Opus Dei y Masonería

Carlo María

(Texto original en italiano)

Premisa.

 

¿El Opus Dei es una Masonería? La idea de hipotizar una respuesta exhaustiva a tal pregunta en un primer momento me pareció muy difícil, por no decir imposible. Pero luego me he documentado (con internet no es difícil), y he descubierto algunas coincidencias sorprendentes.

 

Las hipótesis que se van a expresar, respetando la libertad religiosa de cada uno, representan por otra parta solo una de las posibles lecturas, una síntesis exclusivamente personal de lo que está difundido, por así decirlo, en cualquier anécdota de la vida vivida, en la documentación recogida aquí y allí, y en los testimonios publicados por los “ex”, que han tenido una experiencia directa y presentan contenidos más intensos que lo que se relata.

 

Especialmente en el extranjero, han mantenido un gran debate publicaciones como: Maria del Carmen Tapia (que tenía un encargo de dirección muy alto, directamente en contacto con el fundador), Tras el umbral. Una vida en el Opus Dei, tradución italiana de Baldini e Castoldi, Milano 1996. - V. Feltzmann, in P. Hertel, I segreti dell’Opus Dei. Documenti e retroscena, traducida al italiano por Claudiana editrice, Torino 1997 - Ana Ananza Elìo, Diecinueve años de mi vida caminando en una mentira: Opus Dei), Grupo Editorial El Olivo, Ubeda 2004.  En Italia los testimonios publicados recientemente por Ferruccio Pinotti, Opus Dei segreta, BUR, Milano 2006 y Emanuela Provera, Dentro l’Opus Dei, editorial Chiarelettere, Milano 2009 provocan escalofríos. En internet en la web www.opuslibros.org en España y en  www.odan.org (Opus Dei Awareness Network)  en USA se pueden leer una gran cantidad de testimonios e informaciones espantosas.

 

Esta posible lectura no va contra la Iglesia católica, sino, por decirlo con el Card. Martini, es para una iglesia abierta[1], es decir para una fe libre, o, por decirlo con san Juan de la Cruz, formula una hipótesis reconstructiva en esta noche oscura en que el Amado pone a prueba la fe de su esposa en los trabajos y en las tribulaciones[2], realizada por quien desde estudiante universitario con poco más de veinte años, tuvo allí un quehacer, pero que con veinte años de distancia, es cuando se le empieza a caer la venda de los ojos. Cada uno por tanto sea libre de pensar de modo distinto, tanto en sentido positivo como negativo.

 

En este punto de vista, se tratará de : 1. El Reino de Dios - 2. Analogías - 3. Aspectos controvertidos: El itinerario jurídico del Opus Dei - 4. Ignorancia voluntaria - 5. Fanatismo religioso: 5.1. castidad, 5.2. pobreza, 5.3. obediencia, 5.4. fe, 5.5. caridad, 5.6. A.O.P., 5.7. estudio, trabajo, orden, alegría - 6. Ambiciones sociales - 7. Conclusiones.

 

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1. El Reino de Dios.

Opus Dei, ¿o más bien “Opus non Dei”? Es decir, ¿obra de Dios o más bien no? Para poder responder a tal pregunta primero habría que entender a qué se debe calificar o no como Reino de Dios.

 

Nadie se ofenda si nos permitimos subrayar que el Reino de Dios ha sido definido de varios modos en el Antiguo Testamento, Isaías profetiza que Preparará el Señor de los ejércitos para todos los pueblos, sobre esta montaña, un banquete de manjares suculentos, un banquete vinos excelentes, de comidas sabrosas, de vinos refinados. El arrancará sobre esta montaña el velo que cubría la faz de todos los pueblos y el paño tendido sobre todas las naciones. Eliminará la muerte para siempre; el Señor Dios enjugará las lagrimas de todos los rostros (Is 25, 6-8). Por tanto se habla de “manjares suculentos” y “vinos excelentes”, “comidas sabrosas” y “vinos refinados”. Por el contrario, en el Nuevo Testamento san Pablo declera que El Reino de Dios no es cuestión de comida o de bebida sino que es justicia paz y alegría en el Espíritu Santo (Rom 14, 17), Parece bastante decepcionada la expectativa de “manjares suculentos” y “vinos excelentes”.

 

Con una orientación intermedia, sin embargo, en el Evangelio, a propósito del carácter transcendente del Reino de Dios, Jesús dice que En la resurrección no se toma ni mujer ni marido, sino se es como ángeles en el cielo (Mt 22,30). Por tanto no dice si habrá veinte vírgenes esperando a cada uno de los justos, sino que, aunque estuvieran allí las veinte vírgenes, permanecerán vírgenes. Durante la Última Cena, dice también que En verdad os digo que no beberé más del fruto de la vid hasta el día en que beba el vino nuevo en el reino de Dios (Mc 14, 25). Por tanto, así como en el episodio de las Bodas de Caná (Jn 2, 1-11) no dice si se trató de Valpolicella, Piamonte, Toscana, Burdeos, Borgoña, Alsacia o Champagne (incluso, por anticipar el tema, un aragonés Ribera del Duero), sino que dice que, en todo caso, beberá “de nuevo” del “fruto de la vid”, como había profetizado Isaías. Consuela más. También en otra ocasión Jesús, se apareció a los suyos después de resucitar, y les dice: ¿tenéis algo para comer? Y le ofrecieron un trozo de pescado asado. Él lo tomó y lo comió delante de ellos (Lc 24, 41-43). Por tanto se podrá poner también una esperanza en la parrilla de peces. No serán los manjares suculentos de Isaías, pero no está mal, incluso es más dietética.

 

Pasemos a un plano más abstracto. El ritual de la solemnidad de Cristo Rey en el misal define el Reino de Dios como reino de verdad y de vida, reino de santidad y de gracia, reino de justicia, de amor y de paz. Por otra parte en un antiguo ritual masónico se habla de reino de la libertad y de la razón, de la justicia y del amor. Estas dos definiciones, aunque por caminos distintos, tienden al mismo objetivo, que es la “justicia” y el “amor” en el mundo, aunque sea diferente su fundamento: “verdad y vida”, “santidad y gracia” en el primer caso, “libertad” y “razón” en el segundo. Veremos dentro de poco cómo “verdad y “santidad” se interpretan en el Opus Dei. Lo que interesa subrayar es que, de la misma manera, también entre Opus Dei y Masonería se pueden encontrar sorprendentes analogías, y al mismo tiempo radicales divergencias, tanto en los métodos como en cuanto a los fines.

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2. Analogías

Comencemos por las analogías. Analogía de fines. En todo el mundo es manifiesta de la imagen de la pirámide con el vértice iluminado, representada también en el dólar americano. El Opus Dei utiliza un versículo del Evangelio de Juan (de esos poco comentados, que en la Iglesia habitualmente no se leen), en que Jesús dice: Y yo, cuando sea elevado sobre la tierra, atraeré todos hacia mí (Jn 12, 32). El siguiente versículo explica: Esto lo decía para indicar la clase de muerte con que había de morir (Jn 12, 33). El fundador del Opus Dei en cambio (san Josemaría Escrivá de Balaguer y Albás, español aragonés) explicaba ese versículo en el sentido que Jesús recuera a todos que “cuando sea elevado sobre la tierra”, cuando me hayáis colocado en la cumbre de todas las actividades de la tierra, entonces atraeré todo hacia mí. Significa que la finalidad del Opus Dei es la de colocar a Cristo (o mejor, atención: la versión del cristianismo de Escrivá), en la cima de toda actividad, o sea, tener a sus propios “miembros” en la “cumbre” de toda profesión, para después atraer a todos en la misma dirección. Aunque haya diversidad en la simbología,. Allí hay una cierta analogía con la pirámide del vértice iluminado.

 

Analogía de métodos. El texto base de Escrivá, que contiene 999 puntos de meditación, en lengua italiana se llama Cammino (en el original español Camino, en inglés The way; por esto, probablemente, en la traducción a la lengua italiana del Codice da Vinci de Dan Brown se habla de la Via). Pues bien, en el punto de meditación º 833 de Camino, en el capítulo llamado Táctica, se lee textualmente: Caudillos!... Viriliza tu voluntad para que Dios te haga caudillo. ¿No ves cómo proceden las malditas sociedades secretas? Nunca han ganado a las masas. -En sus antros forman unos cuantos hombres-demonios que se agitan y revuelven a las muchedumbres, alocándolas, para hacerlas ir tras ellos, al precipicio de todos los desórdenes... y al infierno. -Ellos llevan una simiente maldecida. Si tú quieres..., llevarás la Palabra de Dios, bendita mil y mil veces, que no puede faltar. Si eres generoso..., si correspondes, con tu santificación personal, obtendrás la de los demás: el reinado de Cristo. El texto hace enfadarse tanto a los católicos, que no aceptan ser considerados una sociedad secreta, como a los masones, por la concepción negativa de la Masonería. Pero si lo analizamos con frialdad, el autor quiere que los suyos actúen precisamente como los que califica de “maldita sociedad secreta”: “nunca han ganado a las masas”, dice, es decir, están constituidos por un número de “miembros” exiguo en relación con el número de personas que componen la sociedad, y “en sus antros”, o sea en sus propias sedes, “ forman unos cuantos hombres”, es decir desarrollan una actividad esencialmente de “formación” de sus propios “miembros”, que después “se agitan y revuelven a las muchedumbres... para hacerlas ir tras ellos”, o sea, iluminando la sociedad con su pensamiento, como la pirámide con la punta iluminada, o intentan atraer todo a sí, como la cruz en la cumbre de todas las actividades humanas: esta es la actividad de “formación” (algunos la llaman “formateo”) que se desarrolla en los antros, llamados “centros”, a cualquier nivel, del Opus Dei.

 

Otras analogías se pueden descubrir en el hecho de que los “miembros” se llaman entre ellos  “hermanos”, y que no manifiestan la pertenencia propia o de los “hermanos”, para evitar el riesgo de discriminación en la realidad profesional determinada por su pertenencia. ¿Secreteo? Pues no, ¡no hay secretos! ¿Reserva? Pues no, se usa el término “naturalidad”, o bien el más elegante de discreción.

 

De los testimonios publicados por los “ex” “miembros” se aprende sin embargo que las Constituciones internas de 1950 disponen que los miembros numerarios y supernumerarios deben siempre mantener un prudente silencio respecto a los nombres de los otros miembros; y ninguno debe revelar a otro que pertenecen al Opus Dei, y eso con el fin de hacer más eficaz la labor apostólica (art. 191), es decir, no para evitar el riesgo de discriminación en las realidades profesionales, sino para acercar nuevos potenciales adeptos y sondearle las características sin exponerse. Está prohibido hacer públicas las Constituciones, las instrucciones internas y todo cuanto concierne al gobierno de la institución (art.193). Ni siquiera internamente se conoce el ordenamiento: alguien podría invocar alguna norma de allí a su favor.

 

A Escrivá le gustaba citar otro versículo del Evangelio de los poco conocidos, en que Jesús enviaba a los suyos diciéndoles: yo os mando como ovejas en medio de lobos; sed pues prudentes como serpientes y sencillos como palomas (Mt 10, 16).

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3. Aspectos controvertidos: El itinerario jurídico del Opus Dei

 

Pasemos a algunos de los aspectos más controvertidos.

 

La Masonería, según la definición de un antiguo ritual inglés relatada por Dan Drown en el capítulo 6 de la novela El símbolo perdido, es un sistema moral, oculto por alegorías e ilustrado por símbolos. Por tanto un sistema ético.

 

Y el Opus Dei ¿qué es? ¿Un movimiento? Pues no, nosotros no nos “movemos”. ¿Una orden religiosa? No, eso es cosa del pasado: “los desafíos del mundo moderno exigen la intervención de los laicos en la sociedad, por tanto nosotros no somos ni sacerdotes, ni hermanos, somos laicos” ¿Entonces es una secta? Tampoco, estamos hablando de una potente organización de la Iglesia católica. ¿Una asociación? No, tiene su configuración jurídica particular en el ámbito del derecho canónico. Ah, ¿y cuál es? Es una prelatura personal (esto se dice con aire muy culto). En ese momento el interlocutor teme haber sido bastante indiscreto, ya no osa insistir y se satisface con pensar que se trata de un grupo de “prelados” de los que se cuentan prácticas religiosas un poco agobiantes, a disposición “personal” del Papa.

