APARTADO
I Charla nº 12
Examen
particular
Virtudes humanas; audacia, iniciativa
1. Una consecuencia
de la voluntad de luchar por ser santos,
de modo realista y eficaz, es el examen particular. "Aquí está el enlace
entre el examen general y el examen particular. Con el primero descendemos
hasta las raíces de nuestro comportamiento
y entonces, con el examen particular, buscaremos los remedios oportunos
para combatir los defectos, o para acrecentar las virtudes. Son la armadura y la espada toledana de las que hablaba nuestro queridísimo y santo Fundador (Camino, n.
238).
"Acordaos con qué claridad -como fruto de su vida- nos describía la finalidad del
examen particular: con el examen particular has de ir derechamente a adquirir una virtud determinada o a arrancar el defecto que te domina" (Del
Padre, cn 1976, p. 1610).
Se trata de presentar "batalla al enemigo, para que el enemigo no la presente donde
no nos convenga" (De nuestro Padre, Cuadernos 3, p. 198). Así aseguramos la eficacia
de la lucha: "yo corro, no como quien corre a la ventura; peleo, no como
quien tira golpes al aire" (1 Cor 9,26).
El examen particular tiene siempre un sentido positivo ; "el espíritu de la
Obra es siempre una afirmación: es alegre, sobrenatural, deportivo"
(De nuestro Padre, Cuadernos 3, p. 200). "Nada más ajeno a nosotros que la negación, contraria a la sana psicología. El Padre nos ha enseñado siempre a hacer
las cosas por Amor, por motivos positivos en
plan de afirmación" (Del Padre,
en 1976, p. 1610).
Y "el buen deportista no lucha por alcanzar una sola victoria y al primer intento, sino que se prepara y
se entrena durante mucho tiempo; con
confianza y serenidad, prueba una y otra
vez, y aunque al principio no pueda triunfar, insiste tenazmente, hasta superar el obstáculo" (De
nuestro Padre, Cuadernos 3, p. 204).
La materia
del examen particular de cada uno lo determina quien recibe su charla fraterna, que cuenta con la iniciativa personal: "Pide luces. -Insiste: hasta dar
con la raíz para aplicarle esa arma de
combate que es el examen particular" (Camino, n. 240).
Todos acostumbramos hacer el examen particular a mediodía, antes o después del
almuerzo: es un parón breve -no más de un
minuto- para comprobar cómo va la lucha en ese punto concreto de nuestra vida interior.
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Virtudes humanas; audacia, iniciativa
Al incorporarnos a la Obra nos comprometemos a luchar por ejercitar con plenitud
-según el espíritu del Opus Dei- todas las virtudes cristianas, entre las que se cuentan las humanas, características de nuestra
dedicación, que hemos de sobrenaturalizar.
Cuando el hombre ve un bien objetivo, que vale la pena alcanzar a pesar de las
dificultades, siente el impulso de lanzarse a su conquista. Esta pasión natural
se hace virtud humana -que llamamos audacia-, cuando se despliega
reflexivamente, con serenidad
de juicio, con prudencia. Es un aspecto concreto de la magnanimidad, por la que el
ánimo tiende a cosas grandes, y busca la virtud a toda costa. No excluye -al contrario- la consideración de las dificultades
externas o internas, pero la audacia se adentra en ellas con la decisión de vencerlas para hacerse finalmente con el bien deseado.
Cuando la razón se halla iluminada por la fe, y la voluntad robustecida por la
gracia santificante, la audacia se convierte en virtud cristiana, sobrenatural.
Así el cristiano es capaz
de acometer grandes tareas sobrenaturales -nuestro Padre es un ejemplo
magnífico-; se adentra en la dificultad, llega hasta donde sea preciso, en la labor
apostólica, porque se encuentra asistido por una fuerza divina: "Id. y
sabed que yo estoy con vosotros todos los días
hasta el fin del mundo" (Mt 28,20).
"Mirad que yo os envío como ovejas en medio de lobos" (Mt 10,16).
Pero el Cielo está empeñado en que la Obra se realice, y el Señor nos ha convertido
en instrumentos suyos. Apenas sin medios humanos -con la oración y el
sacrificio- se inician labores
apostólicas que adquieren en poco tiempo gran envergadura. No esperamos a que los peces
piquen: esperar no nos va: nos
metemos en las
honduras del mar donde se hallan los peces gordos, que vendrán a ser pescadores.
