APARTADO
I Charla nº 4
Santa
Misa
La Santa
Misa "es el sacrificio de Cristo, ofrecido al Padre
con la cooperación del Espíritu Santo: oblación de valor infinito, que eterniza
en nosotros la redención, que no podían alcanzar
los sacrificios de la Antigua Ley. La Santa Misa nos sitúa de ese modo ante los misterios primordiales
de la fe, porque es la donación
misma de la Trinidad a la Iglesia. Así se entiende que la Misa sea el centro y la raíz de la vida
espiritual del cristiano" (Es Cristo que pasa, nn. 86-87).
La Santa
Misa renueva el mismo Sacrificio de la Cruz: aquella
adoración, acción de gracias, satisfacción por los pecados de
todos los hombres, e impetración de valor infinito, que realizó Nuestro Señor
Jesucristo en el Calvario; que permanece eternamente
en el Cielo y se hace presente en el hic et nunc de nuestros altares, para que hagamos nuestro ese
Sacrificio divino, incorporándole el nuestro, que cobra, así, un valor
inconmensurable ("Nuestra" Misa, Jesús...) (Camino, n. 533).
"Vivir
la Santa Misa es (...) convencernos de que, para
cada uno de nosotros, es éste un encuentro personal con Dios: adoramos, alabamos, pedimos, damos gracias, reparamos por
nuestros pecados, nos purificamos, nos sentimos una
sola cosa en Cristo con todos los
cristianos" (Es Cristo que pasa, n. 88).
"La
Misa es centro y raíz de la vida cristiana. En toda
Misa está siempre el Cristo Total, Cabeza y Cuerpo. Per Ipsum et curo Ipso et in Ipso. Porque Cristo es el Camino, el
Mediador: en El lo encontramos todo; fuera de El, nuestra vida queda vacía" (ibid., n. 102).
"Ante
todo, hemos de amar la Santa Misa que debe ser el
centro de nuestro día" (ibid, n. 154). De otro
modo, el día y nosotros mismos estaríamos
descentrados. "Nosotros hemos de vivir especialmente
aquello de que la misa es el centro de la vida interior, de tal manera que
sepamos estar con Cristo, haciéndole compañía
a lo largo de la jornada, bien unidos a su sacrificio: todo nuestro trabajo tiene ese sentido. Y esto
nos llevará durante el día a decir
al Señor que nos ofrecemos por El, con El y en El (Ordo missae) a Dios Padre, uniéndonos a todas
sus intenciones, en nombre de todas
las criaturas.
"Si vivimos
así, todo nuestro día será una misa: desde que nos levantemos hasta que nos acostemos. Y entonces,
¡qué fácil nos será encajar los golpes! Estaremos llenos de alegría y de serenidad
en todo momento, y será mucho más fácil poner remedio a las cosas
que el Señor permite, y ser muy eficaces" (De nuestro Padre, cn II-1969, p. 11).
6. "Permitid que os recuerde lo que en tantas
ocasiones habéis observado: el
desarrollo de las ceremonias litúrgicas. Siguiéndolas paso a paso, es muy posible que el Señor haga descubrir a cada uno de nosotros en qué debe mejorar,
qué vicios ha de
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extirpar, cómo ha de
ser nuestro trato fraterno con todos los hombres"
(Es Cristo que pasa, n. 88).
7.
"Asistiendo a la Santa Misa, aprenderéis a tratar a cada una de las Personas divinas (...) Amad la Misa,
hijos míos, amad la Misa (...) No ama a Cristo
quien no ama la Santa Misa, quien no se esfuerza en
vivirla con serenidad y sosiego, con devoción, con
cariño" (ibid., nn. 91 y
92).
El
apostolado es superabundancia de la vida interior: "Es preciso que seas
'hombre de Dios’, hombre de vida interior, hombre
de oración y de sacrificio. -Tu apostolado debe ser una superabundancia de tu vida 'para adentro’" (Camino, n.