 

En cambio, es el momento de insistir. Prelatura personal significa que es una “porción del pueblo de Dios” (es decir, de la iglesia católica), mandada por un Prelado (de ahí el nombre de “prelatura”), que es además Obispo, que tiene una jurisdicción “personal”, es decir no territorial,  referido a la persona que pertenece a la prelatura, en cualquier lugar en que se encuentre. Una especie de diócesis extraterritorial. Simple, ¿no? ¿Y dónde está el truco?

 

En el Opus Dei se considera fundamental el “itinerario jurídico” que ha llevado a esa configuración en el ámbito del derecho canónico, y del que la prelatura se siente orgullosa y celosa: en resumen: el Concilio Vaticano II había previsto la institución de prelaturas personales  a las que confiar especiales encargos pastorales, y una vez prevista esa figura jurídica también en el código de derecho canónico promulgado en 1983 en sustitución del de 1917, se pudo realizar la “erección” en “prelatura personal”. Simple también esto ¿no? En ese momento, incluso el interlocutor más desconfiado se calma: ante el derecho canónico... En cambio, conviene continuar mordiendo el hueso, sin dejarse desviar.

 

Una tesis de fondo de la novela El Código da Vinci de Dan Brown se contiene en el capítulo 7, donde se lee que Su ascenso a la gracia había comenzado con un salto en 1982, cuando el papa Juan Pablo II los había elevado de pronto a “prelatura personal”, dando así la aprobación oficial a todas sus prácticas. Curiosamente, ese avance del Opus Dei había ocurrido en el mismo año en que, por lo que se decía, la rica asociación había transferido casi mil millones de dólares al Instituto vaticano para las obras de religión -el IOR, comúnmente conocido como el Banco del Vaticano- evitándole así una vergonzosa bancarrota. Con una segunda maniobra que había hecho elevar muchas cejas, el papa había puesto al fundador del Opus Dei en el “tren rápido” de la santificación, acelerando de este modo los procedimientos para el nombramiento de santo y reduciéndolo de un periodo del orden de un siglo a una simple veintena de años.

 

No por casualidad, los testimonios publicados por los “ex” refieren que en 1982-83 todos los directores nacionales invitaron a todos a recoger dinero de todas las personas con las que estaban en contacto, asignando incluso presupuestos concretos a cada miembro, y refieren haber asistido en los años sucesivos a campañas económicas más específicas, pero ninguna comparable a la de 1982-83. Hay quien defiende que las finanzas del IOR estuvieran a su vez debilitadas por las ingentes financiaciones de Solidarnosc, el sindicato polaco que ha tenido históricamente la función de contribuir a provocar la disgregación de los regímenes comunistas.

 

El corolario de la tesis de fondo de la novela de Dan Brown está contenido en los capítulos 34 a 50, para quien si un Papa manifestado de la parte reformista del Colegio cardenalicio, que hubiera asumido la misión de rejuvenecer la doctrina del Vaticano y poner al día el cristianismo para llevarlo al tercer milenio, hiciera un día aflojar la “erección” de la prelatura personal, esta última pondría en acto toda posible energía intelectual, económica y moral para tratar de conferirle nuevamente la tersura. Por tanto, mordamos nuevamente el hueso, y tratemos de completar una lectura alternativa de este “itinerario jurídico”.

 

Álvaro del Portillo, en aquella época brazo derecho de Escrivá y después su primer sucesor, formaba parte de la comisión del Concilio Vaticano II encargada de la redacción del texto de la “Presbyterorum ordinis”, el Decreto sobre el ministerio y la vida de los presbíteros (es decir, los sacerdotes). Entre los pliegues de ese documento incluyó la hipótesis de constituir prelaturas personales. ¿Pero cómo? ¿No se trataba allí de los presbíteros? En el Opus Dei ¿no presumen de ser laicos? ¿Y dónde se habla de eso?

 

Vayamos a leer la “Presbyterorum ordinis”: en el capítulo II, El ministerio de los presbíteros, título II, relaciones de los presbíteros con los demás, en el párrafo 9, los presbíteros y los laicos, no se habla de esto. Con una mirada maliciosa se podría pensar que, quizás, hubiera podido saltar a la vista. Pero resulta que en el capítulo II, título III, Distribución de los sacerdotes y vocaciones sacerdotales, en el párrafo 10, solicitud por todas las Iglesias: en la segunda mitad de un apartado dedicado a otra cosa, se lee en un determinado momento que allí donde sea necesario por motivos apostólicos, ha de facilitarse no sólo una distribución funcional de los sacerdotes, sino también la actuación de peculiares iniciativas pastorales a favor de diversos grupos sociales en determinadas regiones o naciones o incluso continentes. Con esta finalidad podrá ser útil la creación de seminarios internacionales, peculiares diócesis o prelaturas personales, y otras instituciones por el estilo, a la que se podrán adscribir o incardinar presbíteros por el bien de toda la Iglesia, según normas establecidas para cada una de estas instituciones, y respetando siempre los derechos de los ordinarios (es decir de los obispos) del lugar.

 

Con Pablo VI, papa de 1963 a 1978, no se hizo nada. Hasta el punto de que en una audiencia privada (bastante conocida dentro de la prelatura), al preguntarle a Álvaro del Portillo, convertido en sucesor de Escrivá, si había tenido algún problema, y habiendo recibido como respuesta que “el problema es que nos estamos volviendo tantísimos” (lo que en realidad significaba que tenía urgencia por obtener la configuración jurídica que deseaba), Pablo VI se limitó a responder: “¿ése es todo el problema?”, y a agradecer cordialmente al huésped por la visita.

 

Con Juan Pablo II, papa de 1978 a 2005, los tonos, como se ha resaltado, cambiaron: el 25.1.83 fue promulgado el nuevo Código de derecho canónico; el 19.3.83 (menos de dos meses después) se formalizó la decisión pontificia de “erigir” el Opus Dei en prelatura personal.

 

Vayamos a leer el Codex Iuris Canonici de 1983: en el libro II, el pueblo de Dios, parte II, se ocupa de la constitución jerárquica de la Iglesia y, entre otras cosas, en el canon 369 dispone que La diócesis es la porción del pueblo de Dios que se confía al cuidado pastoral del Obispo con la cooperación del presbiterio. En el mismo libro II, el pueblo de Dios, pero en la parte I, los fieles y por tanto fuera de la parte II, dedicada a la constitución jerárquica de la Iglesia, en el título IV se ocupa de las prelaturas personales. En particular, allí está dispuesto que: canon 294 - Con el fin de promover una adecuada distribución de los presbíteros o de realizar especiales obras pastorales o misioneras para diversas regiones o para diversas categorías sociales, la Sede Apostólica puede erigir prelaturas personales formadas por presbíteros y diáconos del clero secular, oída las conferencias episcopales afectadas. -canon 295 - 1. La prelatura personal está regida por los estatutos realizados por la Sede Apostólica y a ella se le propone un prelado como Ordinario propio, el cual tiene derecho a erigir un seminario nacional o internacional, incardinar a los alumnos y promoverlos a las órdenes con el título del servicio a la prelatura. -2. El prelado debe proveer tanto a la formación espiritual de los que ha promovido con el titulo anteriormente citado, como a su decoroso sostenimiento. -canon 296- Los laicos pueden dedicarse a las obras apostólicas de una prelatura personal mediante acuerdos estipulados con la misma prelatura; el modo de esa cooperación orgánica y los principales deberes y derechos  con ella están determinados con precisión en los estatutos. Por tanto una prelatura personal debe estar formada por prebíteros y diáconos, y la presencia de los laicos debe ser sólo eventual y a nivel de cooperación externa.

 

Por el contrario, en el Opus Dei los sacerdotes son el 2% de los miembros, no hay diáconos, y la presencia de los laicos es esencial, hasta los niveles directivos más altos.

 

Además specialia opera pastoralia, o sea encargos pastorales específicos, del latin specialis, contrapuesto a generalis, según lo que se lee en el citado canon 294 y en el decreto del Concilio Vaticano II, deberían referirse a una misión específicamente definida en el espacio y en el tiempo, con la finalidad de una distribución equilibrada de los “presbíteros” en el seno del “pueblo de Dios”. Y ¿cuáles serían las specialia opera pastoralia que justificarían el estado de prelatura personal del Opus Dei? Lo dicen los Estatutos de 1982: La Prelatura se propone dedicarse de hecho a que personas de toda condición y estado de la sociedad civil, y sobre todo los intelectuales, se adhieran con todo el corazón a los preceptos de Cristo Señor y los pongan en práctica mediante la santificación del trabajo profesional propio de cada uno, en medio del mundo, con el fin de que todo esté ordenado a la Voluntad del Creador; y formar hombres y mujeres para que ejerciten igualmente el apostolado en la sociedad civil (art. 2, par. 2). Para la realización de tal proyecto no bastarían siglos, significa quererse instalar permanentemente en el interior de la Iglesia católica, no es “distribución de los presbíteros” para una misión definida en el espacio y en el tiempo.

 

Esa aplicación de las normas jurídicas difícilmente pasarían ante un Tribunal civil, ya que no se sostiene frente a un análisis severo en el plano lógico argumentativo. Se añade que, según los testimonios de los “ex”, las Constituciones de 1950, nunca hechas públicas, si bien formalmente derogadas con la “erección” en prelatura personal, en realidad permanecen vigentes dentro de la institución, ya que los Estatutos de 1982 no derogan las Constituciones de 1950, salvo que esto no venga señalado expresamente. Hay que añadir lo referido por María del Carmen Tapia, “ex” particularmente creíble, ya que había colaborado directamente con Escrivá en el organismo directivo mundial de la sección femenina, según la cual, cuando trabajaba en la imprenta interna, la impresión del texto definitivo de las Constituciones de 1950 había sido mantenida en suspenso, para modificar el texto definitivo después de que el Papa hubiera puesto su firma al final de la última página.

 

Obviamente, si los que tienen jurisdicción en orden a la interpretación y aplicación del derecho canónico quieren dejarlo como está, que lo hagan, también porque el asunto para la prelatura parece de importancia vital, si han gastado sus mejores fuerzas durante 35 años para obtenerla, para que se les permita, al contrario que los religiosos: a) sustraerse de la jurisdicción de los obispos diocesanos, estando ellos mismos regidos por un obispo, sujeto a su vez a la jurisdicción de la congregación para los obispos, b) ejercitar actividades económicas.

 

Por esto parece razonable suponer que, incluso sin imaginar los escenarios novelescos de Dan Brown, alinearían a sus mejores inteligencias jurídicas y buscarían demostrar también que la nieve es rosa, las rosas son negras y la tierra no gira alrededor del sol, al contrario de lo que afirmaba en modo sacrílego Copérnico y Galileo, con tal de destacar este aspecto: en caso de profundizar en los requisitos, de hecho, podría resultar que no hay sitio para el Opus Dei tampoco en el actual código de derecho canónico.

 

La hipótesis de fondo de la novela El código da Vinci de Dan Brown acerca de la importancia de la configuración jurídica de prelatura personal aparece por tanto verosímil, aunque, a diferencia de las novelas El código da Vinci y El símbolo perdido de Dan Brown, no existe la búsqueda de alguna palabra, file o password perdida, di alguna sabiduría interior: allí la verdad  existe ya, yo soy el camino, la verdad y la vida (Io 14, 16), en ningún otro está la salvación (Hechos 4, 12), e incluso de la Sagrada Escritura se comentan siempre los mismos pasajes, siempre de la misma manera: una especie de “Evangelio según Escrivá”, cuyo único mérito sea reproducir fielmente al copión.

 

Pero no anticipemos el contenido de los próximos capítulos y continuemos con orden la reseña de los aspectos controvertidos.

 

4. Ignorancia voluntaria.

 

El desarrollo interior propuesto por la Masonería lleva a abarcar libremente todo campo del conocimiento, sin limitaciones dogmáticas.

 

Pero entonces, ¿por qué entra uno en el Opus Dei? Esta pregunta la habré escuchado al menos 300 veces. ¿Qué es lo que atrae? Es la propuesta de un cristianismo robusto: no el de las parroquias, de un movimiento cualquiera, o de las hoy marchitas órdenes religiosas... o al menos es lo que te hacen creer. No es tampoco la credulidad del que va a una bruja y le da mucho dinero a cambio de la promesa de evocar a un espíritu satánico para que le proporcione sexo, dinero, éxito y felicidad, para descubrir después que ni había evocado al espíritu, ni los beneficios se habían producido realmente, y denunciar a la bruja por haberse quedado el dinero (hecho acaecido realmente en los años 90 ante el Tribunal de Milán). ¿Habéis visto el itinerario de la entrada en el derecho canónico? Veamos ahora el itinerario de la entrada en la vida de cada uno.

