (...) Fuertes y pacientes: serenos" (Amigos de Dios,
n. 77 y 79).
h)
Valentía. No tener nunca miedo a nada ni a nadie: somos hijos de un Padre omnipotente. Sin miedo a la vida, sin miedo a la muerte.
i) Alegría. Es una Norma de siempre, parte
integrante de nuestro camino. Es una
consecuencia de la entrega de los hijos de Dios. Tiene sus raíces en forma de cruz. El buen humor de nuestro Padre: nos lo ha dejado en herencia. Si
se pierde la alegría, acudir a la
oración y a la charla fraterna. Hemos de ser sembradores de paz y de alegría.
j) Audacia. La Academia DÍA
-Dios y audacia- fue el nombre de la primera obra corporativa. Siempre hemos "de contar, por fortuna, con otro sumando: Dios + 2 +
2..." (Camino, n. 471).
k) Lealtad. "Lealtad
humana, hijos míos; que es la base de la fidelidad. De una fidelidad que es
felicidad" (De nuestro Padre). Lealtad
con Dios, con la Iglesia, con la Obra, con todos.
II. Visitas al Santísimo Sacramento. Saludar al Señor en el Sagrario
Todos hacemos, cada día, al
menos una visita al Santísimo Sacramento, rezando ante el Sagrario una estación menor y la fórmula de la comunión espiritual. Le agradecemos
así su presencia en los Tabernáculos y su entrega en la Comunión.
Hay que tratar al Señor en la
Eucaristía y en la oración, en el Pan y en la Palabra, con amor y
confianza. Nuestro Padre llamaba Betania a nuestros Sagrarios (cfr.
Camino, nn. 554 y 537).
El Sagrario es el centro de
nuestros Centros. "El Sagrario
ha de ser un imán. Hemos de sentir la necesidad de acudir allí,
muchas veces al día, aunque sea un instante: ¡te quiero mucho,
Señor, ayúdame!" (De nuestro Padre). Saludarle siempre al entrar
o salir de la casa, e ir allí muchas veces, por lo menos
- 26 -
con el corazón.
4- "Cuando el centro de
los pensamientos y esperanzas de una casa es el Sagrario, ¡qué abundantes los
frutos de santidad y apostolado!" (De nuestro Padre).
III.
Tertulias
"Los Hechos de los
Apóstoles nos dicen que, después de la Resurrección, el Señor
reunía a sus discípulos y se entretenían in multis argumentis (Act, 1,3)-
Hablaban de muchas cosas, de todo lo que le preguntaban' tenían una
tertulia" (De nuestro Padre). Imitando a Jesucristo, nuestro Padre ha
querido que en la Obra exista la tertulia, que es un medio de formación,
una muestra de verdadero cariño de familia y una palestra donde se ejercitan
las virtudes humanas y cristianas, especialmente la caridad
fraterna.
Es la alegre reunión de todos
para contar los sucesos del día o para escuchar algo de la maravillosa
historia de la familia; anécdotas del trabajo profesional o de la labor
apostólica, comentarios sobre temas culturales o de actualidad,
etcétera. Todo puede llevarse a Dios. Siempre con tono positivo, evitando en
absoluto las discusiones y polémicas; hablando "con sencillez, sin
rebuscamiento, con un poco de sentido sobrenatural, y sabiendo
contar también cosas divertidas" (De nuestro Padre).
3- Asistir con la frecuencia
debida, según se viva o no en la sede de un Centro de la Obra.
"Para mí -decía nuestro Padre-, participar en la tertulia es también una manera de hacer oración". Lugar de
descanso para reponer las energías
gastadas en servicio de Dios. Remanso
de paz.
"En Casa hay una
tradición en estos veintiocho años -escribía nuestro Fundador en
1956-, que no se ha roto jamás: que por alegrar la vida a nuestros
hermanos se canta, se baila y se hace lo que sea. Nunca se ha
dicho que no se sabe o que no se puede".
Volver
al índice del Apartado II del Programa de Formación Inicial (B-10)
Ir al
índice de TODO el Programa de Formación Inicial (B-10)
Ir a Documentos y escritos internos del Opus
Dei
Ir a la página principal de la web
‘clásica’