APARTADO I Charla nº 25
Alegría
Recogimiento; tiempo de trabajo de la tarde y tiempo de la noche
"Nuestro camino es de alegría, de fidelidad amorosa al servicio de Dios. Alegría que
no es el cascabeleo de la risa tonta, puramente animal. Tiene raíces muy hondas, es algo muy profundo. Pero es compatible con
el cansancio físico, con el dolor -porque tenemos corazón-, con las
dificultades en nuestra vida interior,
en nuestra labor apostólica. Aunque alguna vez parezca que se viene abajo todo,
no se viene abajo nada, porque Dios no pierde batallas" (De nuestro Padre,
cn XII-1962, p. 11).
"La alegría es consecuencia de la filiación divina, de sabernos queridos de nuestro
Padre Dios, que nos acoge, nos ayuda, y nos perdona siempre" (ibid.); y
tiene nuestros nombres escritos
en el Cielo, si somos fieles.
El Señor "nos quiere felices en la tierra, a sus hijos en el Opus Dei. La alegría nos
corresponde como un tesoro inherente
a nuestra vocación" (De nuestro Padre, Catequesis en América II, p.
36), que es una llamada al Amor, con mayúscula.
"Si alguna vez estáis tristes, id enseguida al Director o a aquel con quien
charléis, y al confesor. ¡A ver, qué pasa aquí!" (ibid.). Porque; "¿No hay
alegría? -Piensa: hay un obstáculo entre Dios y yo. -Casi siempre
acertarás" (Camino, n. 662). "Os examinaréis
y descubriréis que es una tontería, una envidieja, unos celitos." (De nuestro Padre,
Catequesis en América II, p. 36).
Y si se trata de una dificultad de mas categoría: "Me habéis oído decir
que la cruz deja de ser cruz, y el sacrificio deja de ser sacrificio, en cuanto lo lleva Cristo.
Pero a veces, hijos míos,
nosotros somos tan tontos que nos queremos poner en lugar de Dios. Y, entonces, sí
que la cruz es nuestra. En cambio, si amamos con sacrificio, Dios mismo carga
con la cruz, que es de El. Y a
nosotros no nos pesa, y somos felices con las contradicciones que no nos
inventamos" (ibid.).
Amar las contradicciones. Omnia in
bonum! "Si alguna vez
vas por la calle y te cae una teja encima y te abre la cabeza, tú, contento: es que tu Padre Dios quiere que
vayas con la cabeza abierta" (De
nuestro Padre, cn 1983, p. 102).
"Feliz cuando te maltratan y te deshonran. Mucha gente a
alborotar: se ha puesto de moda escupir sobre ti, que eres 'omnium peripsema', como basura.
"Cuesta, cuesta mucho. Es duro hasta que -por fin- un hombre se acerca al Sagrario y
se ve considerado como toda la porquería
del mundo, como un pobre gusano, y dice de
verdad: Señor, si tú no necesitas mi honra, ¿yo, para qué la quiero? Hasta
entonces, no sabe el hijo de Dios lo que es ser feliz: hasta llegar a esa
desnudez a esa entrega, que es entrega de amor; pero fundamentada en la
mortificación, en el dolor" (De nuestro Padre, cn VI-1955, p. 12).
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"Por lo tanto, nos os quejéis. ¡Adelante! Si el pan está duro, quiere decir que
tenéis buenos dientes. Si no, el Señor os daría papilla o biberón. Os da comida
sólida porque la podéis
masticar" (De nuestro Padre, Catequesis en América II, p.
33).
"Servite Domino in laetitia (Ps 99,2), servid al Señor con
alegría. ¿Vosotros creéis que en la
vida se agradece un servicio prestado de mala gana?
No. Sería mejor que no se hiciera. ¿Y nosotros vamos a servir al Señor con mala cara? No. Le vamos a
servir con alegría, a pesar de nuestras miserias, que ya las quitaremos con la gracia de
Dios" (De nuestro Padre, Cuadernos
3, p. 185).
"¡Qué alegría sentirse tan metido en
Dios! Endiosado. ¡Qué
alegría, al ver toda la pequeñez -toda la miseria, toda la debilidad de nuestra pobre
naturaleza humana con sus flaquezas y sus defectos- dispuesta a ser fiel a la
gracia del Señor, y así ser instrumento para
cosas grandes!" (De nuestro Padre, cn VI-1958,
pp. 6-7).
Recogimiento;
tiempo de trabajo de la tarde y tiempo de la noche
Con nuestra vocación, hemos recibido la llamada a ser contemplativos en medio del mundo. "Nuestra
celda es la calle" (De nuestro Padre,
n. 59). "Mientras cumplimos nuestras Normas, estamos metidos en el mundo y, al mismo tiempo,
de alguna manera separados y unidísimos" (De nuestro Padre,
Meditaciones II, p. 143). De este modo,
somos capaces de santificar, de sobrenaturalizar todo lo que hacemos, todo cuanto tocamos.
"Hemos de estar constantemente pendientes del Señor, a toda hora; de lo contrario,
estorbamos en la Obra y quizá lleguemos a perder la vocación" (De nuestro Padre, n. 61). Y no nos faltan
medios para adquirir el hábito del recogimiento, del incesante diálogo amoroso, con
Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo,
con Santa María y San José, con nuestro Padre y con los Ángeles y Santos.
Entre estos medios, contamos con el tiempo de la noche; "El silencio de la
noche, para un alma de Dios, es una necesidad. Yo, al llegar la noche, siento
la necesidad total de recogimiento.
Hijos míos, el tiempo de la noche es una bendición de Dios" (De nuestro Padre,
Meditaciones II, p. 144).
Tiempo para centrar la
mente, la memoria, la imaginación, en Dios; para crecer en el amor, en el deseo de
poseerle. Tiempo para abundar en actos de contrición, de acciones de gracias, jaculatorias, comuniones espirituales, con las que nos disponemos a
recibir cada día con más amor, con más
fruto a Jesús Sacramentado, y a hacer intensa
la oración de la mañana.
4. El comentario del Evangelio -conciso, práctico- es siempre un cauce estupendo para que discurra
nuestro diálogo de Amor.
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Cada día hemos de entrar en el tiempo de la noche con renovada ilusión, con afanes
de entrega y de abandono en los brazos de nuestro Padre Dios, que velará con ternura infinita nuestro descanso. Todas las semanas
nos preguntamos: "¿Procuré que mi primer pensamiento y el último de cada día fueran para Dios?" (Del examen del Círculo breve).
Para
facilitar y mejorar nuestra vida contemplativa, contamos además con el tiempo de trabajo de la tarde, en el que también luchamos especialmente para conseguir el
recogimiento interior. También será
posible -según las circunstancias de cada uno- el recogimiento exterior, evitando las conversaciones innecesarias, y luchando por vivir con generosidad las
Normas de siempre.
"Puede ser oportuno dedicar el tiempo de trabajo de la tarde a un
ocupación determinada, que constituya como el centro de nuestro trabajo, evitando
la dispersión en muchas actividades sueltas; y
convendrá intensificar durante ese tiempo la práctica de las mortificaciones
pequeñas, tan propias de nuestro espíritu, sobre todo de aquellas que faciliten el cumplimiento intenso, fiel, acabado y amoroso de
nuestro trabajo ordinario" (De nuestro Padre, Meditaciones
II, p.
145).
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