 

En el punto 1. de meditación de Camino, en el capítulo inicial, titulado “carácter”, se lee: Que tu vida no sea una vida estéril. -Sé útil. -Deja poso. -Ilumina, con la luminaria de tu fe y de tu amor. Borra, con tu vida de apóstol, la señal viscosa y sucia que dejaron los sembradores impuros del odio. -Y enciende todos los caminos de la tierra con el fuego de Cristo que llevas en el corazón. Y en el punto 999 se lee: ¿Que cuál es el secreto de la perseverancia? El Amor. -Enamórate, y no “le” dejarás. Por tanto se ve aquí una fortísima implicación emotiva, ligada a horizontes de significado de la propia existencia. Este hecho puede contribuir a explicar también la intensidad del odio de los “ex”, después de la desilusión.

 

Y en el punto 1. de meditación de Forja (similar a Camino), en el capítulo inicial, titulado “deslumbramiento” se lee: Hijos de Dios. - Portadores de la única llama capaz de iluminar los caminos terrenos de las almas, del único fulgor, en el que nunca podrán darse oscuridades, penumbras ni sombras. -El Señor se sirve de nosotros como antorchas para que esa luz ilumine... De nosotros depende que muchos no permanezcan en tinieblas, sino que anden por senderos que llevan hasta la vida eterna. Es difícil no sentirse atraídos, o al menos interesados, por tal grandeur de horizontes. El estudiante universitario o la persona adulta, participa así en cualquier reunión sobre temas de tipo religioso. Uno no había recibido, habitualmente, una formación religiosa fuerte, que fuera más allá del antiguo catecismo aprendido de niño (el nuevo Catecismo de la Iglesia católica de Ratzinger en cambio es tan complicado que no hay esperanzas de que los niños lo aprendan).

 

Así, mientras que en otras materias a la escuela elemental le sigue la escuela media, el instituto, la universidad, en materia religiosa se permanece ignorante como un niño. El Opus Dei se presenta por tanto como una gran catequesis, que se propone resolver esta laguna, para formar cristianos que vivan una fe presentada como adulta, vigorosa, en edificios arreglados y lujosos, con personas que parecen alegres y optimistas, bien cuidadas, apuestas y educadas.

 

Por tanto uno va allí y escucha. Pero luego no hay ningún debate, ningún intercambio de opiniones, ningún enriquecimiento recíproco a través de la discusión de las ideas: ninguno puede intervenir y aportar una contribución para profundizar en el argumento tratado, nenguno puede siquiera hacer una pregunta al ponente. Luego el ponente se encarga de encontrar cuando pueda la ocasión para hablar con cada uno y asegurarse de si hay objeciones: en ese caso, “se le explica” porque “no ha entendido”. El trabajo de explicaciones no es difícil para el que lo hace, porque las dificultades son casi siempre las mismas por parte de todos, mientras que para él es precisamente su encargo.

 

Los argumentos tratados están preestablecidos y distribuidos mes a mes de modo que, de septiembre a mayo, tanto a los estudiantes que participan a las actividades “formativas” para bachilleres o universitarios, como a los que participan a las actividades “formativas” para adultos, se abre poco a poco la perspectiva de una verdadera y propia “vocación”, es decir de una verdadera y propia llamada de Dios, a la que sería poco generoso no corresponder: caray, encender todos los caminos de la tierrra, o alumbrar como antorchas para que muchos no permanezcan en tinieblas: ¿acaso querría uno quedarse como espectador?.

 

Un aspecto sorprendente que es referido es la sensación de libertad que, incluso dentro de un camino tan restringido, se siente: uno es consciente de que hay duras limitaciones, pero las acepta, en nombre de la motivación superior de la que se ha hablado antes. Incluso la inteligencia no parece efectivamente reprimida, por el contrario, se estimulan una atención y una capacidad de observación constantes, incluso teniendo el intelecto permanentemente ocupado en una dirección determinada.

 

Pero el uso de las facultades intelectivas se somete a una dura prueba: no se admite pensar, el verbo “creo”, es expresión que se reserva a los dogmas de la fe religiosa, y si alguien al hablar usa expresiones como “yo diría que”, “me parece que”, “pienso que”, alguno le puede preguntar con una sonrisa irónica: “¿tú piensas?” y todos se ríen (que se rían...), y si alguno dice “estoy pensando”, se puede oír responder algo como”entonces esfuérzate, ya saldrá algo” (aquí al menos se ríen un poco menos por la vulgaridad de la alusión). Y las limitaciones de la vida se vuelven asfixiantes con sorprendente rapidez cuando alguien osa plantearse alguna duda y empieza a no estar perfectamente alineado.

¿Y por qué uno se sale? Cuando empieza a darse cuenta de lo que está haciendo y se atreve a expresar alguna duda, “se le explica” no sólo que es él quien “no ha entendido”, como a los que participan en los primeros encuentros, sino que, asumiendo un aire despreciativo, como si uno apestase, “se le explica” que “no ha entendido nada”, incluso que, si se va, traicionaría a Cristo, a la Iglesia, y a la institución: de tal modo que no terminará necesariamente en el infierno, pero el riesgo que correrá de terminar allí será mucho mayor...

 

Este hecho de que es él quien no ha entendido nada es uno de los aspectos inaceptables: sería como si, bajo una obligación de conciencia (y atención, porque todo está  obligado en conciencia), uno se viera forzado a convencerse de que la nieve es rosa, las rosas son negras, o la tierra no gira alrededor del sol. También por esto los adversarios más encarnizados (y los más temidos, porque la conocen) son los “ex”. Por tanto sería oportuno reflexionar sobre los análisis despiadados que hacen precisamente aquellos que han salido de allí.

 

Otro de los aspectos inaceptables es la desconfianza por sistema, que es incluso teorizada en las líneas preestablecidas para quien debe tener entrevistas de “formación espiritual”: para ellos el límite de la mentira es la ocultación, basta con que una afirmación sea cierta en parte y que se silencie otra parte que sea incómoda de explicar, para que la afirmación completa no sea mentira. Posteriormente en las declaraciones oficiales te demuestran la parte cierta, pretendiendo que valga para todo, pasando por alto lo demás.

 

¿Un ejemplo? Como se deduce de los testimonios publicados por los “ex”, en respuesta a la pregunta parlamentaria de 1986 sobre la aplicabilidad al Opus Dei de la ley 17/82, la que dispuso la disolución de la P2, el entonces ministro del Interior, acerca del control al que pueden someterse los miembros en el interior de la estructura, basándose en las declaraciones unilaterales oficiales, concluía que la obligación de la obediencia afecta exclusivamente a los asuntos espirituales. Es cierto. ¿Dónde está el truco? Que para Santo Tomás de Aquino[3] toda acción humana tiene un relieve moral, si la consideramos en relación al fin para el que se ha realizado, aunque sea un paseo. De este modo el deber de la obediencia asume el perfil de un control total, a través del aspecto ético, o presentado como tal, de las acciones humanas, en cada y cualquier acción comporta, incluso en el campo profesional. Por tanto decir que el deber de la obediencia afecta exclusivamente a los asuntos espirituales equivale a decir que se refiere al aspecto moral, o presentado como tal, de toda acción humana.

 

Otro ejemplo de reserva mental: si uno, cuando se está planteando si entrar, pregunta si una profesión concreta es compatible con ese camino, la respuesta ciertamente es que sí, en nada cambia tu situación laical, no te conviertes en un religioso (aunque esto es cierto solamente en el plano jurídico, o sea del derecho canónico, por lo demás uno debe después vivir como un monje). Por tanto toda actividad profesional puede ser “santificada como hijos de Dios en el Opus Dei”. Excepto que, claramente, se presenten exigencias particulares por las cuales se te pueda pedir algo distinto. Obvio, ¿no? Pero lamentablemente siempre habrá una cierta exigencia particular por lo que se te pedirá algo distinto, también porque van precisamente (o mejor, deberán ir, es el fundador quien las ha puesto en marcha, ya que ha sido él quien ha establecido y aprobado cómo debe funcionar todo) contra las tendencias de cada uno, para que esté “más libre” de sus apegos personales. La presunción es que de esta forma uno rinda más (salvo que alcance rápidamente un alto nivel en la profesión, o que provenga de una familia a tal punto importante que sería contraproducente contrariarla).

Está claro que, en esas condiciones, son muchos los que, antes o después, dejan de prestarse al juego.

 

El Opus Dei está plagado de razonamientos sólo aparentemente concluyentes, los que en la terminología propia de la lógica filosófica se llaman “sofismas”. Pero hace falta una inteligencia de notable capacidad, es más, no basta la inteligencia de un sólo individuo por espabilada que sea, para deshacer todas las telarañas argumentativas. La única, pequeña satisfacción es que cuando uno deshace verdaderamente alguna se enfadan, y de qué manera, aunque no lo divulguen fuera de la “prelatura”.

 

Un tercer aspecto inaceptable, aparte del hecho de que eres tú quien no ha entendido nada y la reserva mental por sistema, son los “criterios sobre las lecturas”: las “publicaciones internas” no se pueden divulgar por fuera, porque “no serían entendidas”, al menos así hay que decir (pero quizás, por el contrario, precisamente porque serían entendidas muy bien). Cualquier publicación externa, en cambio, se clasifica del 1 al 6: 1 ó 2 se puede leer, 3 hay que valorarlo con los directores del propio antro, o “centro”, 4 ó 5 hace falta el permiso de los directores nacionales, para el 6 hace falta un permiso explícito del Prelado. Por tanto si, por necesidades de estudios universitarios o profesionales conviene leer uno de los libros prohibidos, o se encuentra el modo de evitarlo, por ejemplo se cambia de examen o tesis de licenciatura, o se lee solamente un resumen esterilizado, redactado por algún profesor universitario o director del Opus Dei. Sólo por citar algunos ejemplos de “6”, tenemos desde Boccaccio a Cartesio a Rousseau, de Kant a Hegel, de Marx a Engels, de Jung a Fromm, de D’Annunzio a Umberto Eco y Norberto Bobbio. En las instrucciones internas para los directores de los “centros”, de las que dan cuenta los testimonios publicados por los “ex”, se lee incluso que si un hijo de la Prelatura debiera leer sin el necesario permiso -cosa que no sucederá- publicaciones equivocadas o confusas, incumpliría una disposición expresa dictada por la solicitud pastoral del Padre, y expondría su alma a un grave peligro; si este comportamiento fuera habitual, habría que informar inmediatamente a la Comisión regional, es decir a los directores nacionales.

 

La libertad de pensamiento en el Opus Dei es como la sensación de libertad que se puede tener cuando se va en automóvil y conduce otro: no necesitas conocer el camino, y no lo aprendes, hasta el punto de que cuando debes hacer el camino conduciendo tú, probablemente no seas capaz y debas aprenderla desde el principio. Pero esta anulación del intelecto, mantenido despierto sólo aparentemente pero ocupado en otras mil prioridades, va contra la naturaleza racional que ha sido dada por Dios al hombre.

 

Una pregunta de cien millones de dólares: el que ha salido de allí ¿puede luego encontrarse en sintonía con el pensamiento de la Masonería? Si miramos al punto 833 de Camino, probablemente no. Probablemente puede, si amando la libertad de pensamiento hace caer en su interior las columnas del integrismo político y religioso y le da una patada en su interior a sus vestigios. En todo caso, atendería a la célebre definición del iluminismo de Kant: ¿El iluminismo? Es la salida del hombre del estado de infancia que él debe darse a sí mismo. Minoría de edad es la incapacidad de valerse del propio intelecto sin la guía de otro. Imputable a sí mismo esta minoría de edad, si la causa de ella no depende de defecto de la inteligencia sino de la falta de decisión y del coraje de hacer uso de su inteligencia sin ser guiado por otros. Sapere aude! ¡Ten el valor de servirte de tu inteligencia! Éste es el lema del iluminismo.

 

¿Qué se podría aconsejar, por tanto, al que ha salido de allí, pero también al que podría ser atraído, e incluso al que está dentro?

