Oración mental; importancia
Sinceridad
"Orar
es hablar con Dios" (Camino, n. 91); "una conversación íntima con El. Fíjate
bien que digo conversación: diálogo de dos, cara a cara, sin
esconderse en el anonimato. Necesitamos de esa oración personal, de esa
intimidad, de ese trato directo con Dios Nuestro
Señor" (De nuestro Padre, cn X-1976, p. 8).
La oración
es un deber natural: todo hombre está obligado a
hacerla, por ser criatura inteligente, indigente, que todo lo debe a Dios y nada puede por sí solo. Ha de acudir a El para adorarle, para agradecerle
sus dones -etiam ignotis-, para pedirle perdón
por sus culpas y ayuda para vencer los enemigos de su alma y observar los mandamientos (cfr. obr XII-1974, pp.
14-18).
El cristiano,
además, ha de seguir el ejemplo de Nuestro Señor Jesucristo, que con frecuencia "se retiraba
a lugares solitarios y se entregaba a
la oración" (Lc 5,12-16). Y los católicos hemos
de hacer oración para conservar la verdadera fe: "sin oración
no es posible permanecer fieles a la fe católica" (Pío XII, Alloc. Soyez les bienvenues, 18-IV-1952, citado
en obr XII- 1974, p. 15, nota 61).
La indicación
del Señor es clara: oportet semper orare et non deficere (Lc 18,1). En
otras palabras, hemos de ser siempre contemplativos, con un diálogo amoroso
constante con nuestro Padre Dios. Para conseguirlo
es preciso luchar, y dedicar tiempos exclusivamente
a tratar a Dios; las dos medias horas que tenemos en nuestro plan de vida son de primordial importancia:
-Para
conocer personalmente al Señor y amarle cada día más: "en mi
meditación, se enciende el fuego" (cfr. Camino, n. 92).
-Para ser
-como reclama nuestra vocación- contemplativos en
medio del mundo, de la mañana a la noche y de la noche a la mañana: "Si tenemos un radiador, quiere decir que
habrá calefacción. Pero sólo se caldeará el
ambiente si está encendida la caldera. Luego necesitamos el
radiador en cada momento, y además la
caldera bien encendida. ¿De acuerdo? Los ratos de oración bien hechos:
son la caldera. Y además, el radiador en cada instante, en cada habitación, en cada lugar, en cada trabajo: la presencia de Dios" (De nuestro Padre, cn X-1973, pp.
42-43).
-Para
adquirir el punto de vista de Dios, la visión sobrenatural que nos da la visión
profunda de las cosas, la perspectiva de la eternidad, la mente de Cristo: nos
autem sensum Christi habemus (1 Cor 2,16).
-Para
nutrir el alma y adquirir fortaleza: "El demonio quiere que la dejemos para que el alma no tenga alimento,
para que esté floja y débil y, en lugar de ocuparse de las cosas de
- 9 -
Dios, se
desvíe a los cosas del barro" (De nuestro Padre,
cn X-1976, pp. 11-12). "No dejéis nunca la
oración mental. Cuando un alma empieza a pensar que no sabe hacer oración, que
lo que nos enseña el Padre es muy difícil, que
el Señor no le dice nada, que no le oye, y se le ocurre: pues para estar así, lo
dejo todo, y me quedo con las oraciones
vocales, tiene una mala tentación" (ibid., p. 10).
-Para
acertar en nuestra conducta: "sin oración, sin meditación, sin vida
interior no haríamos más que el mal" (ibid., p.
12). "El día que abandonarais la oración, y os
fuerais descuidando, iríais como otras personas, rápidamente hacia abajo por el
camino del infierno" (ibid.).
-Para ser
eficaces en el apostolado: "¿Si no tratas a Cristo
en la oración y en el Pan, cómo le vas a dar a conocer?" (Camino, n. 105). "No lo
olvidéis, hijos. Habrá vocaciones mientras
vosotros seáis fieles y leales, mientras aborrezcáis el pecado, mientras seáis almas de oración, mientras améis a
Jesucristo y a su Madre bendita" (De nuestro Padre, cn X-1976, p. 12).
-En definitiva, para ser santos:
"¿Santo, sin oración?
-No creo
en esa santidad" (Camino, n. 107). "Si no
eres hombre de oración, no creo en la rectitud de
tus intenciones cuando dices que trabajas por Cristo"
(Camino, n. 109).
5. Es preciso
poner, por tanto, un gran empeño en la oración mental: "el mismo empeño que se pone cuando se
quiere conquistar un amor humano, bueno y limpio. Persigue tú también
así el trato con Dios" (De nuestro
Padre, cn X-1976, p. 12). "En esta tarea, hijas e hijos míos, habéis de poner todo el
corazón" (ibid., p 13). "Todos
los procedimientos humanos de entenderse con otra persona hemos de ponerlos nosotros, para
hacer oración y tratar a Dios"
(ibid., p. 10). Poner en juego la inteligencia, la voluntad, la memoria, la
imaginación. No hay recetas prefabricadas.
Pero nuestro Padre nos ha dejado pautas, falsillas maravillosas (cfr. Al tiempo de la oración, en X-1976;
las homilías Hacia la santidad y Vida de oración -en Amigos de Dios-, etc.).
