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CORRESPONDENCIA

 

Miércoles, 09 de Febrero de 2022



El prelado, Napoleón y las insignias pontificales.- Haenobarbo

 

El prelado, Napoleón y las insignias pontificales

(Sobre el derecho del prelado del Opus Dei a usar las insignias pontificales)



En un documento publicado durante el pontificado de S. Pablo VI, en ejecución de las disposiciones del Concilio, sobre el uso de insignias pontificales (mitra, báculo, anillo, cruz pectoral y el hábito pontifical, es decir la sotana filetata, el hábito coral morado y la esclavina o capa corta) se determina quién las puede utilizar y quien no las puede utilizar (cfr. Motu Proprio "Pontificalia Insignia").

En una página de derecho canónico (Lexicon canonicum), que evidentemente está editada por gente cercana al Opus Dei, se sostiene, como quien dice algo que cae por su propio peso, el derecho del prelado del Opus Dei a usar las insignias pontificales.

 

Artículo completo

 





Hija pródiga.- Mercy

 

Hola, hace años que no les escribo. No sé si aún me recuerdan, soy Mercedes Cortés o Mercy Cortés como me conocen en el mundo de las redes sociales.

 

Hace algunos años envié mi testimonio como ex numeraria auxiliar. Hoy, una persona que anda muy activa en la batalla por la justicia para las numerarias auxiliares, me ha provocado desempolvar tantos recuerdos... Y entre ellos, he regresado a la página Opuslibros. 

 

¡Vaya que casi me explota la cabeza por volver a leer! Pero el corazón es el que lleva las de perder. Uno piensa que, el tiempo lo cura todo, pero, la realidad es diferente. Hay heridas que permanecen así, en carne viva... Pero no es malo, porque necesitamos que siga doliendo para no dormirnos, para seguir luchando, para seguir insistiendo.

 

Gracias por permanecer, gracias por estar. Ya me pondré al corriente.

 

Mercy

 





En algún lugar de España, 2022.- Mediterráneo

Quiero presentaros a AB. AB es numeraria auxiliar. Tiene los años suficientes para haber conocido las camarillas, las vajillas y cuberterías separadas, vestirse de ropa desechada por las numerarias y recuerda esos tiempos en que a las numerarias se las trataba de usted y se las llamaba “señorita”. AB está desilusionada, a menudo se siente triste y ha pensado alguna vez en marcharse, pero no tiene dónde ir, los hermanos que le quedan son extranjeros, se felicitan en Navidad, alguna vez le dicen que un sobrino se casa, o que ya es tía abuela, pero eso es todo.

AB está acostumbrada a consultarlo todo. Cuando se va al curso anual, le sacan el billete, le dan el dinero, y siempre va con otra a la estación. Hace años, muchos, que no va sola a ninguna parte. Consulta los planes cuando, por una de esas casualidades, se encuentra con veinte minutos libres. El paseo semanal no lo consulta casi nunca porque, por una cosa o por otra, nunca puede hacerlo. La excursión mensual es el día de retiro. Consulta las compras y alguien la acompaña a comprarse los zapatos, o el abrigo, porque “somos familia”. Consulta si puede irse a dormir media hora antes, porque habitualmente está agotada. Alguna vez la directora dice que de acuerdo, la mayoría de veces dice que no, que la tertulia es lo más importante.

Hace un par de semanas, la directora de AB le dijo que en otra ciudad se iba a celebrar un curso de formación, del estilo “el oratorio y sus cuidados”, “la limpieza: cómo optimizarla”, “cocina y salud, un paso más”, “electrodomésticos: cómo luchar contra la obsolescencia programada”, y AB dijo que le gustaría ir. Para sus adentros pensó “descansaré y desconectare”. De su centro iban CD y EF, del otro centro de auxiliares de su ciudad iban GH y IJ, no iría sola.

Se acerca la fecha del curso y AB no sabe dónde se alojará, así que le pregunta a la directora. Y la directora le contesta “búscate un hotel que esté cerca”. AB cree que no ha oído bien y vuelve a preguntar: “pero, ¿no voy a dormir en un centro?”, y la directora contesta “no, no, búscate un hotel, métete en internet y búscalo”.  

AB sale del despacho de la directora pensando que, de repente, alguien la ha llevado a otro planeta. No tiene ni la más remota idea de cómo buscar un hotel en internet. Le pregunta a CD, y esta le dice que ellas llevan tiempo con la reserva hecha, alguien la hizo para todas cuando se apuntaron al curso. “A mí nadie me ha dicho nada”, contesta AB. CD dice algo como “tengo que irme, llego tarde”, y la deja casi con la palabra en la boca. Si no estuviera acostumbrada le dolería, pero está acostumbrada.

Pasan tres o cuatro días. AB ni siquiera ha intentado meterse en internet para buscar un hotel, es consciente de que no sabe cómo hacerlo. Es consciente también de que tiene todos los números para tener que estar sola, en el hotel, y en las comidas, y no sabe dónde se celebrará el curso y si necesitará coger el autobús o el metro, así que entra en el despacho de la directora y, sin más, le dice que no va a ir. Después va al oratorio y llora, durante cinco minutos porque es la hora del turno y no puede llegar tarde.

Castrar a un ser humano durante años, hacerlo dependiente, y, de un lunes para un martes, pedirle que sea independiente y lanzarlo a un ruedo en el que no sabe cómo manejarse y donde no puede defenderse, solo tiene un nombre: PERVERSIDAD.

“Las cosas que aquí se ven / ni los diablos las pensaron”, José Hernández, “Martín Fierro”.

Mediterráneo




 

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