¡Muy sencillo! Están en predominio intelectual: como primera cosa extiendan sus horizontes intelectuales, tanto dentro como fuera de la Iglesia católica. ¡Tengan un poco de debate! Dense cuenta de que tanto dentro de la Iglesia católica, como fuera de su estructura jerárquica, existen otras opciones culturales. Lean atentamente, por ejemplo, los Ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola, usados por toda la Iglesia católica, en primer lugar por el Papa, excepto allí. O las obras, aunque un poco más difíciles de leer, de Kant, que vivió como profesor de filosofía en Koenigsberg (hoy Kaliningrad), capital del ducado de Prusia, en la época de Federico II, que está considerado en la historia de la filosofía como el punto más alto del iluminismo, aunque le hizo sombra el marxismo que lo consideraba filósofo “burgués”, así como el resto de la revolución francesa era considerada por el marxismo como revolución “burguesa”.

 

¿La existencia de Dios en Kant? El gran filósofo demuestra que a eso no puede llegar la razón humana si se somete a un severo análisis crítico los caminos que han sido propuestos a lo largo del tiempo, pero que tampoco se puede llegar a lo contrario y demostrar que Dios no existe, como explica en la Crítica de la razón pura. ¿La inmortalidad del alma? Lo mismo: la razón humana no puede demostrar ni cuándo ha empezado el alma ni si sobrevive después de la muerte, pero tampoco puede demostrar que no haya tenido un comienzo ni que se disuelva con la muerte. ¿El sumo bien? Si osamos adentrarnos un poco en el pensamiento expuesto por Kant en la Crítica de la razón práctica (si se me permite hacerlo) es un ente de razón, pero de eso no se deduce que exista; aunque no se pueda demostrar tampoco que no exista. ¿El fin último? Lo mismo: si nos adentramos en el pensamiento expuesto por Kant en la Crítica del juicio, es un ente de razón, pero del que no se deduce que exista, aunque tampoco se pueda demostrar de ahí que no exista.

 

La razón humana no llega a ello, con conceptos a los que se puede adherir sólo a través de la fe: no es una conclusión escéptica, es ser consciente de los límites de la razón humana, que no llega a comprender ni lo que es infinitamente grande, ni lo que es infinitamente pequeño. Pero tal toma de consciencia en el Opus Dei, leader del ala radical de la Iglesia católica, no puede ser aceptada, porque admitir que se trata de conceptos que se alcanzan sólo por la fe y no a través de la razón humana legitima el pluralismo religioso de iure, y no solamente de facto, por usar palabras del entonces card. Ratzinger[4]. En ese punto, efectivamente, la fe no será necesariamente la católica, o al menos, la versión que da de ella el Opus Dei. Al respecto en cambio aparece iluminante la posición del card. Martini[5], cuando resalta que Gandhi, por ejemplo, ha recorrido el camino de un hindú, el camino hacia Dios, al que Jesús nos conduce a los cristianos.

 

Por tanto es distinto a la búsqueda de la sabiduría interior: es todo lo contrario, por esto se puede hablar de “ignorancia voluntaria” en la que permanece el intelecto. Y está bastante lejos también  san Ignacio de Loyola, fundador de los jesuitas, cuando dice que la escritura supone que tenemos intelecto[6].

*

5. Fanatismo religioso

 

Los despiadados análisis de los “ex” “miembros”, aparte de la curiosidad que suscitan, en muchos casos se puede no entender el sentido, por al menos tres tipos de razones: 1) dan una visitón totalmente negativa, y limitada a la perspectiva de los miembros “numerarios” y “numerarias”, los que no se pueden casar, viven en los “centros”, realizan estudios de filosofía y teología eclesiástica y llevan la “dirección espiritual” de “supernumerarios” y “supernumerarias”, que en cambio pueden casarse y viven con sus familias; 2) provienen de los mismos que hasta el día anterior habían formado parte activamente de la “prelatura”; 3) critican, a menudo sin realizar propuestas alternativas, aspectos que constituyen característica común con ésta o aquélla  realidad  de la Iglesia católica, que por tanto no interviene.

 

Por tanto trataremos de alejarnos de estas tres actitudes.

 

5.1. Castidad

 

¿Cómo se vive la sexualidad? Ya en el 700 san Alfonso María de Ligorio ponía en guardia contra el rigorismo en materia de moral, afirmando que a las almas les causa mucho daño la rigidez. En nuestros tiempos, el card. Martini, jesuita, además de tener los ojos más inteligentes que yo haya podido ver, con casi treinta años, está considerada la voz más autorizada del ala moderada de la Iglesia, la que, según las afirmaciones aparecidas en los periódicos, en el cónclave del 2005  mantenía al candidato minoritario con 50 votos contra 70, pero que tras varias “fumatas negras” no quiso arrebatar al card. Ratzinger la mayoría cualificada de 80 votos de 120 necesarios para la elección a Papa, para evitar que un alargamiento del cónclave manifestara con demasiada evidencia las divergencias de los planteamientos en el seno de la Iglesia católica.

 

En el tema de la sexualidad, en el capítulo 2. de las citadas Conversaciones nocturnas en Jerusalén el card Martini escribe que En la preparación para la elección del último papa hemos discutido abiertamente entre los cardenales los problemas que lo esperaban, a los que debía dar una nueva respuesta. Entre ellos, en mi opinión, figuraban la relación con la sexualidad y la comunión a los divorciados vueltos a casar. Y que no podemos fingir que no vemos cómo la Iglesia en los últimos decenios ha perdido a muchos jóvenes. En el capítulo 5. escribe también que Con la encíclica Humanae vitae de Pablo VI (la que prohibió los anticonceptivos), muchas  personas se han alejado de la Iglesia. Después de ella, los obispos austriacos y alemanes, y muchos otros obispos, han seguido, con sus declaraciones de preocupación, una orientación que hoy podemos sacar adelante: 40 años de distancia podrían permitir una nueva visión. Estoy firmemente convencido, sigue textualmente, de que la dirección de la Iglesia puede mostrar un camino mejor, recuperando credibilidad y competencia, si sabe admitir los propios errores y la limitación de los propios puntos de vista de ayer. Y además: La Biblia limita de manera evidente los mensajes sobre la sexualidad. De cara al adulterio traza una línea clara, y es clarísima también respecto a la violencia sobre las mujeres.

 

Por el contrario, en el Opus Dei, como revela elegantemente Dan Brown en el capítulo 15 de El código da Vinci, los numerarios célibes, pero también los supernumerarios casados deben fielmente negarse toda licencia sexual, incluso autosuministrada.

 

La hipótesis es que el hombre se distingue de los animales porque está dotado de inteligencia, por tanto puede comprender que el sexo tiene por naturaleza la función de ser un instrumento para la procreación. Por tanto cualquier uso del sexo realizado fuera de esta finalidad es pecado, y pecado grave. Como he sentido explicar de modo poco delicado por un numerario, sería como usar una bombilla para metérsela en el estómago: la bombilla está hecha para iluminar, no para metérsela ahí.

A un razonamiento así se podría replicar entonces que si los pies tienen por naturaleza la función de ser un instrumento para caminar, por tanto el automóvil, el tren o el avión son pecado, y pecado grave, ya que apartan a los pies de la importante finalidad que les ha sido asignada por la naturaleza.

 

En todo caso, la consecuencia es que los numerarios y las numerarias deben negarse completamente a toda y cualquier permisión sexual, incluso autosuministrada, y deben evitar cualquier posible contacto con personas del otro sexo, sobretodo con numerarios o numerarias del otro sexo, o con las numerarias auxiliares, las que dedican su vida a limpiar suelos, servir la mesa y fregar platos, para prevenir cualquier posible tentación. Supernumerarios y supernumerarias pueden usar de los dones de Venus, como los llamaba Catulo, solamente para procrear, salvo excepcional autorización para seguir la doctrina del doctor Ogino-Knaus, y se les presiona para formar una familia numerosa, a ser posible con 8, 10, 15 ó 50 hijos.

 

Incluso la palabra “castidad” no se usa, quizás haga falta distinguirse del resto de la Iglesia: se llama “pureza”, es más, “santa pureza”, como el título del capítulo 4 de Camino, así se le une al versículo del evangelio bienaventurados los limpios de corazón porque verán a Dios (Mt 5, 8), como si la pureza de corazón fuera algo que está relacionado únicamente con el uso de los órganos de la procreación: sin embargo éste es el argumento principal alrededor del cual gira el 99% de las lecciones de moral impartidas en los “medios de formación” del Opus Dei.

 

Por tanto, para ser claros, el estudiante modelo que una hora después de haberse masturbado muere atropellado por una moto, o el profesional integrísimo que muere en un accidente de tráfico por la mañana después de haber practicado con su mujer un coitus interruptus coronado con una masturbación final, está condenado al infierno, mientras Hitler o Stalin, si han tenido  la rapidez para confesarse un momento antes de morir, tienen acceso al menos al purgatorio. Velad pues, porque no sabéis ni el día ni la hora (Mt 25, 13). Es una realidad dura de aceptar, pero lamentablemente es así... te explican.

 

Estamos en las antípodas del card. Martini. Incluso el Papa Ratzinger, dando un paso más, comenta un versículo de san Pablo, para quien el fuego probará la calidad de la obra de cada uno. Si la obra construida sobre el fundamento resiste la prueba, el que la hizo recibirá la recompensa; pero si la obra es consumida, se perderá: sin embargo su autor se salvará, como quien se libra del fuego (I Cor 3, 15). Y el comentario del Papa es que como el paraíso está reservado a personas purísimas, que se han dejado impregnar completamente de Dios  y, por consiguiente, están totalmente abiertas al prójimo, así el infierno estará reservado a personas que han vivido para el odio y que han pisoteado en ellas mismas el amor, así en algunos casos de nuestra propia historia podemos distinguir con horror figuras de este tipo[7].

 

Análogamente, en cuanto al número de los hijos, el card. Martini escribe que hace falta una responsabilidad consciente frente al número de hijos: ¿puedo asumir la responsabilidad de traer  al mundo un hijo o no?[8]. Por tanto, también en este aspecto además de la sexualidad en general, estamos en las antípodas del card. Martini.

 

5.3. Pobreza.

¿Cómo se vive la pobreza? Los peregrinos y turistas que van bajo la Basílica inferior de Asís para visitar la tumba de san Francisco, se quedan impresionados por el trozo de piedra gris que guarda los restos mortales del santo y representa a lo largo de los siglos una bofetada al uso desmedido del dinero, que recuerda a todos que aún hoy amplios sectores de la población mundial viven en condiciones de miseria, y que hasta hace poquísimos siglos, incluso en los países occidentales un pequeño círculo de personas adineradas vivía junto a una gran mayoría de la población en condiciones de miseria.

 

Sin embargo, sobre este aspecto no se puede compartir lo que refiere Dan Brown en el capítulo 5 de El código da Vinci, para quien Murray Hill Place, la nueva sede nacional en USA, en el corazón de Manhattan, habría costado 47 millones de dólares, y que el obispo Manuel Aringarosa, es decir el obispo prelado Javier Echevarría, vivía en la sede de New York. El habitual centralismo americano. No es exacto, al menos por dos tipos de consideraciones: la primera es que, según los testimonios publicados por los “ex”, solamente el valor declarado a Hacienda sería de 70 millones de dólares, y no únicamente 47, a lo que se añaden adornos y decoración. La segunda es que la sede mundial, donde vive el obispo prelado, está en Roma, y es mucho más grade, ya que ha sido construida a partir de un palacio que ocupa una manzana entera del lujoso barrio Parioli.

 

Los peregrinos que acuden al pequeño trozo del palacio al que se accede desde el número 75 de viale Bruno Buozzi, que es la dirección central oficial del Opus Dei, aunque fuera no haya nada escrito, y descienden a los planos inferiores para visitar la tumba de Escrivá, se quedan impresionados por la ostentación de mármoles relucientes que hay junto a la “iglesia prelaticia”, donde el altar se apoya sobre una caja que contiene la tumba de plata adornada de bajorrelieves que guarda los restos mortales del santo y que representa, para el resto de los siglos, unida al resto del palacio, que incluye amplias zonas de representación prohibidas a los propios numerarios, una verdadera bofetada a la pobreza franciscana.

 

¿Pero cómo? ¿Y no dicen que el Opus Dei no posee nada, y que sus miembros constituyen una “familia numerosa y pobre”?

