APARTADO I Charla nº 23
Aprovechamiento del tiempo
Humildad
"El
tiempo es un tesoro que se va, que se
escapa, que discurre por nuestras manos como
el agua por las peñas altas. Ayer
pasó, y el hoy está pasando. Mañana será pronto otro ayer. La duración de una vida es muy corta. Pero,
¡cuánto puede realizarse en este
pequeño espacio, por amor de Dios!" (Amigos de Dios, n. 52). En el corto
espacio de tiempo que Dios nos concede, los hombres podemos salvarnos o condenarnos, ayudar o no a muchísimas almas que dependen de nuestra conducta, de
nuestro aprovechamiento del tiempo.
No hay tiempo que perder, nos urgen las almas; urge la santidad personal y el
apostolado. Es más que oro, el tiempo; es gloria. Cada instante encierra un valor de eternidad, gravita sobre la vida eterna personal, es
un talento del que habremos de rendir
cuenta a Dios Nuestro Señor. No podemos hacer como aquel que "fue e hizo un hoyo
en la tierra y escondió el dinero que había recibido.
"¿Qué
va a hacer ahora ese hombre, si ya no tiene instrumento de trabajo? Se va a
tomar sólo la comodidad de devolver lo que recibió. Se va a dedicar a matar el
tiempo, se dice en castellano. ¡Qué pena, hijo mío! Tener como ocupación la de
matar el tiempo, que es un tesoro de Dios; no trabajar
por las almas; no poner en acto, en movimiento, en
este gran negocio sobrenatural, todas las condiciones tuyas, que no son tuyas porque te las dio el Padre del cielo; descansar,
despreocuparte. Yo no creo que haya en el
Opus Dei ningún calculador que pueda perseverar, como ese hombre de la parábola, que fríamente se dedica
a no hacer nada. No, hijo mío, hay que
trabajar, y así no se mata el cielo" (De nuestro Padre, cn VIII-1963, p. 25).
"¡A nosotros no nos puede sobrar el tiempo: debemos administrarlo bien,
para cumplir todos nuestros deberes!"
(De nuestro Padre, Cuadernos
3, P- 170).
3- Hay
que llegar a todo: a las Normas, que son lo primero, y por eso siempre hay tiempo para ellas; al encargo apostólico; al trabajo, que es medio de santificación y
apostolado; a los deberes del propio estado,
etc.
No basta, para aprovechar el
tiempo, hacer cosas buenas. Es preciso hacer
lo bueno que en cada momento nos pide Dios: cumplir el pequeño deber de cada instante, hacer lo que se debe, estar
en lo que se hace. Pero aún falta una condición: la rectitud de intención: hacerlo
todo para la gloria de Dios, por Amor.
Aprovechar
el tiempo es llenar el minuto, los sesenta segundos,
de lo que Dios nos pide. Es preciso examinar con frecuencia, si la oración
llena efectivamente los treinta minutos de la mañana y los treinta minutos de la tarde; si,
por ejemplo, al estudiar, realmente
estudiamos todo el tiempo que debemos estar y estamos delante del libro; y si en el trato con nuestros amigos, llegamos pronto al fondo de la amistad, a la
confidencia, a la conversación sobre
las relaciones con Dios y la Confesión sacra-
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mental.
Dominar una ciencia, una técnica, un arte, requiere dedicar muchas e intensas
horas. En igualdad de condiciones, el que aprovecha el tiempo, llega; el que no, no.
También es necesario para que el tiempo de trabajo rinda el máximo, el oportuno
descanso. Hemos de cumplir, con mortificación, si hace falta, todas las indicaciones que tenemos en Casa sobre el descanso: el
paseo semanal, la excursión mensual, las
horas de sueño.
"Madre
nuestra, que has visto crecer a Jesús, que le has
visto aprovechar el tiempo, enséñame a aprovechar el tiempo en servicio de las
almas y de la Iglesia" (De nuestro Padre, en VIII-1963, p. 26).
Humildad
La humildad -andar en verdad- es la base y fundamento de todas las virtudes y sin ella no hay ninguna que lo sea. La verdad es que
Dios es Todo, y nosotros somos nacía. Cuanto somos lo hemos recibido de Dios.
No hay jamás motivo alguno de soberbia:
"¿Tú, soberbia? -¿De qué?" (Camino, n. 600; ver
nn. 601, 613, 599, 593, 597).
"¡Cuánto cuesta vivir la humildad! Porque la soberbia muere veinticuatro horas después
de haber muerto el individuo (...)
Tened miedo a la soberbia, y acudid entonces deprisa, con el corazón contrito, a la
Confesión y a la Confidencia, para que os ayuden a salir del error" (De nuestro Padre, n. 72).
"Dios no quiere el mal, pero permite que nos sintamos capaces de todos los errores, para que seamos
humildes. Y sólo sobre esa humildad se
puede edificar la santidad cristiana" (De nuestro Padre, n. 70).
El
camino de la humildad es un examen de conciencia sincero, profundo, exigente; y la sinceridad salvaje en los medios de
dirección espiritual personal. "Debéis ser personas –os lo recuerdo siempre- que no se maravillen cuando
sientan que llevan dentro de sí una
bestia" (De nuestro Padre, cn 1972, pp. 533-534).
"No dejéis de hablar,
cuando suceda algo que no quisierais que se
supiese. Decidlo enseguida. Mejor antes y, si no,
después; pero hablad. No olvidéis que el pecado más
grande es el de soberbia. Ciega muchísimo. Hay un viejo refrán ascético
que reza así: lujuria oculta, soberbia
manifiesta.
"Nunca me cansare de insistiros en la importancia de la humildad, porque el enemigo del amor es siempre la
soberbia: es la pasión más mala, es aquel
espíritu de raciocinio sin razón, que
late en lo íntimo de nuestra alma y nos dice que nosotros estamos en lo cierto, y los demás equivocados. Cosa
que sólo por excepción es verdad" (ibid., p. 534).
- 70 -
Como la humildad es la verdad, hemos de exclamar también con San Pablo: "Omnia possum in eo qui me confortat! (Phil 4,13): es el reconocimiento de
nuestra ineficacia y del poder infinito de Dios; de nuestra poquedad y de la grandeza del Señor, por quien trabajamos; de
nuestra ignorancia y de su Sabiduría, de nuestra indigencia y de las riquezas insondables que hay en Dios y que El nos entrega
abundantemente" (De nuestro Padre, n. 77).
"Os mando a todas partes del mundo con un complejo de seguridad -de superioridad-,
porque es Dios Nuestro Señor quien quiere que hagáis esa labor. Convenceos de eso, haced la oración por
vuestra cuenta con estas palabras que ahora os estoy diciendo. Pensad: yo valgo
poco yo puedo poco, yo no tengo los medios. Quizá la Obra -en esa Región- no
tiene medios tampoco, pero omnia possum
in eo qui me confortat! (Phil 4,13). ¡Adelante!
Adelante con tozudez, que es santa y que se
llama, en lo espiritual, perseverancia: ya veis que el complejo de
superioridad nace de la humildad, de saberse
nada y contar con la gracia divina" (De nuestro Padre, n. 69).
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