Cuando hay amor de Dios, hay audacia; los obstáculos se derriten como la cera.
"Mirad, hay personas que presumen de ser objetivas y no son más que miedosas y
cobardes. Recuerdo a un compañero mío que trate durante la guerra de España. Planeábamos escapar juntos de los comunistas, pero no había
manera de hacer nada con él, porque
inmediatamente encontraba dificultades para todo: no tenemos los medios, enseguida nos
descubrirán, total para qué, si ya estamos presos, es lo mismo estar escondido en una embajada que encerrado en la cárcel. Era
una objetividad que nacía del miedo y del egoísmo, y que impedía los planes. "Esto mismo se puede dar
perfectamente en la vida espiritual y en el apostolado: seguro que sale esta
dificultad, y habrá personas que no entiendan, y quizá nos pongan pegas. Si nos
dejamos llevar por esos
pensamientos, que no son más que comodidad y miedo, no haremos nunca nada. ¡Es
necesario lanzarse! Si hay entre
vosotros alguno con esa tendencia a la objetividad, que sepa que yo no quiero gente
demasiado objetiva.
"Nuestro Padre decía que en la Obra bastaba con que fuera prudente él. Si vais a dejar de
tratar a éste o al otro, si no vais
a empezar esa actividad porque
resulta difícil, entonces no haréis
nunca nada, porque todo es difícil, gracias a Dios. Es difícil porque salir de la
inactividad cuesta, y en el caso nuestro
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-ya que trabajamos por Dios- tenemos en contra el diablo con toda su
inteligencia. Pero los objetivos cometen generalmente un grave error de apreciación, porque si
es verdad que el demonio pone obstáculos,
es también cierto que Dios -que es más poderoso- está de nuestra parte. Por tanto,
¡Dios y audacia!" (Del Padre, cn 1982, pp. 357-358; cfr. Camino, nn. 401, 387-392).
"Tenemos lengua para hablar, también con imprudencia. Vamos por el mundo alegres e
imprudentes. ¡Cuanto más imprudentes seáis, mejor!" (De nuestro Padre, cn XI-1968, pp. 24-25)."Duc in altum et láxate retaja vestra in capturam. Pierde tu tranquilidad y tu egoísmo. Complícate la
vida. Métete en las aguas del mundo, en nombre de Cristo" (De nuestro
Padre, cn I-1961, p. 44). ¡Vale la pena!
"No permitáis que se achique el ánimo cuando veáis que algunos se oponen a la bondad de Dios. Si crecen los
obstáculos, también es mayor la urgencia del
trabajo apostólico. Y como el Señor es
infinitamente generoso y justo, nos concederá gracia siempre abundante: superaremos con El las
dificultades, y el apostolado será más
extenso y eficaz" (Del Padre, cn 1980, p. 361).
Las virtudes teologales y el sentido de responsabilidad, despiertan la
audacia y la iniciativa personal, tanto en la vida interior como en el apostolado y el
proselitismo: "En la Obra somos muy amigos de
la libertad, y también lo somos en la vida
interior: no nos atamos a esquemas ni métodos (...) Hay mucho -debe
haber mucho- de autodeterminación en la vida espiritual" (De nuestro Padre, Carta 29-IX-1957, n. 70).
No es propio de una persona del Opus Dei esperar a que le programen la vida interior
y el apostolado. La obediencia no anula ni la personalidad ni la capacidad de iniciativa: "Iniciativas. -Tenias, en tu
apostolado, dentro de los términos del mandato que te otorguen" (Camino,
n. 619). Con la debida prudencia y la oportuna consulta -cuando
sea menester- daremos cauce a todas las ocurrencias que puedan servir en nuestra misión de pescadores de hombres, para llevar a
nuestros conocidos a los medios tradicionales de formación, a las actividades auxiliares de la labor de San Rafael y de San
Gabriel, etc.
10. "Las vocaciones no se programan, porque dependen de la gracia de Dios. Lo que podemos y debemos
programar es nuestra oración: todos
los días, todo lo que podamos. Y nuestro apostolado: todos los días, todo lo
que podamos. Y nuestro arrepentimiento:
todos los días, todo lo que podamos. Lo demás lo pone Dios" (Del Padre, cn 1981, p. 857).
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