 

Es verdad. Pero, también esta vez, sólo en sentido jurídico: ya que no tienen nada registrado a su nombre. Centros, actividades culturales, residencias universitarias, editoriales, todo está registrado y gestionado a través de una constelación de entes y asociaciones, en las cuales no escapa un céntimo de euro a los ojos vigilantes de los numerarios: esto hace la estructura, como se ha subrayado, 1) invisible a las instituciones del gobierno y locales que deseen conceder una ayuda de tipo financiero - 2) permitiría escapar a las leyes nacionales si un estado cualquiera debiera confiscar un día los bienes eclesiásticos - 3) hace invisible la estructura a los que son invitados a frecuentar alguna actividad cultural, o que están alojados, por ejemplo, en una residencia universitaria para estudiantes procedentes de ciudades distintas a donde se encuentra la universidad: obviamente, a la invitación a las actividades culturales sigue poco a poco la invitación a las actividades de “formación espiritual”, y comienza el recorrido del reclutamiento.

 

Por ejemplo en Italia, como ha sido referido en los testimonios publicados por los “ex”, la financiación decidida en 2005 por el entonces ministro de la Universidad para incentivar la realización de nuevos alojamientos y residencias para universitarios, en 18 casos sobre 40 instituciones financiadas, acabó por subvencionar “iniciativas apostólicas del Opus Dei”, dos de las cuales ni siquiera realizan la función de centros de alojamiento para estudiantes, pues están habitadas exclusivamente por numerarios. En 2007 la ley financiera había previsto una reducción de las contribuciones estatales destinadas a los colegios universitarios, pero esa financiación se renovó por parte del actual Gobierno con la ley nº 1 de 2009.

 

En todo caso, el sistema de recogida del dinero, al que se ha aludido hablando del periodo en que estaba tomando forma la “erección” de la prelatura, está detalladamente organizado, tanto que hay quien ha comparado este tipo de institución con una especie de “agujero negro” que fagocita todo el dinero que gira a su alrededor: además de la financiación pública obtenida a través de un uso atentamente estudiado de las leyes de los estados, está el patrimonio completo de numerarios y numerarias, que no pueden tener nada propio, exactamente como un monje de clausura, y tras un cierto número de años están moralmente obligados a hacer testamento a favor de entes o asociaciones controlados por la prelatura. Además está una buena tajada del patrimonio de los supernumerarios, que están obligados a una aportación mensual mínima proporcional al coste del mantenimiento de un hijo, pero son objeto de solicitud de aportaciones extraordinarias para iniciativas particulares, y a las que por otra parte nadie puede impedir que contribuyan posteriormente, en proporción a la propia “generosidad”. Además está el llamado “apostolado de pedir”, o sea la constante petición de aportaciones económicas también a los de fuera: id, que no os frene la vergüenza, y pedid opportune et importune, por usar una expresión de san Pablo, las aportaciones llegarán a la primera petición, a la segunda, o a la décima, pero llegarán. Además están los simples “cooperadores”, que no son miembros efectivos, no están obligados al régimen de vida de los supernumerarios, pero están obligados a contribuir económicamente, a cambio de oraciones, sufragios e indulgencias que podrán abreviar su periodo de permanencia en el purgatorio después de la muerte, al menos esta es la hipótesis planteada.

 

Como la palabra “castidad”, tampoco la de “pobreza” se usa, quizás es necesario distinguirse del resto de la Iglesia católica: se le llama “desprendimiento”, para mantener una mejor  relación con los ingentes bienes materiales lo que caracteriza la vida del que reside en centros de la Obra, en buena parte de los casos dan envidia al palacio real de Versalles y a los chateaux del Loira, o en las lujosas mansiones de muchos supernumerarios, mientras de la opción preferencial por los pobres, característica del cristianismo, no se oye hablar.

 

5.3. Obediencia

 

¿Cómo se vive la obediencia? También en este caso la distinción del resto de la Iglesia católica está destacada por un juego lingüístico: efectivamente, en el resto de la Iglesia católica la sumisión de la voluntad característica de la obediencia viene marcada por la expresión “obedecer usque ad cadaverem”. Por el contrario, Escrivá solía repetir que no quería cadáveres, los enterraba, y usaba la expresión “obediencia inteligente”, para indicar que uno debe esforzarse por asimilar contenidos y significados de la orden recibida, llamada “indicación, y transformarla en una decisión propia.

 

Significa que no basta con obedecer por el hecho de que forma parte del camino que se ha emprendido, pisoteando la propia voluntad individual, sino que se pretende que también que uno  pisotee el propio intelecto, esforzándose por entender que las rosas pueden ser negras, la nieve puede ser rosa, la tierra puede no girar en torno al sol: es el sol el que gira alrededor de la tierra, es más, todo el universo hasta las más remotas galaxias, es más, la propia tierra se mueve por ella misma, pero en relación a la posición del “Padre”, el obispo prelado; si, por ejemplo, él va en automóvil, es la carretera la que se mueve bajo sus pies, y con ella la tierra, el sol y todo el cielo estrellado.

 

Respecto a la obediencia en todo caso ya se ha hablado: en respuesta a la interpelación parlamentaria de 1986 sobre la aplicabilidad al Opus Dei de la ley 17/82, la que dispuso la disolución de la P2, el entonces ministro del Interior, basándose en las declaraciones unilaterales de ellos, concluía que el deber de la obediencia compete exclusivamente a materias espirituales. Y ya se ha dicho que el deber de la obediencia compete al aspecto moral de toda y cualquier acción humana.

 

El mecanismo de control es sorprendentemente simple: una conversación semanal de veinte minutos, llamada en italiano “colloquio” y en español “charla”, con el propio superior directo u otro superior encargado, que todos los numerarios y supernumerarios deben tener, que tiene por objeto “cómo se han vivido” los aspectos sobre los que se ha hablado anteriormente y los que se dirán a continuación, así como la comunicación de las “indicaciones”, es decir de los mandatos, para la semana siguiente.

 

5.4. Fe

 

¿Cómo se vive la fe cristiana? El card. Martini recientemente ha comentado un relato de los Hechos de los Apóstoles en que san Pablo previene de las “doctrinas perversas”, diciendo que “incluso en medio de nosotros surgirán algunos que enseñarán doctrinas perversas para atraer discípulos tras de sí” (Act 20, 30). El comentario es que Para nosotros hoy una doctrina perversa es la que exagera las exigencias de la santidad, y la que impone acciones de ascética y devociones absurdas, casi heroicas, sobre las espaldas de la pobre gente[9]. Y Kant en el libro El fin de todas las cosas plantea incluso la posibilidad de que el fin de todas las cosas se realice con la llegada del Anticristo, es decir, con la imposición del cristianismo sobre la base de un autoritarismo imperioso y la pérdida de la “amabilidad moral” que le es característica.

 

Mucho se ha discutido sobre el “plan de vida” o “plano de tu santidad”, como se le llama en Camino, es decir, sobre las costumbres de vida que deber ser observadas por los supernumerarios y sobre todo por los numerarios, semejantes a los de una monja de clausura. Más allá de la indudable curiosidad que tales costumbres suscitan, no me parecen sin embargo el problema principal. Uno será quizás libre de rezar en latín, de besar el suelo con el trasero por arriba cuando se levanta por la mañana, de arrodillarse con los brazos en cruz antes de ir a dormir, de asistir a Misa y comulgar todos los días (en latín, si no participan personas ajenas a la prelatura), de rezar en rosario todos los días (también en latín, pero sólo si no hay personas ajenas presentes), de rezar cada martes por la mañana el salmo II (que al parecer constituía el himno de batalla de los caballeros Templarios), de confesarse al menos una vez a la semana, de saludar a sus “hermanos” con el augurio “pax” al que se responde “in aeternum” (se recomienda decirlos en voz baja), de llamar a los “hermanos” “personas de casa”A para distinguirlos de quien “no es de casa”, de llamar “nuestro Padre” al fundador y “Padre” al prelado, de dormir sobre una tabla de madera sin el colchón (sólo si es mujer: los numerarios varones duermen en cómodas camas de una plaza y media), de ducharse con agua fría todas las mañanas, de llevar el cilicio al menos dos horas al día, o de azotarse el trasero una vez a la semana. ¿O no? También el Papa dice la Misa en latín, también los fieles de otras religiones rezan con la cara pegada a la tierra, también los que pertenecen a las órdenes religiosas y movimientos practican, unos más y otros menos, mortificaciones corporales, también los masones, como cuenta Dan Brown en el prólogo de la novela El símbolo perdido, beben vino en un cráneo.

 

Son cosas de nuestra vida privada, se lamentan los del Opus Dei cuando se habla de ello: cierto, pero ellos entran en la vida privada de las personas, y hasta el fondo.

 

A mí la cosa más curiosa me resulta el hecho de besar el suelo donde camina el “Padre”, o sea el prelado: esto lo he oído decir al escapársele a un joven numerario, que en una fracción de segundo ha sido mandado callar por su director, que lo ha reprendido en voz baja, recordándoles que se trata de una devoción personal y voluntaria de los colaboradores directos del “Padre”: por tanto, se puede suponer que sea verdad. Bien, pero debe ser el máximo del placer tener personas que besan el suelo por donde caminas, mejor que beber vino en un cráneo, es un índice de total sumisión, debe dar una satisfacción semejante a la de un magnum de Krug desmigajado, lleno de burbujitas.

 

Sin embargo, estos aspectos no parecen compartidos por lo que relata Dan Brown en varios momentos de El Código da Vinci: el cilicio pincha, pero no provoca heridas, está reservado a los numerarios, no se usa en absoluto fuera de los “centros”, y en el interior de los centros, al menos para los no sacerdotes, se pone “solamente” durante dos horas al día, además de los momentos en que uno realiza “actividades formativas”, y con la excepción de los días de fiesta según el calendario litúrgico interno. La disciplina, es decir, el latiguito de cuerdas con el que se azotan el trasero una vez a la semana en recuerdo de la flagelación de Nuestro Señor (los sacerdotes también después de cada sesión de confesiones), está reservada a los numerarios, no debe reforzarse con instrumentos de tortura adecuados para provocar sangre, esto lo hacía sólo el fundador. Por tanto lo que refiere Dan Brown no es exacto: se puede dormir boca arriba, como ha dicho el “Padre”, es decir el obispo prelado” en una entrevista televisiva en la época de la publicación del libro.

 

En el fondo, la práctica de mortificaciones corporales pueden ser vistas simplemente como una especie de sado-maso al contrario, dirigidas no a aumentar, sino a prevenir la excitación sexual, y, como tal, efectivamente forman parte de la vida privada. En segundo lugar, probablemente también un religioso debe pedir permiso para tomar una aspirina, también un miembro célibe de uno de los “movimientos” de la Iglesia católica no puede tener a su nombre ni siquiera un automóvil, y ambos, por una tradición milenaria, son alejados de su familia de origen. Por tanto, sobre todos estos aspectos, las críticas aparecen un poco fuera de sitio: no parece que en el plan de vida haya puntos que puedan despertar mayores perplejidades.

 

Lo que en cambio puede dejar perplejo es ese plan de vida, es que internamente está prohibido informarse de otras realidades de la Iglesia católica, e incluso referir experiencias de otras espiritualidades (como está expresamente indicado en los “Cuadernos” de instrucciones internas): incluso los Ejercicios espirituales de san Ignacio de Loyola, fundador de los jesuitas, español como Escrivá pero vasco, usados durante centenares de años en toda la Iglesia católica, son totalmente desconocidos y completamente desfigurados: basta ver cómo se enfadan cuando un numerario, pero también un supernumerario, o aún peor un estudiante en fase de reclutamiento, va a confesarse con un sacerdote de fuera, especialmente si es fraile, especialmente si es jesuita.

 

Incluso los modos de rezar están canalizados únicamente hacia un diálogo mental imaginario del hombre con Dios, y de hecho está excluida toda forma de oración alternativa común a las otras realidades de la Iglesia católica, como el silencio interior de quien reflexiona en la propia mente y encuentra el camino para limar los propios defectos y asperezas por el camino de un equilibrio moral semejante al que debería distinguir al que está llamado a tomar decisiones según la justicia: ¿existe quizás el riesgo de que alguno se ponga a pensar? También en este caso la posición del card. Martini está en las antípodas: La oración más auténtica y más completa, según la Biblia, es la contemplación libre y espontánea de Dios, es la alabanza de su grandeza, pero no se le pide nada a Dios ni se le agradece por ningún motivo concreto, se le exalta por el solo hecho de existir[10]

 

5.5. Caridad.

 

¿Cómo se vive la caridad cristiana? Probablemente sean pocos los que no queden fascinados por el canto de las Clarisas de clausura procedentes de detrás de la reja que las separa del mundo, durante una de las celebraciones litúrgicas abiertas al público, o del canto de la Salve Regina de los monjes Benedictinos a las cinco de la tarde en el santuario que hay a la entrada de la iglesia que precede al enorme monasterio de Einsiedeln, en Suiza alemana. Pero a nadie se le pasa por la cabeza acusar a las Clarisas, o a los Benedictinos, por el riguroso régimen de vida a que se someten.

