APARTADO II Charla nº 1.
I. El Opus Dei
II. Naturalidad
III. Espíritu sobrenatural de la Obra
I. El Opus Dei
1. El Opus Dei (Obra de Dios) es un "camino de santificación en el trabajo profesional y en el
cumplimiento de los deberes ordinarios del cristiano" (oración para la
devoción privada a nuestro Padre).
Nuestro Fundador abrió este camino, el 2-X-1928, por inspiración divina, como ha reconocido expresamente la Iglesia (cfr.
Juan Pablo II, Const. Ap. Ut
sit, 28-XI-82, § 1).
El Opus Dei es una Prelatura
personal, con Estatutos propios y de ámbito universal, constituida por
sacerdotes y seglares que -por peculiar vocación divina y bajo el
régimen de su Prelado- se comprometen a vivir las virtudes cristianas
y a hacer apostolado, cada uno dentro de su propio estado, mediante
la santificación de su trabajo profesional ordinario, de acuerdo con el espíritu
de la Obra. Además, la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz es una Asociación
propia, intrínseca e inseparable de la Prelatura, constituida por los
sacerdotes que pertenecen a la Prelatura Opus Dei, y por otros sacerdotes o
diáconos que pertenecen a diferentes diócesis, y que han recibido la
llamada de Dios para santificarse en el ejercicio de su ministerio
sacerdotal según el espíritu del Opus Dei.
2.. Los miembros de la Obra "son personas que viven en el mundo, en el que ejercen su profesión u oficio. Al
acudir al Opus Dei no lo hacen para
abandonar ese trabajo, sino al contrario, buscando una ayuda espiritual con el fin de santificar su trabajo ordinario, convirtiéndolo también en medio para
santificarse o para ayudar a los
demás a santificarse. No cambian de estado -siguen siendo solteros, casados, viudos o sacerdotes-, sino que procuran
servir a Dios y a los demás hombres dentro de su propio estado" (Conversaciones, n. 24).
"Si se quiere buscar
alguna comparación, la manera más fácil de entender el Opus Dei
es pensar en la vida de los primeros cristianos. Ellos vivían a
fondo su vocación cristiana; buscaban seriamente la perfección a que estaban
llamados por el hecho, sencillo y sublime, del Bautismo. No se distinguían
exteriormente de los demás ciudadanos" (Ibidem).
Los miembros del Opus Dei
"son personas comunes; desarrollan un trabajo corriente;
viven en medio del mundo como lo que son: ciudadanos cristianos que quieren
responder cumplidamente a las exigencias de su fe" (Ibidem). El trabajo
de los miembros de la Obra es, pues, trabajo esforzado de cristianos adultos,
que procuran comportarse como niños delante de Dios, ya que "el
fundamento de la vida espiritual de los miembros del Opus Dei es el sentido
de su filiación divina" (De nuestro Padre).
3. Los fines del Opus Dei son
exclusivamente espirituales y apostólicos: la santificación de sus miembros,
y promover, entre personas de toda condición social, una efectiva vida
cristiana, procurando que santifiquen su trabajo profesional.
Para alcanzar este fin sobrenatural, los medios son también
espirituales:
a) Vivir vida interior de
oración y de sacrificio, conforme al espíritu y a las
Normas y Costumbres de la Obra;
-2 -
Una profunda y continua
formación ascética y doctrinal religiosa, y un constante esfuerzo por
adquirir y perfeccionar la necesaria formación profesional y la propia
cultura;
La imitación de la vida oculta
de Nuestro Señor en Nazaret, mediante la santificación de los deberes
del propio estado y del trabajo profesional ordinario, realizado en constante unión
con Dios;
Desempeñar con la máxima
rectitud las propias actividades temporales da cada uno, y las otras tareas
apostólicas que los Directores les encomiendan.
4. Todos los cristianos, por estar bautizados, somos hijos de Dios y estamos llamados a la santidad, que es la unión con Dios
en la gloria, para siempre: la
plenitud de la filiación divina.