961). Es lógico que hablemos de nuestro amor, que se
manifieste al exterior el amor de Dios que llevamos dentro. Además, cuando
amamos a una persona intentamos
darle lo mejor que tenemos. Es un hecho tan misterioso como cierto que el bien
es difusivo; y cuanto mayor es el
bien, tanto mayor es su fuerza expansiva. La gracia soberana de la vocación es la mayor que ha podido
hacernos el Señor. Es abundancia de
luz para iluminar el mundo entero. "Pequeño amor es el tuyo si no sientes el celo por la salvación de todas las almas. -Pobre amor es el tuyo si no tienes
ansias de pegar tu locura a otros
apóstoles" (Camino, n. 796). Por eso, la primera condición para hacer eficazmente apostolado y
proselitismo es que nuestra vida interior esté siempre muy vibrante, que
crezcamos continuamente en amor a Dios:
"Es inútil que te afanes en tantas obras exteriores si te falta Amor. -Es como
coser con una aguja sin hilo. ¡Qué
pena, si al final hubieras hecho 'tu' apostolado y no 'su' Apostolado!"
(Camino, n. 967).
De cien nos
interesan cien. Nadie que pase por nuestro lado ha de
poder decir: hominem non habeo. En todos vemos almas que hay que salvar, que es preciso acercar más a Dios,
porque "el fin de la Obra es promover la plenitud de vida cristiana
entre personas de todas las clases sociales"
(De nuestro Padre, Cuadernos 3, p. 22). Nadie debe permanecer en la mediocridad:
todos hemos de caminar hacia la
plenitud del Amor. "El nervio del apostolado" es precisamente "esa
apasionada comunicación del amor impaciente de Dios por los hombres" (Del Padre,
en la Presentación de Amigos de
Dios).
Con la luz
de la vocación "se abren nuestros ojos como los
de Cleofás y su compañero, cuando Cristo 'parte el pan; y aunque El vuelva a desaparecer de nuestra vista, seremos
también capaces de emprender de nuevo la
marcha -anochece-, para hablar a los demás de El, porque tanta alegría no cabe
en un pecho solo" (Amigos de Dios, n. 314).
1. Con
lógica sobrenatural, el apostolado nos conduce al proselitismo, "la señal cierta del celo
verdadero" (Camino, n. 793).
Lo nuestro es "¡ser instrumentos para buscar instrumentos!" (ibid., n. 803).
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5.
"Proselitismo. -¿Quién no tiene hambre de perpetuar su apostolado?" (ibid., n. 809). Una Familia sin hijos es una familia que se extingue. Pero el Señor quiere que nuestra
familia sobrenatural se extienda de polo a polo, que llene la tierra. Para ello
cuenta con nuestra entrega, con nuestra correspondencia a la gracia: "Ese
afán de proselitismo que te come las entrañas es señal cierta de tu
entregamiento" (ibid., n. 810).
6. "Si
no tuviéramos la preocupación del proselitismo, parecería que no éramos
felices. El que tiene la felicidad, el bien,
procura darlo a los demás" (De nuestro Padre, Cuadernos
3, p. 225).
"Te falta 'vibración’. -Esa es la
causa de que arrastres a tan pocos.
-Parece como si no estuvieras muy persuadido de lo que ganas al dejar por Cristo esas cosas de la tierra.
"Compara:
¡el ciento por uno y la vida eterna! -¿Te parece
pequeño el 'negocio'?" (Camino, n. 791).
El
proselitismo es un derecho natural (divino) que nadie tiene
derecho a arrebatarnos. Es el mismo que todos tienen a compartir con los demás los bienes de su alma. Además, para nosotros es
también un grave deber, porque se trata de un mandato imperativo de Cristo.
"El pulso de nuestro amor a
Dios y a la Iglesia y a nuestra santidad son -para nosotros- las vocaciones que
provocamos: el proselitismo. ¿Hay vocaciones?: vamos bien. ¿Hay pocas vocaciones?: no vamos bien. ¿Hay muchas, muchas vocaciones?: vamos muy bien. Es preciso moverse, romper esa costra de
comodidad que a veces nos detiene. No se
puede estar pasivo; es necesario meterse en la vida de los demás, como Cristo
se ha metido en la vida tuya y en la
mía" (De nuestro Padre, cn V-1969, p. 78).
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