 

¿Entonces porqué hacerlo con el Opus Dei? ¿Acaso no son libres de pegarse en el trasero con un latigo o de besar donde quieran? El problema es que no se quedan tranquilos en sus centros golpeándose en el trasero, o arrodillándose ante una hostia consagrada entre humos de incienso y cantos gregorianos en latín.

 

Uno de los aspectos más discutidos, y sobre el cual los testimonios de los “ex” son absolutamente unívocos, es la connotación esencialmente proselitista que la caracteriza, pero un proselitismo oculto, lo que es un elemento esencial constitutivo. Hemos visto en el capítulo anterior cómo uno es atraído; hemos visto algunos de los puntos de meditación que atraen por la grandeur de horizontes que suponen; hemos visto que estudiantes y adultos son inducidos en el plazo de pocos meses hacia la perspectiva de una verdadera y propia vocación. De los testimonios publicados por los “ex”, graves, concretos y concordantes, como tales por tanto, como dicen los juristas, constituyen una prueba, surge sin posibilidad de equívoco que la naturaleza misionera o proselitista del cristianismo, volcada a abrir la posibilidad de la fe cristiana a quien no la conoce, está unívocamente orientada al reclutamiento de nuevos miembros, actividad impuesta poco a poco a los numerarios y supernumerarios, sin exclusión, aunque los supernumerarios casados la ejercitan de manera menos agresiva, y sólo a los numerarios les viene impuesta como su verdadera y propia actividad profesional. A propósito, como en los ejemplos puestos en algunos de los párrafos anteriores, también la palabra proselitismo, o impulso misionero, usada en el resto de la Iglesia católica, no se usa en el mismo plano terminológico; en este caso, la palabra a emplear es “apostolado”, como se le llama también en los últimos capítulos de Camino.

 

Este aspecto constituye la prioridad absoluta, si se relee el punto nº1 de Camino con esta clave de lectura: Que tu vida no sea una vida estéril. -Sé útil. -Deja poso. -Ilumina, con la luminaria de tu fe y de tu amor. Borra, con tu vida de apóstol, la señal viscosa y sucia que dejaron los sembradores impuros del odio. -Y enciende todos los caminos de la tierra con el fuego de Cristo que llevas en el corazón, es decir de numerario. Y también si se relee el punto nº 1 de Forja: Hijos de Dios. - Portadores de la única llama capaz de iluminar los caminos terrenos de las almas, del único fulgor, en el que nunca podrán darse oscuridades, penumbras ni sombras. -El Señor se sirve de nosotros como antorchas para que esa luz ilumine... De nosotros depende que muchos no permanezcan en tinieblas, sino que anden por senderos que llevan hasta la vida eterna: los de numerario. Al comienzo de Camino el Prólogo del Autor muestra también el intento de actuar sobre el subconsciente del lector: Lee despacio estos consejos. Medita pausadamente estas consideraciones. Son cosas que te digo al oído, en confidencia de amigo, de hermano, de padre. Y estas confidencias las escuchas Dios. No te contaré nada nuevo. Voy a remover en tus recuerdos, para que se alce algún pensamiento que te hiera; y así mejores tu vida y te metas por caminos de oración y de Amor. Y acabes por ser alma de criterio, es decir un numerario o si acaso un supernumerario.

 

Por tanto esto se considera el aspecto más peligroso. Los otros serían casi inocuos si se limitasen a los miembros que espontáneamente se le adhieren. Que se le prefiera calificar como apostolado,  impulso misionero, proselitismo, reclutamiento o seducción, el problema es que creen ejercitarlo por el bien del prójimo: si el bien más grande que tienes es la vocación que has recibido de Dios, ¿qué mayor acto de caridad que abrir esta posibilidad también a los demás? Están enamorados de la grandeur de horizonte de que hemos hablado, y algunos incluso piensan que quienes han sido puestos en su camino han sido puestos por Dios en el camino de la “vocación al Opus Dei”, y por tanto se encuentra en condiciones de entrar: él quiere entrar, pero no sabe todavía que lo quiere... ¡éste es el punto de vista! Y atención, que la técnica ha sido totalmente establecida por el fundador: por ejemplo, cuando uno está preguntándose si aceptar entrar, el consejo de Escrivá es que en este periodo de transición, hay que ser prudente al imponer e incluso manifestar las obligaciones que nuestra gente tiene.

 

¿A quién se dirige la actividad del reclutamiento? Esencialmente a reclutar profesionales establecidos para la categoría de los supernumerarios (la cumbre de todas las actividades humanas de que se ha hablado al principio), y estudiantes de bachillerato o universitarios de calidad intelectual superior a la media, mejor si pertenecen a familias acomodadas, para los destinados al papel de numerarios. En las Constituciones de 1950, nunca publicadas, pero todavía en vigor por razón de la referencia actuada en los Estatutos de 1982, en el art. 3 se lee que el fin específico de los miembros del Opus Dei es ocuparse para que la llamada clase intelectual se adhiera a los preceptos de Cristo Nuestro Señor y los ponga en práctica. Por tanto está reservada una atención privilegiada a los intelectuales, que muy frecuentemente acaban por asumir papeles directivos en el ámbito de la sociedad civil.

 

Desde este punto de vista, en toda ciudad y en cada país, se contacta con la cúpula de la política, fianzas y mass media en la “labor de san Gabriel”, de reclutamiento de supernumerarios.  El mismo Escrivá escribía que bancos, compañías aseguradoras, actividades económicas, yo querría que fuesen mil veces más de las que son, y espero sólo que tomen cuerpo lo antes posible. Por lo demás, un cristianismo tan “exclusivo” parece particularmente adecuado para hacer presa sobre personas en la cúpula de la sociedad, porque “no es cosa de todos”, “la gente”, es decir el vulgo, “no entiende ciertas cosas”. Los otros cristianos, los de las parroquias y las diócesis, los movimientos y las órdenes religiosas, son una especie de “profanos”, que no están en condiciones comprender ciertas cosas sublimes.

 

En cuanto al proselitismo juvenil, llamado “labor de san Rafael”, orientado al reclutamiento de los numerarios, en los mejores institutos y universidades se acumulan los estudiantes más despiertos, que pueden ser reclutados a todos los efectos, de hecho, desde la edda de 14 años, aunque en términos jurídicos tendrán la clasificación de simples “aspirantes” para eludir la normativa eclesiástica que para la incorporación jurídica verdadera y propia se requiere el cumplimiento de la mayoría de edad y, mientras sean menores de edad, están obligados a no manifestar su pertenencia al Opus Dei a sus propios padres. Entre los jóvenes, están claramente casi predestinados los numerosos hijos de los supernumerarios, que son encaminados a las actividades culturales y espirituales desarrolladas por los numerarios que viven en los centros de la prelatura ya desde los primeros años de edad, y se encuentran rodeados por el insaciable “anhelo apostólico” (en español afán de almas) de los numerarios por una parte y de los celantes padres por otro.

 

En cambio no es deseable, el que está separado, divorciado, sin trabajo o en dificultades económicas o en los estudios, ni el que está considerado cercano a la Masonería o a otras realidades de la Iglesia católica, porque puede enfrentarse, con el doble inconveniente de que difícilmente entrara y al mismo tiempo se corre el riesgo de que influencie negativamente a quien lo quisiera hacer entrar.

 

Se ha visto en el apartado “pobreza” que los centros no aparecen al exterior como tales: residencias universitarias, centros culturales, actividades deportivas y recreativas, encuentros y seminarios de estudiantes, aunque gestionados por numerarios, como máximo llevan a pie de página una pequeña indicación en los folletos informativos, que explican que se pueden desarrollar actividades de formación espiritual confiadas al Opus Dei. La técnica utilizada es la de invitar a profesionales y estudiantes a actividades deportivas y culturales de varios tipos, para después hacerles participar en “actividades formativas” dirigidas por sacerdotes o miembros de la prelatura, según esquemas preestablecidos sobre temas a tratar a lo largo del año.

 

Esa técnica ha sido llamada por el propio Escrivá como “plano inclinado”, en la que las características de la “vocación” se proponen, explican y hacen poner en práctica una cada vez, de modo que uno vaya subiendo gradualmente; o bien como la técnica de la “caña de pescar”: el pescador cuando el pez muerde el anzuelo, no debe tirar de golpe, de otra manera el sedal se rompe, debe tirar poco a poco; según vaya haciendo falta, si el pez se agita, debe soltar un poco de hilo, para después volver a tirar un poco cada vez, hasta que poco a poco el pez es sacado fuera del agua. Un verdadero y propio marketing religioso, en que conviene hacer entender al potencial adquirente que el producto que se le quiere colocar es precisamente el que él está buscando y el que necesita, de otro modo no lo compra.

 

No debe pensarse que sea fácil resistir: está su actividad profesional, hay toda una serie de preguntas y respuestas preparadas, tienen “fichas de experiencia” recogidas sobre millares de casos similares, archivos organizados detenidamente sobre todas las actividades en que uno participa y todas las objeciones que uno manifiesta. Si uno de los reclutadores recibe una objeción a la que no sabe responder, habla de ella en la “charla semanal” con su “director”, que le explica cómo replicar, y si él tampoco lo consigue, sube y sube, hasta el obispo prelado y sus consejeros, si hiciera falta... Y después, es una realidad que ha obtenido el respaldo DOCG de la Iglesia católica ¡por favor! Y uno no se da cuenta de dónde se está metiendo.

 

Las mismas “actividades formativas”, llevadas alternativamente por sacerdotes y laicos, se efectúan sobre la bese de argumentos y señales rigurosamente preestablecidas, cuyo único espacio dejado a la fantasía de quien desarrolla la actividad es: a) el de poner ejemplos que apliquen los principios que se exponen, de forma que parezca una exposición original (por ejemplo, en cierto momento citar el punto tal de tal de Camino e ilustrarlo con ejemplos), b) insertar referencias a medida para alguno de los que escuchan (por ejemplo, si alguno ha dicho que está leyendo las obras de tal Papa o tal santo, se explica la importancia de la lectura de los escritos del fundador).

 

¿Qué hacer para resistir? También sobre esto los testimonios publicados y las webs de internet son unívocos: la recete es una sola: huir por piernas, y decir sin tantos medios palabras, a quien te persigue que deje de fingir. ¿Y qué deben hacer los padres si sus hijos se arriesgan a quedar enredados bajos sus narices? No basta con invitarles a reflexionar bien para que puedan resistir a tal seducción, porque ya tienen la impresión de reflexionar e invitarles a reflexionar sólo sirve para reforzar en ellos la atracción a la que se dirigen. Es necesario que pongan en práctica el mismo consejo que Escrivá daba para prevenir correrías amorosas o desviaciones de otro tipo por parte de los numerarios: estar de vuelta, llegar a tiempo, y saber de trigonometría, es decir tener los ojos abiertos, llegar a tiempo y saber efectuar las oportunas triangulaciones, sin expresar nunca el propio consentimiento, es más, teniendo cuidado de negar expresamente el consentimiento acerca de la pertenencia de los hijos, aunque sean mayores de edad.

 

¿Pero cuántos se van de ahí? Probablemente se trata de la realidad de la Iglesia católica que puede presumir del mayor número de defecciones. Los testimonios publicados por los “ex” concuerdan al defender que el número de los que salen, sobre todo numerarios y numerarias entre los 30 y los 40 años, está creciendo en todo el mundo. Efectivamente, la expansión iniciada en España después de la guerra civil a finales de los años 30; en 1975 a la muerte del fundador, los miembros declarados eran 62.000 y ahora son en torno a los 85.000.

 

Por tanto, a pesar de la matriz exasperantemente proselitista y el vivero de “vocaciones” constituido por los hijos de los supernumerarios, el crecimiento no es en progresión geométrica, ni siquiera aritmética: con un análisis elemental de los datos apenas proporcionados, en los 39 años del 1975 hasta hoy se tiene un incremento medio de menos de 666 miembros al año, el número de la “bestia” del Apocalipsis, poco más de un tercio. Un verdadero desastre, diría Escrivá: que deja suponer que la parábola de la expansión numérica comience el descenso.

