Gracias a Dios, ¡nos fuimos!
OPUS DEI: ¿un CAMINO a ninguna parte?

Correspondencia
Inicio
Quiénes somos
Correspondencia
Libros silenciados
Documentos internos del Opus Dei
Tus escritos
Recursos para seguir adelante
La trampa de la vocación
Recortes de prensa
Sobre esta web (FAQs)
Contacta con nosotros si...
Homenaje
Links

Google

en opuslibros

Si quieres ayudar económicamente al sostenimiento de Opuslibros puedes hacerlo desde aquí.

 

CORRESPONDENCIA

Miércoles, 18 de Octubre de 2023

 



¿Cuántos años se tarda en dejar de tener pesadillas con el Opus?.- Casiopea

 

Ayer discutí con alguien importante para mí.

Hace casi 10 años que no soy agregada. He soñado que la numeraria directora que recibía mi charla, me decía de un día para otro: ya no haces la charla conmigo. Sabía que no podía decir ni preguntar nada. Era así, y punto. Había algo de castigo en el tono, algo había yo hecho mal.

Es mi miedo más frecuente: quedarme sin explicaciones, de un día para otro, sola. Sin la voz que me comprendía. No consigo rehacerme. Tengo miedo a que me busquen, me expriman, y me abandonen. A no ser realmente querida, sino usada.

Realmente lo pasaba mal cuando hacía la charla con quien yo no quería. Y cuando me cambiaban la persona, a menudo era un auténtico duelo.  Duelo que no me ahorraron cuando mi padre moría.

Nunca me desahogaba con quien no llevara mi charla (tal como estaba previsto, simplemente obedecía), así que realmente dependía de esa persona para sentirme escuchada. Sí, dependencia. Que supongo que se hubiera ahorrado sin tantísimas restricciones afectivas.

¿Cuándo se acaba esto? ¿Cuándo dejaré de tener pesadillas con la Obra? ¿Y cuándo dejaré de tener miedo a que se aprovechen de mí? Ni siquiera me fui "en mal plan", me fui animada por los director@s de la delegación a hacerlo. Cuando ya no tenía nada más que dar, pude irme, no antes.

¿Cuándo se acaba el dolor? ¿Alguien puede contarlo?

Casiopea

 





Administración sí o administración no.- Claudia Carrero

Me acaba de llegar un mail de un amigo ex-numerario y me cuenta, entre otras cosas, su experiencia como encargado de lavar la ropa en un centro y algunas anécdotas. Es su experiencia de hace años para que también nos sonriamos un poco.

“Yo no he tenido casi nunca una administración normalita, he pasado de la NADA a lo TOP.

De una administración extraordinaria (creo que decían así) a pasar a la admón de Cavabianca o Villatevere. “Dalle stale alle stelle”.

Hablando de lo top lo primero que se me ocurre es hablar del uniforme negro. Imagino que para muchas nax puede ser un símbolo de sumisión, una lata vestirse así, pero os puedo asegurar que cuando servían la mesa de uniforme negro yo las veía como lo máximo. Lo más elegante y lo más guapas. Lógicamente no las podía mirar demasiado, pero para mí, insisto, lo máximo.

Dentro de la situación de puedo añadir que conozco a dos nax (ex) que me han cuidado, una Tuces pues mientras viví en Villatevere alguna vez almorcé en Cavabianca. La otra MariPaz que estaba en la admon del colegio mayor Almonte el año en que viví en él y recuerdo que se les estropeó no sé qué máquina de lavar la ropa y un día regresando de la universidad, me encontré a dos chicas cargando un taxi con bolsas de ropa sucia (las nuestras) para llevarlas a una lavandería cercana. No sé qué cara pondrían en la lavandería, pero debería ser de absoluta sorpresa.

El colegio mayor eran dos casas unidad por un túnel y la residencia era (villa Pepita) y se encontraba en un estado bastante deplorable. Como en todos los casos, cuando se te hacía tarde para llegar a la oración y misa, tenías ocupada la zona de huida y a veces, todo se limitaba a que te dejaban pasar (colorado como tomate) o que no te atrevías y no desayunabas. Había una tercera solución que era salir de Villa Pepita desde la terraza del tercer piso, saltabas a la de segundo piso y luego podías caminar por el techo del “tunel” y llegar a la otra casa (la buena, donde estaba el oratorio, el comedor y la administración. La Blanca Paloma). Esta solución solamente la utilizábamos algunos, éramos minoría. Esa era la primera vez que tenía una administración que podía ser considerada como normal, era el centro de estudios, pero solo fue menos de un año. Antes de ese año en el CE, había vivido en otro centro donde la administración era una señora (con años y kilos) que venía a hacer la comida acompañada de otras chicas que rotaban con frecuencia. Ese centro tenía de particular que su nombre era el de un político (es la única vez que he visto eso) era un liberal que, siendo primer ministro, se lo apiolaron en 1912. Y antes de eso era un vulgar adscrito a un centro donde no vivía nadie (un apeadero lo llamaban). Lógicamente el paso de nada a super-extraordinaria a admon normal, fue un adelanto impresionante. Por eso, como me contabas el otro día, encontrar a un alguien que dice que prefería estar sin administración es… increíble, aunque ya veo que en esta vida todo es posible. Bueno, esto son mis dos encuentros cercanos del tercer tipo con la administración.