Esta unión comienza en la
tierra, pues ya ahora somos realmente hijos de Dios, y debe crecer
constantemente por medio de la gracia, que nos lleva a amar a Dios sobre
todas las cosas y a los demás por Dios: en una palabra, a identificarnos
cada vez más con Cristo.
Además, al darnos la vocación
al Opus Dei, Dios nos ofrece unos medios específicos para que seamos santos
y fermento de santidad, según el espíritu de la Obra, contando con
nuestros defectos. La santidad no consiste en no tener defectos, sino en luchar contra ellos. Pero ha
de ser una lucha decidida: la entrega que se
nos pide en la Obra es una entrega total, sin condiciones, dejando todas
las cosas -relictis ómnibus, como los Apóstoles-, para servir a Dios con todas nuestras fuerzas, y para acercarle otras
muchas almas; es una llamada a la santidad heroica -con un heroísmo que pasa inadvertido- y al apostolado en
medio del mundo.
II.
Naturalidad
1. Los miembros de la Obra han de vivir de modo especial la naturalidad, porque son cristianos corrientes,
comunes, almas que buscan a Dios en
medio del mundo: hacer cosas que en otros cristianos son raras, sería raro también en nosotros.
"No implica, pues, nuestra vocación ningún
cambio en la condición personal de quienes
se incorporan a la Obra. Somos -cada una, cada uno- lo que éramos antes:
mujeres corrientes, hombres de la calle -solteros, casados, viudos-,
intelectuales, empleados, obreros,
campesinos, etc., que adquieren el compromiso maravilloso de hacer divinos los
caminos de la tierra, esos caminos que
recorremos con nuestros iguales, los otros ciudadanos" (Del Padre).
2. Por la naturaleza de
nuestra vocación -un compromiso íntimo con
el Señor, que no nos saca de nuestro sitio en el mundo y que, por tanto, no tiene manifestaciones
externas- no sería propio de nuestro
espíritu ir pregonando la pertenencia a la Obra: no por secreto, sino por naturalidad.
-3 -
El Opus Dei no ha necesitado
nunca de secretos o secretos, no los necesita ni los necesitará. Son bien
conocidos en cada país o en cada ciudad los nombres de los Directores de la Obra,
las obras corporativas, etc., y cada uno en su propio ambiente
-sus amigos, su familia-, con las personas a las que resulta
natural darles a conocer las cosas personales, íntimas, no tiene inconveniente
en manifestar -cuando es oportuno- su pertenencia a la Obra.
III.
Espíritu sobrenatural de la Obra
1. El espíritu de la Obra es enteramente sobrenatural, porque responde a un explícito querer de Dios, que
lo inspiró a nuestro Padre el 2 de
octubre de 1928, y porque son sobrenaturales los fines y los medios que utiliza.
"¿Cómo se fundó? Sin
ningún medio humano. Sólo tenía yo veintiséis años, gracia de Dios y buen
humor. La Obra nació pequeña: no era más que el afán de un joven
sacerdote, que se esforzaba en hacer lo que Dios le pedía"
(Conversaciones, n. 32).
2.. Nuestro Padre ha sido el instrumento fidelísimo de Dios para realizar el Opus Dei. Con su entrega
heroica, ha encarnado el espíritu de
la Obra y nos lo ha transmitido esculpido. Hemos de conocer muy bien su vida y sus escritos, para imitarle, que es el camino para imitar a Cristo según la
vocación que hemos recibido.
3. El agradecimiento a Dios y
a nuestro Fundador por la vocación, se debe traducir en el afán por ser
fieles al espíritu de la Obra, viviéndolo hasta las últimas consecuencias. Cada
uno de nosotros cuenta con la protección especial y la ayuda de Santa María,
Madre de Cristo y Madre nuestra, y con la intercesión de nuestro Padre,
"para hacer el Opus Dei en la tierra, siendo tú mismo
Opus Dei" (De nuestro Padre).
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