 

Hay que añadir la calidad de las defecciones: no solamente personajes famosos como el senador Marcello Dell’Utri en Italia o el filósofo Raimon Panikkar en España, sino en torno a 1972 incluso el jefe de la organización para Italia, circunstancia que hizo decir a Escrivá que “se consideraba un fracasado” en Italia, y, parece, en los años 50 incluso el brazo derecho original de Escrivá. Claramente el que sale, según la versión que cuentan de él, es porque no consigue vivir una vocación tan exigente... que lo sigan creyendo, si les gusta.

 

En todo caso, no hay elementos suficientes para suponer que la estructura haya agotado su función histórica: en primer lugar, los datos oficiales no son verificables, en segundo lugar, continúan formando parte personajes de relieve, también en las altas jerarquías eclesiásticas. En todo caso los 85.000 miembros actualmente declarados están concentrados geográficamente en el 90% en España y América latina, donde disputan el campo a la teología de la liberación. Fuera de esta área, una presencia significativa se registra sólo en Italia con 4.000 miembros, y unpoco en los Estados Unidos, con 3.000, mientras su presencia es numéricamente irrelevante en el resto de Europa y del mundo.

 

En Italia, las ciudades donde se desarrolla son más que nada Milán (corazón económico de la nación, donde tiene la sede la dirección para Italia), Roma (donde tiene la sede la dirección mundial, cerca del Papa y de la cúpula de la Iglesia católica), y Palermo (donde tiene sede una delegación de la dirección nacional). En cambio no parece que arraigue con facilidad en una ciudad donde esté radicada una significativa cultura laica o una significativa realidad católica local con la que entrar en competencia.

 

En los países de lengua española se discute mucho de la presencia de ministros que pertenecen al Opus Dei en los gobiernos de Franco en España, Pinochet en Chile y Videla en Argentina (quien será famoso en los libros de historia por el desconcertante fenómeno de los desaparecidos). Incluso hay quien ha testimoniado de haber oído personalmente a Escrivá calificar a Hitler y la II guerra mundial como una cruzada contra el marxismo. En Italia, actualmente se refiere como miembro supernumerario, entre otros, al senador relator del proyecto de ley sobre el testamento biológico, dirigido a limitar el derecho de autodeterminación reconocido por la jurisprudencia de la corte de casación italiana.

 

Otro aspecto que puede suscitar desconcierto es que, según los testimonios publicados por los “ex” numerarios, la planta cuarta de la clínica psiquiátrica de la Universidad de Navarra está reservada a los numerarios y numerarias que están en crisis de duda en orden a su propia vocación, para que acepten la propia condición como una enfermedad mental que hay que recibir como una prueba divina. Hay quien observa que en esto, la cúpula del Opus Dei tendría en común con los teóricos del estalinismo la idea de que la desviación ideológica sea una enfermedad mental. Ahora que en Roma ha sido abierta en 2006 la clínica universitaria Campus biomedico romano, la misma “idea” probablemente podría ser importada a Italia.

 

Los mismos testimonios refieren además que se empiezan a divulgar, a pesar del esfuerzo de ocultación realizado por parte de la cúpula, además de frecuentes frustraciones, depresiones y abandonos, también un creciente número de suicidios o de tentativas de suicidios, situaciones sobre las que las informaciones crecen a medida que aumenta el número de los “ex” numerarios dispuestos a contar los sucesos en los que han estado presentes.

 

5.6. A.O.P.

 

La sigla es del “apostolado de la opinión pública”, es decir relaciones con la prensa y los medios de comunicación, otra actividad para ejercitar profesionalmente y de importancia esencial para una realidad que ya desde sus comienzos ha suscitado una fuerte perplejidad tanto dentro como fuera de la Iglesia católica.

 

Los encargados de este delicado “apostolado”, además de tratar de reclutar periodistas para la “vocación” a la prelatura, hacen de las respuestas a las críticas la propia actividad profesional. El director mundial de este sector neurálgico era Joaquín Navarro Valls, antes de ser nombrado portavoz de la Santa Sede por Juan Pablo II, cargo que ha mantenido hasta el 2007, cuando el papa Ratzinger sorprendentemente lo ha sustituido por el padre Federico Lombardi, jesuita.

 

También el sector AOP está dotado de un consumado repertorio de respuestas a las críticas, que vierten frecuentemente sobre argumentos similares entre si, y también en este caso si un encargado del AOP no tiene la respuesta preparada, una vez más se consulta, más y más arriba, hasta al obispo prelado y a sus consejeros, para unir la inteligencia en defensa de la institución.

 

Las críticas procedentes de fuera de la Iglesia católica, habitualmente son neutralizadas tratando de mostrar que quieren atacar aspectos que forman parte integrante de la Iglesia católica, y por tanto que se trata de ataques no contra el Opus Dei, sino contra la Iglesia católica. Siempre evitando entrar en el meollo de las críticas que se van proponiendo.

 

Las críticas procedentes de dentro de la Iglesia católica habitualmente son neutralizadas explicando que los que critican no la conocen, no la han entendido suficientemente, son inexactos sobre algún detalle, o siempre teniendo cuidado de no entrar en el meollo de las críticas que se van proponiendo, explicando que éstas son hechas putantes se obsequium praestare Deo, es decir, pensando equivocadamente de actuar ad maiorem Dei gloriam, de dar a Dios más gloria: por tanto, “rezamos por sus almas”.

 

Las críticas de los “ex” provienen de quien ha tenido conocimiento directo de los hechos, entonces para neutralizarlos e importante minarles la credibilidad, explicando que se trata de “opiniones aisladas”, de quien ha tenido problemas de orden personal, quizás psiquiátricos, o que no ha sabido “hacer frente a las necesidades de una vocación tan exigente”. Pero siempre evitando cuidadosamente entrar en el meollo de las críticas que se van produciendo: “esto no, por caridad”, o permitir cualquier debate, enfrentamiento, réplica o contradicción, ni siquiera a distancia.

 

Sin embargo en tiempos recientes, han sido cada vez más numerosos los testimonios publicados por los “ex”, sobre todo numerarios, y han surgido las webs de internet citadas al principio, que recogen y ponen en circulación una cantidad relevante de información. Algunos testimonios presentan los límites a que ya me he referido, otros parece incluso esperar ingenuamente un cambio de ruta en la institución. Esto parece imposible, si se releen los textos del fundador, que presentan las características constitutivas, y si se considera que ni siquiera los sucesores del fundador están legitimados para modificar algo, porque es él quien lo había “visto de Dios” tal como es. En la era de la información, los testimonios en todo caso son siempre más numerosos y con contenidos unívocamente graves, precisos y concordantes, por tanto ya no pueden ser marcados con la etiqueta de “opinión aislada”.

 

5.7. Estudio, trabajo, orden, alegría

 

El lector que desee formarse una opinión equilibrada debe escuchar con atención también los argumentos a favor. Por tanto, ¿dónde están los aspectos positivos, o al menos los que quedan como tales incluso después de la desilusión? En el “plan de vida” cotidiano, del que se ha hablado anteriormente en el apartado “fe”, Escrivá incluyó una serie de “normas de siempre”, es decir de actitudes de fondo que se prescribe a los miembros tener siempre; entre estas, las cuatro últimas son: estudio, trabajo, orden, alegría.

 

Estudio. No es solamente la exigencia de asimilar una profunda preparación escolar y profesional, sino una actitud, como se ha dicho, de fondo por la cual, por ejemplo, a) todo primero se estudia y luego se hace; b) hay que buscar los relieves, decía Escrivá, es decir, buscar los aspectos relevantes de lo que se ve o se lee; c) también las personas con que se habla primero se observan, se estudian, luego se habla, un poco como se puede ver que hacen en las filmaciones televisadas de jefes de estado como Gorbaciov o Putin, o como se puede notar que le ocurre a quien ha formado parte de los servicios secretos de algunos países, o algunos eclesiásticos de alto nivel.

 

Trabajo. Es un aspecto fundamental en una organización que tiene la palabra trabajo, en latín opus, incluso en el nombre, y consiste según un slogan del fundador, en “santificar el trabajo, santificarse con el trabajo, santificar a los demás con el trabajo”, es decir: a) acostumbrarse al cuidado del más pequeño detalle sin dejar nada al azar, ni siquiera el modo de colocar una grapa con la grapadora o el sello en un sobre, aprovechar de manera ordenada cada instante de tiempo de que se dispone, y poner no sólo la primera piedra, sino también “la última piedra” en todo lo que se hace - b) considerar el trabajo como participación a la obra de la creación, según el versículo del Génesis en que El Señor Dios tomó al hombre y lo puso en el jardín del Edén, para que lo cultivase y guardase (Gen 2, 15): el texto en latín dice ut operaretur et custodiret illum y este ut operaretur, encargado al hombre antes del pecado original, significa que la participación del hombre en la obra de la creación a través del trabajo forma parte del estado de naturaleza original - c) tercer aspecto, santificar a los demás con el trabajo, o sea utilizar el propio appeal profesional con fines proselitistas; pero este último aspecto vuelve sobre la instrumentalización de la caridad de que se ha hablado anteriormente. Además hay que tener cuidados con los juegos lingüísticos con la palabra “trabajo”: también en la entrada del campo de exterminio de Auschwitz destacaba la palabra “trabajo” en la expresión arbeit macht frei, es decir “el trabajo os hace libres”. Además es una lástima que también Jesús en el episodio de Marta y María (Lc 10, 38-42) haya declarado que María ha elegido la mejor parte, prefiriendo la vida contemplativa a la operativa.

 

Orden. También esto como actitud de fondo significa que si uno es ordenado por dentro, si uno pone “orden en su propia vida”, como diría un jesuita[11], tendrá claros los órdenes de prioridades en las cosas, observará una puntualidad suiza en los horarios, tendrá orden también en los cajones del armario o del escritorio, o los objetos en el bolso si es mujer, dejará siempre despejado el escritorio una vez terminado un trabajo, y todo esto se reflejará también en su comportamiento exterior: cierto, es más difícil tener claro el propio orden de prioridades cuando uno al poner orden a partir del caos debe hacerlo solo y quiere usar su propia inteligencia sin la guía de otro.

 

Alegría. También esta como actitud de fondo significa poner buen humor en todo lo que se hace; tener “visión positiva”, por usar otro escrivaísmo, es decir ver en cada cosa el aspecto positivo que puede presentar, y considerar la tristeza como un enemigo a suprimir. Efectivamente, si uno espera alcanzar la felicidad para vivir con alegría, no estará contento nunca, porque los deseos humanos no son nunca saciados, siempre nos llevan a tratar de alcanzar algo más intenso.

 

Se trata de aspectos indudablemente positivos, aunque de hecho no representan una exclusiva del Opus Dei: probablemente también los dependientes del banco suizo deben dejar despejada la mesa por la tarde. El fundamento de la espiritualidad de los jesuitas está en el hecho de que el hombre debe servirse de las cosas creadas en tanto en cuanto lo ayuden a alcanzar el fin para el ha sido creado y tanto debe librarse de ellas en cuanto se lo impidan[12]. Por esta razón, por ejemplo, los jesuitas de la Universidad Gregoriana, a veinte años de la caída del comunismo, están reflexionando sobre qué aspectos de la filosofía de Marx conservan permanente actualidad y son todavía susceptibles de profundización. Sin embargo, en los debates del Opus Dei, una operación tal de discernimiento parece prematura, ya que no son ingenuos, está todo monitorizado, y no es posible hacer nada solamente por estudio, trabajo, orden, alegría (y por la utilidad que se puede derivar de ahí), sin “vivir” también la fe, caridad, obediencia, pobreza, castidad y limitaciones intelectuales o, si se prefiere, sin practicar “santa pureza”, “desprendimiento”, “docilidad”, “plan de vida”, “apostolado”, “criterios sobre lecturas” (después te preguntan), “naturaleza”, “discreción” en los términos anteriormente perfilados.