Mi breve estancia en el Centro de estudios dio paso a un centro bastante peculiar, mucho. Para empezar a hacerte idea te diré que viví en él unos cinco años y siempre en un pasillo. No tenía una habitación sino una cama plegable instalada en un lugar de paso, pero cuando uno es joven todo te da igual. En este centro la cosa administrativa hacía juego con el centro y era también de clasificación extra (pero que muy extra): el centro estaba en un primer piso y la administración y el comedor en el segundo. La admon era atendida por una agregada que contrataba chicas para que le ayudaran y dependiendo si conseguía contratar a alguien o no, las tareas de los residentes eran unas u otras. Por ejemplo, en una época de vacas flacas me tocó poner las lavadoras con resultados muy diversos o con aprendizaje a base de ensayo-error. Por ejemplo, descubrí que mejor lavar la ropa por colores (no toda junta) cuando conseguí dejar la ropa de todos (y toda la ropa) de un color gris rata del desierto. Todo, todo: pijamas, camisas, calcetines… fue el gris universal, el pan-gris.

Otra cosa que aprendí es que la lana, aunque quieras que quede muy limpia, mejor no lavarla con agua caliente. Este aprendizaje le costó un jersey (polerón, maglione, o como cada cual lo llame) a uno de los residentes ya que quedó limpísimo, pero de un tamaño que casi parecía un guante. Total, que mi paso por la sección lavadora acarreó bastantes problemas. 

La señora encargada de la admon siempre se encargó de la cocina (menos mal) por lo que mis conocimientos culinarios se limitan a huevo frito, tortilla francesa y abrir latas. Por cierto -cosas que solo pasan con ese tipo de admon-, uno de los residentes estaba bastante gordito y decidió hacer dieta, así que mientras todos comíamos alimentos humanos, él se alimentaba a base de verduritas y cosas así. Total, que pasaba más hambre que un perro chico y cuando le pasaban la fuente para que se sirviera … pues se la servía, hasta que un día la chica que servía le dijo “le acerco la fuente para que se ponga un poco, pero si se la pone entera no va a adelgazar jamás”. Mano de santo, el consejo hizo… que dejara la dieta.

Otro día sigo”.

Así termina su mail. Qué lindo también saber lo que pasaba del otro lado (a pesar de los 5000 km que nos separaba de nuestros hermanos numerarios), qué bárbaro ser una familia numerosa y vivir como extraños. Ahora podemos contarnos cómo era la vida de cada uno allí. Saludos desde el cono Sur

Claudia Carrero





Pude pedir perdón y no quise.- Nocompensa

Me he encontrado en redes sociales con un video del Padre Loring sobre pedir perdón. Para quien no lo conozca, es un jesuita ya fallecido muy famoso por sus conferencias filmadas e intervenciones en televisión. Con su tono enérgico una de las cosas que dice es: “Pude pedir perdón y no quise. Mientras no pidamos perdón, Dios no nos puede perdonar. Y el que no pidió perdón antes de morir, no podrá pedir perdón después de morir.”

Me ha recordado una contribución que hice a Opus Libros el pasado 20 de septiembre titulada “Pedir perdón

No es cristiana la actitud del Opus Dei de practicar la táctica del avestruz. Hay tantas cosas por las que tiene que pedir perdón que se les está pasando el tiempo. Como dice Loring, quienes fallezcan sin pedir perdón ya no podrán hacerlo. Esto es muy serio. Solo el haber tenido a las numerarias auxiliares muchos años sin sueldos ni garantías sociales; a numerarias y numerarios en trabajos internos que no han cobrado salario ni han tenido contratos ni se ha cotizado por ellos a la seguridad social ni se han retenido impuestos por su trabajo; abusos psicológicos; intromisión en secretos médicos; manejo indebido de información confidencial y un largo etcétera.

¿En qué estará pensado el Prelado Protonotario supernumerario? ¿Estará esperando a que le “obliguen” a pedir perdón? ¿No es mejor vivir la doctrina de la Iglesia y pedir perdón sin más?

Nocompensa





Principios fundamentalistas del Opus Dei...-Agustina

 

María Olivia Mönckeberg: “Los principios fundamentalistas del Opus Dei están primando en el texto” [de la Carta Magna de Chile]

 

Por: Silvia Peña Pinilla: Periodista de El Mostrador

 

Ahora que el Consejo Constitucional se encuentra en su última etapa, la periodista –Premio Nacional de Periodismo 2009– lanza una actualización de su libro “El imperio del Opus Dei en Chile”, dado que el proceso ha sido dominado por el Partido Republicano, al que pertenece el abogado y numerario del Opus Dei, Luis Silva. “Ese personaje que cumple la autotortura con cilicios y latigazos… Sorprende un personaje así… en el año 2023, en pleno siglo XXI”, dice Mönckeberg. Respecto del proyecto constitucional, sostiene que “lo que uno advierte es que estos principios fundamentalistas están primando en el texto. Y eso es preocupante”.

 

“El impactante resultado de la elección de consejeros encargados de redactar la propuesta constitucional me llevó a conectarme la noche del 7 de mayo de nuevo con El imperio del Opus Dei en Chile (Editorial Penguin Random House). Por primera vez en el país, un miembro numerario alcanzaba un lugar de tal responsabilidad política, al obtener el primer lugar en la votación entre las personas elegidas para redactar la Carta Magna”, relata la Premio Nacional de Periodismo 2009, María Olivia Mönckeberg, en el libro que acaba de lanzar.

 

Artículo completo en El Mostrador

  




 

Correos Anteriores

Ir a la web clásica

Ir a la nueva web

 

Gracias a Dios, ¡nos fuimos!
Opus Dei: ¿un CAMINO a ninguna parte?