APARTADO I Charla nº 18
Comuniones
espirituales
Generosidad. Desasimiento
1. "¡Qué fuente de gracias es la Comunión espiritual! -Practícala frecuentemente y tendrás más
presencia de Dios y más unión con El
en las obras" (Camino, n. 540). Es una Norma de siempre.
El deseo ardiente de ser una sola cosa con Nuestro Señor Jesucristo, es la
expresión máxima del amor. En consecuencia toda la vida ha de ser una comunión espiritual, al
menos implícita, ya que
sólo unos pocos minutos al día podemos vivir en comunión sacramental.
La oración que hemos aprendido de nuestro Padre es una maravilla: "Yo quisiera,
Señor, recibiros." Todos la pueden rezar, sin escrúpulos, cualquiera que sea su situación interior. Y es una verdadera comunión,
porque "comiendo con el deseo aquel Pan
celeste eucarístico (los fieles) experimentan su fruto y su provecho por la fe viva, que obra por la caridad (Gal 5,6)" (Conc. Trento, Dz "8-8l). La Comunión
espiritual produce realmente el fruto
y la utilidad del sacramento; no es una piadosa ficción", es un acontecimiento -profundo, en
nuestro corazón- de la gracia divina
que se contiene en la Eucaristía.
Quisiéramos recibir a Jesús sacramentado con aquella pureza, humildad y devoción
con que le recibió su Santísima Madre. A los pequeños nos está permitido, sin temor al ridículo, imitar a los grandes. ¿Cómo no
ha de gustarle al Señor ese deseo? Además, como es nuestra Madre, también son nuestras la pureza, la humildad y la devoción
"suyas. Nos revestimos, con voluntad de niños, de esas espléndidas joyas de la Virgen
Santísima; nos enriquecemos
con sus virtudes y, por esta senda, recibiremos la Eucaristía cada día más puros, más
humildes, más enamorados.
¿Cómo era la pureza de Nuestra Madre? Inmaculada. Ella nos purificará, para que podamos acercarnos al Señor
sancti et immaculati. La
Comunión espiritual, nos encenderá en deseos de ser cada día más limpios y lucharemos para que así sea.
La humildad de María Santísima, ancilla Domini. Por contraste, nuestra indignidad.
La devoción -fe llena de Amor- de nuestra Madre. No hay palabras para expresarla.
Es preciso acudir a Ella para que nos la diga en confidencia.
8. El espíritu y fervor de los santos. El ejemplo de nuestro queridísimo Fundador: "¡Creo!: quiero creer como el que más. ¡Espero!: quiero esperar como el que más.
¡Amo!: quiero amar como el que más" (Apuntes, en el Epílogo).
- 54 -
Generosidad.
Desasimiento
La generosidad es un deseo siempre insatisfecho de dar cada vez más, como consecuencia
de un amor creciente. Se opone radicalmente
al egoísmo y requiere por tanto la humildad. Es una virtud con doble dimensión:
natural y sobrenatural. A nosotros nos ha de mover siempre el amor de Dios; hemos de sobrenaturalizar, divinizar, todo lo humano
noble.
La generosidad con Dios es, en rigor, un deber de justicia: todo es suyo y El es nuestro Todo. Nosotros nada somos. Si somos algo, ese
algo es de Dios. Consecuencia lógica: "Tomad, Señor, y recibid toda mi
libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad; todo mi haber y mi poseer.
Vos me lo disteis; a Vos,
Señor, lo torno; todo es vuestro, disponed a toda vuestra voluntad. Dadme vuestro amor y
gracia, que esto me basta" (oración Oblatio sui).
Es una de las oraciones que tantas veces rezó nuestro Padre en la acción de gracias de la
Comunión.
"Hemos visto en el Evangelio cómo los Apóstoles siguieron al Señor relictis ómnibus (Lc 5,11). ¡Hay que quemarlo todo, todo! Y no una sola vez,
sino muchas, de una manera o de otra. Algunos parece que se quedan en el omnibus,
y hay que pegarle fuego a eso: ¡todo!, ¡todo!, ¡todo! Al corazón, en primer lugar.
Cuando se entrega de verdad, cuando la donación es
plena, ¡plena!, y se dice al Señor que tome posesión
de él, entonces el cariño que nace es santo
siempre (...)" (De nuestro Padre, cn 1972, p. 638).
El
desasimiento de las cosas de la tierra ha de ser total. Es preciso alcanzar la cumbre del Calvario
donde triunfa Nuestro
Señor: "es el expolio, el despojo, la pobreza más absoluta. Nada ha
quedado al Señor, sino un madero.
"Para llegar a Dios, Cristo es el camino; pero Cristo está en la Cruz, y para subir a la Cruz hay que tener
el corazón libre, desasido de las cosas de
la tierra" (Via Crucis, X).
5. El ejemplo del Señor es impresionante: "Bastan unos rasgos del amor de Dios que se encarna, y su
generosidad nos toca el alma, nos enciende, nos empuja con suavidad a un dolor
contrito por nuestro comportamiento,
mezquino y egoísta en tantas ocasiones" (Amigos de Dios, n. 112). "(...) convenceos de que si de veras deseamos seguir de cerca al Señor y prestar
un servicio auténtico a Dios y a la humanidad entera, hemos de estar seriamente
desprendidos de nosotros mismos: de los dones de la inteligencia, de la salud,
de la honra, de las ambiciones nobles, de los triunfos, de los éxitos.
"Me refiero también -porque hasta ahí debe llegar tu decisión- a
esas ilusiones limpias, con las que buscamos exclusivamente dar toda la gloria a
Dios y alabarle, ajustando nuestra voluntad
a esta norma clara y precisa: Señor, quiero estoco aquello sólo si a Ti te agrada, porque si no, a mí, ¿para qué me interesa? Asestamos así un golpe mortal al egoísmo y
a la vanidad, que serpean en todas las conciencias; de paso que alcanzamos la verdadera paz en nuestras almas, con un
desasimiento que acaba en la
posesión de Dios, cada vez más íntima y más intensa.
“Para imitar a Jesucristo, el corazón ha de estar enteramente libre de apegamientos
(...)" (Amigos de Dios, n. 114).
- 55 -
"Corazones generosos, con desprendimiento verdadero, pide el Señor. Lo conseguiremos, si
soltamos con entereza las amarras
o los hilos sutiles que nos atan a nuestro yo. No os oculto que esta determinación
exige una lucha constante, un saltar por encima del propio entendimiento y de la propia voluntad, una renuncia -en pocas
palabras- más ardua que el abandono de los bienes materiales más
codiciados" (Amigos de Dios, n. 115).
"Si
queréis actuar a toda hora como señores de vosotros mismos, os aconsejo que pongáis un empeño muy grande en estar desprendidos de todo, sin miedo, sin temores
ni recelos. Después, al atender y al
cumplir vuestras obligaciones personales, familiares., emplead
los medios terrenos honestos con rectitud, pensando en el servicio a Dios,
a la Iglesia, a los vuestros, a vuestra
tarea profesional, a vuestro país, a la
humanidad entera. Mirad que lo
importante no se concreta en la materialidad de poseer esto o de carecer de lo
otro, sino en conducirse de acuerdo con
la verdad que nos enseña nuestra fe cristiana: los bienes creados son sólo eso, medios" (Amigos de
Dios, n. 118).
Dios no se
dejará ganar nunca en generosidad.
Volver
al índice del Apartado I del Programa de Formación Inicial (B-10)
Ir a
Documentos y escritos internos del Opus Dei
Ir a
la página principal de la web ‘clásica’