 

*

6. Ambiciones sociales.

 

Contrariamente a lo que podría parecer por algunas de las intervenciones publicadas en las webs de internet citadas al comienzo, todo eso no parece un fin en sí mismo, como una especie de mecanismo dirigido sólo a ejercitar un poder sádico sobre las personas o sobre grupos, aunque numerosos, de personas. Intentemos pues especular sobre su fundamento filosófico

 

Hemos visto al comienzo el versículo en que Jesús dice: Y yo, cuando sea levantado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí (Io 12, 32), y la explicación que le daba Escrivá. Veamos ahora el versículo precedente: el príncipe de este mundo será echado fuera (Io 12, 31). Por tanto el texto completo se lee de otra manera: el príncipe de este mundo, identificado con Satanás, es decir con todo lo que se opone a Dios (o al menos a lo que se identifica como Dios), será echado fuera, y yo cuando sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí.

 

Hemos visto también el punto 833 de Camino, que invita a mirar a lo que viene calificado como el método operativa de las “malditas sociedades secretas”.

 

En el Opus Dei hay quien teme a la Masonería, acusándola, si se puede hablar de acusaciones, de haber provocado no solo la constitución, todavía actual, de los Estados Unidos, la revolución francesa, la unidad de Italia (con la consecuente caída del Estado pontificio, definida en su momento sacrílega por Pío IX) y el nacimiento y las actividades, todavía actuales, de la ONU, sino incluso la disgregación del Imperio austrohúngaro, en cuanto considerado demasiado cercano a la Iglesia de Roma, y la caída de los zares, en cuanto monarquía teocrática. Exagerados. Probablemente a los romanos pontífices de la época no les ha gustado la unidad de Italia, de la que se celebrará el 150º aniversario el año próximo, y la consecuente caída del estado pontificio, y esto probablemente contribuye a explicar algunas posiciones tomadas, no totalmente favorables a la Masonería que se han asumido por la Iglesia católica.

 

El punto de referencia al respecto es León XIII, que en la encíclica Humanum genus - condena del relativismo filosófico y moral de la Masonería, del 20.4.1894 declaraba que la Masonería se propagó con increíble rapidez, y comenzó a ser poderosa en tal modo que parecía patrona de los Estados, y que de la Masónica secta aparece el supremo entendimiento de destruir desde el comienzo hasta el fondo todo el orden religioso y social, tal como fue creado por el Cristianismo.

 

No sé qué aspectos de la Masonería pueden legitimar tal conclusión, pero ante una sentencia de condena hay que verificar sus motivos. Veamos pues las razones adoptadas por León XIII: a) sostienen que un principio fundamental es la soberanidad de la razón humana. Por tanto no admiten dogmas, ni verdades superiores a la inteligencia humana, ni maestro alguno, a quien se deba por la autoridad de su oficio creer en conciencia -  b) proponen separación de la Iglesia del Estado... entrega al Estado de los bienes eclesiásticos... el Romano Pontífice despojado por el principado civil - c) proponen el gran error moderno del indeferentismo religioso y de la igualdad de todos los cultos: camino oportunísimo para destruir todas las religiones, y concretamente la católica que, siendo la única verdadera, no puede sin enorme injusticia ser puesta en un montón con las otras - d) enseñan que los hombres tienen todos los mismos derechos, y son de condiciones perfectamente iguales; que por tanto el pueblo es soberano: quien manda, no tiene la autoridad de mandar sino por mandato o concesión del pueblo - e) al contrario, respecto al poder soberano... el investido de tal autoridad es ministro de Dios. Por lo cual hasta donde se lo pide el fin y la naturaleza de la sociedad humana, se deben obedecer los mandatos justos del poder legítimo, no de otra manera que a la soberanidad de Dios, rey del universo: y es un gran error dar al pueblo plena posibilidad de sacudirse, cuando le plazca, el yugo de la obediencia - f) además, al hacer creer a la multitud que toda la culpa de la inicua servidumbre y miseria de que se lamentaban era de la Iglesia y los soberanos, hostigaron al pueblo, y él ansioso de novedades procuraron el daño a uno y otro poder.

 

“¿Este es todo el problema?” se podría decir. Veamos una por una tales acusaciones. La primera es la de no admitir maestro alguno, al que se deba por la autoridad de su oficio creer en conciencia: pero sobre el plano ético esto depende de la libre adhesión de la fe de cada uno, no se le puede imponer por argumentación racional, si no es por la fuerza de la corrección intrínseca de la argumentación adoptada.

 

La segunda acusación es la supresión del Estado pontificio y la separación de la Iglesia del Estado: se trata sin embargo de cuestiones que hoy pueden considerarse históricamente superadas.

 

La tercera acusación es la de proponer la igualdad de todos los cultos: pero también la vía del ecumenismo abierta por el Concilio Vaticano II podría haber superado históricamente la cuestión  de la igual dignidad de las diferentes religiones.

 

La cuarta acusación es la de enseñar la igualdad de todos ante la ley y de hacer derivar la autoridad de gobernar de un mandato del pueblo: efectivamente, la igualdad de todos ante la ley, así como el “no” a la pena de muerte y a la tortura es la garantía en el proceso penal actualmente aceptado en gran parte de las Constituciones de los países occidentales y en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de las Naciones Unidas del 10.12.1948, no aparecen históricamente como fruto del pensamiento ni de los latinos ni de la cultura cristiana, más bien del iluminismo jurídico.

 

La quinta acusación, unida a la cuarta, es negar que la investidura del poder político proceda directamente de Dios: pero también esta imposición hoy parece históricamente superada.

 

La sexta acusación dirigida a la Masonería es la de hacer creer a las multitudes que la miseria en la que entonces se encontraban viviendo la mayor parte de la población en todos los países del mundo dependiese de la responsabilidad de quien ostentara el poder político y religioso: ¿y de quién, si no?

 

Veamos ahora también los consejos de León XIII contra tal infamia: Lo primero que hay que hacer es quitar a la secta Masónica su falsa apariencia y darle la suya, enseñando a los pueblos, a los que pertenezcan a esa sociedad cuales son sus trucos para halagar y seducir, como la perversidad de las doctrinas y la deshonestidad de las obras. Este consejo, de desenmascarar las falsas apariencias, parece adaptarse bien también al Opus Dei.

 

Y después: Es necesario en segundo lugar... el celo de la instrucción religiosa... pero algo tan bello y de tanta importancia necesita además la industria cooperadora de aquellos laicos, a los que al amor de la religión y de la patria se unen probidad y doctrina. ¡Ése es el punto! Aquí está quizás la explicación de porqué dicen que es una gran catequesis, y porqué está formada esencialmente por laicos: porque para algo tan bello y de tanta importancia... es necesario el celo de la instrucción religiosa, que necesita la industria cooperadora de los laicos.

 

Por tanto parece posible suponer que no sea una Masonería, sino una especie de antimasonería  en el seno de la Iglesia católica, constituida no para atacar abiertamente a los jesuitas, ni a la Masonería, sino para disputar a los jesuitas, dentro de la Iglesia católica, la misión de la defensa y propagación de la fe y a la Masonería, fuera de la Iglesia, la de trabajar por el progreso de la humanidad, para que el príncipe de este mundo, identificado como se ha dicho hace poco, sea echado fuera (Io 12, 31).

 

Parafraseando a León XIII, si de la secta Masónica aparece supremo entendimiento destruiría de principio a fin todo el orden religioso y social, tal como fue creado por el Cristianismo, del Opus Dei, que no es una secta aunque probablemente tenga todas las característica de ella, sino una prelatura personal, se puede por tanto suponer que aparece supremo entendimiento restaurar desde el principio al fin todo el orden religioso y social previo, tratando de restaurarle los aspectos a que se refiere León XIII: si fuese así se trataría de un verdadero y propio retroceso de la humanidad, hacia el Medioevo.

 

*

7. Conclusiones.

 

La historia, que no sabes de dónde viene ni dónde va (Io 3, 8), dirá si el Opus Dei atraerá verdaderamente a todos los de la cúpula, o si conseguirá hundir consigo a la Iglesia católica en la fosa de un integrismo religioso, o si incluso, una Iglesia abierta sabrá librarse de lo que le obstaculiza respecto a la libertad de pensamiento y a la libertad religiosa, que es falta de respeto por las opiniones de los demás, también en materia religiosa, no es la libertad de adherirse a unos determinados preceptos o acabar en la hoguera, aunque en nuestros tiempos, afortunadamente se puede temer solamente al fuego eterno, el del infierno, y no también al fuego físico, el del que era quemado vivo en la plaza pública.

 

Si ha tratado del Reino de Dios, aparentes analogías, itinerario jurídico, ignorancia voluntaria, fanatismo religioso y ambición social. Estos últimos tres aspectos, ignorancia, fanatismo y ambición, corresponden a las tres preguntas a las que, para Kant, la filosofía está llamada a dar una respuesta: 1. ¿Qué puedo saber? - 2. ¿Qué debo hacer? - 3. ¿Qué me es lícito esperar?, desarrolladas respectivamente en la Crítica de la razón pura, en la Crítica de la razón práctica y en la Crítica del juicio. También se pueden entender como correspondientes a una fe, una caridad y una esperanza laica: una fe laica, que tenga claros los límites y las posibilidades de la razón humana y de lo que pertenece a las opciones de la fe religiosa, al contrario de una ignorancia cultural voluntaria; una caridad laica, hecha de amor por el bien prójimo, al contrario de un integrismo cristiano; y una esperanza laica en el progreso del hombre y de la humanidad, como dice la encíclica Populorum progressio de Pablo VI, al contrario de la ambición de atraerlo todo hacia sí. Pues bien, sobre estos tres aspectos, más allá de las posibles semejanzas de método y de la sólo aparente semejanza de fines, por lo que se ha visto en los capítulos anteriores la divergencia no sólo con la Masonería, sino, más en general con el iluminismo y con toda la modernidad, no puede ser más radical.

 

Un aspecto misterioso, pero probablemente en la línea de los que se ha dicho poco antes, es que el emblema, que todos encuentran bajo los ojos en las sedes, pero al que ninguno hace caso, como a menudo ocurre con los símbolos que uno tiene ante la nariz, está representado por una rosa y una cruz. La cruz está inscrita en una circunferencia, con el brazo transversal puesto en posición elevada respecto a las habituales representaciones, de modo que la longitud de los brazos esté entre ellos en una proporción correspondiente a la sección áurea. Bajo el círculo, más abajo, está representada una rosa. Pero los que he tenido ocasión de preguntarle sobre este símbolo no me han proporcionado explicaciones de interés, sólo decirme que la cruz en el círculo representaría la cruz en medio del mundo, y añadir puntualmente una anécdota repetida como un papagayo y ligada a una visión más o menos mística del fundador, que un buen día había visto una rosa, pero sin decir nada sobre el significado simbólico del emblema.

 

Una última anotación: contrariamente a algunas fantasías periodísticas, si alguno participase a una de las actividades y lograra informarse de los nombres, apellidos y direcciones de los participantes, en la mayor parte de los casos terminaría por decir: “¿Pero cómo? ¿Eso es todo?” Es verdad: hay personajes de relieve, pero no se dejan ver fácilmente. A los demás, si los encuentras por la calle sin haberlos visto en las páginas de algún periódico, no los reconoces tan fácilmente, y en todo caso no están allí para ayudar al primero que pasa.

 

En este punto, para parafrasear el último capítulo de El Código da Vinci, el profesor Robert Langdon se despertó en el hotel Ritz de París, y se dio cuenta de que sólo había estado soñando: todo es una burla, dijo para sí. ¡No puede ser así! ¡Es imposible!

 

Es verdad, puede no ser así, espero que no sea así: es solamente una de las posibles lecturas, por una Iglesia abierta, por una fe libre.

 

Brescia, 19.2.10

                                                                                                            Carlo Maria

 

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[1] Conversazioni notturne a Gerusalemme, Mondadori, Milano 2008, título del capítulo 6

[2] Noche oscura, II, 21, 5

[3] Summa Theologicae, I-II q. 18 a.9

[4] Congregación para la Doctrina de la Fe, declaración Dominus Iesus del 6.8.2000, párrafo 4.

[5] Conversazioni notturne a Gerusalemme, cit. Capítulo 6., per una chiesa aperta.

[6] Ejercicios espirituales, 299.

[7] Encíclica Spe salvi, 30.II.07, capítulos 45-47

[8] Conversazioni nottuerne a Gerusalemme, cit. capítulo 5

[9] Le ali della libertà, Piemme, Milán 2009, pág. 61-62

[10] Le ali della libertà, cit., pág. 66

[11] S. Ignacio de Loyola, Ejercicios espirituales, 21

[12] S. Ignacio de Loyola, Ejercicios espirituales, 23