Sinceridad
A dos
pueden reducirse los requisitos para perseverar y
ser fieles en el camino de hijos de Dios en el Opus Dei: la lucha por cumplir
amorosamente las Normas, y ser sinceros.
La
sinceridad es la primera virtud que pedía a todos nuestro Padre. "Mira:
los apóstoles, con todas sus miserias patentes e
innegables, eran sinceros, sencillos., transparentes.
Tú también tienes miserias patentes e
innegables. -Ojalá no te falte
sencillez" (Camino, n. 932).
3. Al llegar a Casa, nuestra primera obligación es
"facilitar, a quienes tengan
la misión de formarnos, el conocimiento de todas nuestras circunstancias personales"
(De nuestro Padre, cn, X-1981,
p. 10); con una confianza sin reservas: "Todos en el Opus Dei tienen
con sus Directores una franqueza, fraterna y filial a la vez, sin temores
ni recelos; porque saben que sería un gran mal, para sus almas y para la eficacia del apostolado, que
- 10 -
-por un
falso respeto o por la cobardía de evitarse una reprensión-
admitieran un pensamiento de miedosa timidez, ante los que mandan" (ibid.).
Ese miedo
sería una tentación diabólica. "No os dejéis dominar
por el demonio mudo, que a veces pretende quitarnos la paz por bobadas" (De nuestro Padre, cn IV-1972, p. 12). "El que habla, ése sale adelante. De modo que
no os apuréis. Si un día perdierais la visión
sobrenatural de vuestra vida, y cometéis doscientos latrocionios y setecientos millones de otros pecadazos, ¡venid
a contarlo, ladrones, que saldréis adelante! Seréis más santos, después de pedir perdón a Dios y de hacer
penitencia" (De nuestro Padre, cn
III-1973, p. 47). "¿Vosotros pensáis que las personas que reciben vuestra charla
son gente que no comprende? !Si están hechos de la misma pasta! ¿A quién le va a chocar que un vidrio se pueda romper, o que un cacharro
de barro necesite lañas? Sed sinceros.
Es la cosa que más agradezco en mis hijos, porque así se arregla todo: siempre"
(De nuestro Padre, cn IV-1972, p. 12).
"No
os quedéis con nada dentro de vosotros: contad todo,
aquello que os produce cansancio, sufrimiento, preocupación, todo lo que os quite la paz. Si se abre el corazón con
sinceridad, totalmente, el Señor se preocupa de que entre en
nuestras vidas la luz de su gracia, la
fuerza vital y operativa del Espíritu
Santo" (De nuestro Padre, cn X-1981, p. 10). La
sinceridad no consiste en hablar
mucho, ni en decir cosas que son verdad, sino en decir toda la verdad. Y la verdad se puede decir con pocas palabras, contando en primer lugar lo que más
cuesta, aquello que quisiéramos que
no se supiera.
Vergüenza,
para pecar; no para contar al médico el mal o sus
síntomas. "Un enfermo que se quiere curar, va a un médico determinado, que
le conoce bien, y no superficialmente. No pone el
menor obstáculo para que el médico le examine con detenimiento.
"Y el
médico, si cumple con su deber, procurará que el enfermo
le diga todo lo que le pasa, que -por debilidad, por inadvertencia- no deje
de contarle alguna cosa que pueda ser de interés. Y
el enfermo, si no es un loco, se apresurará a decir al médico todos los síntomas, todas las circunstancias que
puedan ser manifestaciones de su enfermedad,
hasta las más nimias" (De nuestro Padre,
Meditaciones II, p. 185). Para nosotros,
para los asuntos de nuestra alma, el médico son los Directores
y el sacerdote de la Obra. Ellos tienen,
con el espíritu del Opus Dei toda la farmacopea
(cfr. cn X-1981, p. 11).
7. La historia de Ananías y Safira (Act 5,1-11), que
quisieron engañar a Dios, "no
os pasará nunca, porque gracias a Dios mis
hijos son muy sinceros, pero si alguna vez sucediera, sabed que provocaría la
indignación del Señor. Y además, como se dice en España, antes se coge a un mentiroso que a un cojo; en Italia lo expresan de un modo diverso: que las mentiras
tienen las patas cortas. ¡A ser
sinceros, hijos míos! Si os cuesta trabajo, se lo ofrecéis a Dios" (Del Padre, cn VII-1981, p. 44).
- 11 -
8.
"Cuando os disponéis a hacer la charla fraterna, el Espíritu Santo actúa dentro de vuestras almas y os puede
pedir que digáis algo que cuesta. Ese
primer pensamiento es bueno: viene de Dios.
El segundo pensamiento, es el propio de nuestra condición humana: sí, lo voy a
decir, pero también explicaré esto y esto otro, para paliarlo; ¡qué vergüenza!
Y el tercer pensamiento, que nos induce a mentir,
a engañar, es del diablo.
"Hijos
míos, pedid a Dios Nuestro Señor esta sinceridad salvaje
que tanto ha predicado nuestro Padre, y rogadle que se viva como se ha hecho siempre -gracias a Dios muy bien-, en toda la Obra, para que el Señor esté contento"
(ibid.).
Volver
al índice del Apartado I del Programa de Formación Inicial (B-10)
Ir a
Documentos y escritos internos del Opus Dei
Ir a
la página principal de la web ‘clásica’