APARTADO I Charla nº 19
Oraciones
jaculatorias
Ángeles Custodios
La jaculatoria es una oración vocal breve, aunque a veces no se pronuncie. Son
palabras de fe, de esperanza, de amor, instantáneas, que expresan un cariño incontenible, que busca manifestarse de mil maneras, a
Dios, a la Virgen, a San José, a los Ángeles Custodios, a los Santos.
"Cuando se quiere, se está pendiente de la persona amada" (De nuestro Padre, cn
IX-1963, p. 8). Aun en medio de la ocupación más absorbente, se "escapa" una
mirada, una sonrisa, un movimiento del
corazón, una palabra. Todo eso es jaculatoria; es vida
contemplativa que impregna todo nuestro quehacer.
Las jaculatorias manifiestan el amor y al mismo tiempo lo alimentan, lo encienden. Son una necesidad de la
vida interior, del alma enamorada que quiere
amar siempre más. "No se puede
llegar a tener vida interior sino se pasan varios años con la preocupación de hacer muchos actos de amor de
Dios, y tantas mortificaciones, y jaculatorias" (ibid.).
4. "Primero una jaculatoria, y luego otra, y otra, hasta que parece insuficiente ese fervor, porque
las palabras resultan pobres: y se
deja paso a la intimidad divina, en un mirar a Dios sin descanso y sin cansancio. Vivimos entonces como cautivos, como prisioneros. Mientras realizamos
con la mayor perfección posible,
dentro de nuestras equivocaciones y limitaciones, las tareas propias de nuestra condición y de nuestro oficio, el alma ansia escaparse. Se va hacia Dios, como el hierro
atraído por la fuerza del imán. Se
comienza a amar a Jesús, de forma más eficaz,
con un dulce sobresalto" (Amigos de Dios, n. 296).
Las industrias humanas (cfr. Camino, n. 272) ayudan a repetir jaculatorias hasta
perder la cuenta. Todo se puede convertir en industria humana: desde una imagen, al timbre de la puerta o del teléfono, los semáforos, las cosas que
molestan y las que agradan.
Sobre las industrias humanas: "es mejor que cada uno invente la suya; a veces, a
uno se le ocurre una que le parece muy buena, y luego no le dura más que media hora. Hay que variar; la vida interior debe
ser eso: vida. Si no hay lucha, no hay vida; y uno de los aspectos de la lucha es inventarse industrias humanas diversas; si va
bien una, con esa basta: adelante con ella, sin cejar" (Del Padre, cn 1982, p. 832).
7. Podemos decir jaculatorias que sean frases de los Evangelios: "Señor, Tú lo sabes todo, TÚ
sabes que te amo"; o de las Preces: Gratias tibi, Deus, gratias
tibi; o compuestas por nosotros. Nuestro
Padre nos enseño algunas para que las repitamos con frecuencia: Cor
Mariae dulcissimum, iter para tutum!, Cor Iesu
sacratissimum et misericors, dona nobis pacem! Desde "el 28-XI-1982
procuramos repetir también muchas veces Cor Mariae dul-
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cissimum,
iter serva tutum!
Ángeles
Custodios
Fue voluntad de Dios que el Opus Dei naciera un 2 de octubre, fiesta de los Santos
Ángeles Custodios, mientras nuestro Padre oía el repique alegre de las campanas
de la cercana iglesia de Nuestra Señora de los Ángeles.
"He aquí algo que es manifestación encantadora de nuestra piedad colectivas
la intervención de los ángeles en la vida
del hombre: angelis suis Deus mandavit de te, ut
custodiant te in omnibus viis tuis (...) Los ángeles del Señor"
serán nuestros compañeros, nuestros colaboradores
en todos nuestros trabajos, en todos
los caminos de la tierra" (De nuestro Padre, en 1967, pp. 755-756).
La devoción a los Custodios es un rasgo característico de nuestra fisonomía
espiritual. Nuestro Padre la vivió con gran profundidad y riqueza. En cierta
ocasión manifestó "algo que denota una virtud vivida en grado heroico: que desde hacía muchísimos años -quizá más de
cuarenta- no saludaba nunca a nadie, sin antes saludar a su Ángel Custodio.
"¡Qué presencia de Dios supone un hábito como éste! ¡Qué modo de poner en orden las
cosas sobrenaturales y las naturales! Y, además, ¡qué medio de apostolado tan
estupendo! Cuando escribió
Camino -y Consideraciones espirituales, que redactó antes de 1934-, ya decía que el Ángel
Custodio es un gran cómplice para el apostolado: nuestro Padre practicaba ya este diálogo, y se servía constantemente de los Ángeles
Custodios para ayudar a las almas" (Del Padre, obr 1976, pp. 328-329).
Ver Camino, nn. 562-570.
"Pido al Señor que, durante nuestra permanencia en este suelo de aquí, no nos
apartemos nunca del caminante divino. Para esto, aumentemos también nuestra amistad con los Santos Ángeles Custodios. Todos
necesitamos mucha compañía: compañía del Cielo y de la tierra. ¡Sed devotos de los Santos Ángeles! Es muy humana la amistad, pero
también es muy divina; como la vida nuestra, que es divina y humana. ¿Os acordáis de lo que dice el Señor?:
ya no os llamo siervos, sino amigos (Ioh 15,15). Nos
enseña a tener confianza con los amigos de Dios, que moran ya en el Cielo, y con las criaturas que con nosotros conviven,
también con las que parecen apartadas del
Señor, para atraerlas al buen sendero"
(Amigos de Dios, n. 315).
Es una
devoción que se extiende a lo largo de toda la jornada. Desde el primer momento del día al último
de la noche. Hay
oraciones encantadoras para esos momentos. Y en la Santa Misa -centro y raíz de nuestra vida
interior- los Ángeles nos acompañan: "Yo aplaudo y ensalzo con los Ángeles: no me es difícil, porque me sé rodeado de ellos,
cuando celebro la Santa Misa. Están adorando a la Trinidad" (Es Cristo que pasa, n. 89).
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"No dejamos nuestras devociones habituales, que nos amarran bien a esta barca
del Señor en la que estamos metidos, que es el Opus Dei. Y tratamos de no perder nunca la amistad con los Santos Ángeles
Custodios: los sacerdotes, también con su Arcángel ministerial. Es muy probable la opinión de que los sacerdotes
tienen un ángel especialmente encargado de atenderles. Pero hace muchos,
muchísimos años, leí que cada sacerdote tiene un Arcángel ministerial, y me conmoví. Me he hecho
una especie de aleluya
como jaculatoria, y se la repito al mío, por la mañana y por la noche. A veces
he pensado que no puedo tener esta fe porque sí, porque lo ha escrito un Padre de la Iglesia cuyo nombre ni siquiera recuerdo, Entonces considero la bondad
de mi Padre Dios y estoy seguro de que,
rezando a mi Arcángel ministerial, aunque
no lo tuviera, el Señor me lo concederá, para que mi oración y mi devoción tengan fundamento" (De
nuestro Padre, cn VIII-1972, p. 12).
"Nos
podemos imaginar a nuestro Ángel Custodio, como queramos, pero a nuestro lado; unas veces podemos pensar que va a la
derecha, y otras que nos precede abriéndonos camino, quitando las dificultades, sugiriendo: ten cuidado con
este obstáculo, da este pequeño
rodeo. Nos sopla al oído todo lo que debemos hacer para seguir el camino e introducirnos -como dice la
Sagrada Escritura- in locum quem
paravi, en el lugar que el Señor nos ha preparado, que es el Cielo"(Del
Padre, cn X-1981, p. 35).
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